Hace falta su influencia pacífica, tierna y sensible para combatir la inseguridad y violencia
Hoy es un día especial para las mujeres, por ser nuestro día internacional. Me siento muy orgullosa del sexo que Dios me dio desde que estaba en formación dentro del vientre de mi mamá. Me siento muy feliz de ser mujer; sin embargo, hay muchas cosas con las que no me identifico con las mujeres modernas, al menos, con la mayoría de ellas.
Es cierto que hay que luchar por la igualdad de género con los varones, pero creo que en algunas áreas, más no en todas, porque nuestra condición de mujeres jamás nos permitirá igualarnos a ellos, porque Dios nos creó de diferente manera que a los hombres.
Nosotras estamos hechas para la maternidad. Nuestro cuerpo fue creado por Dios para embarazarnos, para poder amamantar a los bebés y ofrecerles un regazo para poderlos abrazar y arrullar, así brindar el amor a los hijos. Aunque muchas mujeres no tengamos hijos, el instinto materno de todas maneras sigue en nosotras, manifestándolo viendo por nuestros sobrinos y hasta por los animalitos.
Esa parte maternal no la tienen los varones; ellos engendran, pero no se embarazan, ni tienen un cuerpo ni carácter para cuidar bebés, porque repito, ese es un privilegio de la mujer. Eso marca una diferencia inigualable, que por más lucha que hagan para que haya esa igualdad de género en cuanto a lo maternal, jamás se va a lograr alcanzarla.
Las mujeres fuimos creadas por Dios para ser complemento del varón y el hecho de ser complemento no significa que seamos menos que ellos, sino que somos equipo con ellos. Una de nuestras funciones naturales es la del cuidar de nuestro hogar. Hacer quehaceres domésticos no nos degrada, ni nos humilla, ni disminuye nuestras capacidades; tampoco para el hombre lo hace más el poder hacer un trabajo rudo, que requiere de fuerza física, es muy pesado, o donde hay mucha mugre, grasa y polvo. Así es que, lo correcto es que ni el hombre ni la mujer tengan más alto concepto de sí mismos del que deben tener.
Es muy notorio cuando a una casa le hace falta la presencia femenina ¿en qué se sabe? A veces en detalles tan pequeños, pero que aportan una firma o sello indeleble de la presencia de las mujeres, pues cuando esta falta, los ventanales carecen de cortinas, no hay plantas, no hay ornamentos, los trastes no lucen perfectamente limpios, el baño deja mucho que desear, la ropa sucia se apila por montones, hay muchos desacomodos, los zapatos están por doquier tirados y el refrigerador luce vacío. A todos estos detalles, por citar algunos ejemplos solamente, el varón no les da la debida importancia cuando se queda en casa, así es que es muy notorio cuando un hombre vive solo.
En cuanto a lo laboral, las mujeres tenemos que reconocer que no todos los trabajos son apropiados para nosotras, porque somos de una conformación corporal más delicada. Nuestra piel es más sensible, nuestras manos más frágiles y delicadas y por mucho que nos ejercitemos para soportar peso y rudeza, difícilmente igualaremos a la del varón, porque la formación corporal de ellos es distinta.
Por ejemplo, para trabajos administrativos de oficina, creo que la mujer es más apropiada; mientras que para trabajos rudos o toscos, el varón se pinta solo. Naturalmente, también los trabajos de enfermería se dan de forma más efectiva en las mujeres que en los hombres.
La presencia de la mujer es muy importante en la sociedad, resaltando sus diferencias y vocaciones y sé que, aunque a muchas de mis congéneres no les va a gustar mucho que digamos lo que voy a decir, no por esto deja de ser una verdad.
Hace mucha falta que la mujer esté en casa, cuidando a los hijos y al hogar. Eso, aunque no se den cuenta, contribuye sobremanera a la recuperación del tejido social, pues nadie como nosotras para ejercer tan hermoso menester.
No es de la mujer la violencia, ya que se supone que somos más delicadas y más sensibles como para andar en las calles haciendo desmanes, rompiendo cristales, pintarrajeando monumentos, golpeando gente con palos y otros objetos, utilizando un lenguaje altisonante y vulgar, etc.
Si esa es la actitud que se quiere tener para sentirse igual al hombre y para presumirse de modernas, prefiero estar chapadita a la antigua. Y no, esa igualdad no la quiero ni me interesa. Ni mucho menos la quiero para emborracharme hasta embrutecerme, igual que tristemente lo hacen muchos varones.
Cuando las mujeres rompieron su delicadeza de mujer, porque quién sabe quién les vendió la idea de la tal igualdad de género, una de las actitudes que tomaron es la de hacerse alcohólicas y debido a que la embriaguez no reacciona igual en hombres que en mujeres, algo que está bien comprobado médicamente, eso las hace más vulnerables y promiscuas. Se dice que el alcoholismo en las mujeres ha aumentado drásticamente en los últimos años, siendo ya un problema de salud pública.
Todo esto, desde que se ha promovido la igualdad de género. Tal vez podamos lograr esa equidad en algunas cosas, porque será imposible e indeseable el hacerlo en todo. Hay que imitar a los hombres en aquello que esté a nuestro alcance como damas y lo alcohólico y lo sexoso no son actitudes dignas de andarlas igualando. Pero, claro, esa es mi opinión y solamente mi opinión, sino mi convicción personal, respetando a quienes piensan diferente.
Es incomprensible e irracional que hoy muchas mujeres para sentirse modernas estén a favor de la interrupción voluntaria del embarazo o del aborto, como le mal llaman. Los abortos son interrupciones accidentales de un embarazo, no voluntarias. La que escribe nació a los ocho meses de gestación; sí, fui un aborto, ya que el embarazo de mi mamá era de muy alto riesgo y debido a ciertas complicaciones ajenas a su voluntad, nací antes de tiempo. Sin embargo, luchó mi mamá junto con mi papá para que yo me lograra después de nacida y sí, llevo casi 50 años dando lata.
Yo quiero invitar a las mujeres a que retomen ciertos principios y valores que Dios creó para nuestra protección, más nunca para nuestra humillación. El hogar nos dignifica. Sí, nadie duda que habrá momentos en la vida en que las damas tengan que laborar y el hombre quedarse en casa, o hasta trabajar ambos, pero nunca hay que poner como prioridad lo laboral antes que el hogar. Por eso, hay que cuidar muy bien los horarios, para que la presencia de la mujer esté en el hogar, como se necesita.
Otra cosa a la que hay que volver atrás es a que seamos mujeres de paz, pues somos ese freno de mano para los hombres, en las que se supone que está la cordura, la prudencia, la inteligencia, la ternura, la sensibilidad, la elegancia, el sentimentalismo, el romanticismo, como para andar haciendo disturbios en la calle.
El que las mujeres seamos pacíficas tampoco nos humilla ni nos hace menos; por lo contrario, nos dignifica y enaltece.
Todo esto es a lo que yo les llamo a que hagan conciencia y sobre todo, que le pongamos fin a esa guerra de sexos, que es lo que, a decir verdad, vemos hoy en día como una realidad.
Y no hay necesidad de andar peleándonos con los hombres, porque somos complementos uno del otro. En lo que sí somos igualitos, pero idénticos, es en el alma, pues a Dios solamente le importa nuestra alma, y ahí sí no hay distinción entre hombres y mujeres.
También, en nuestros derechos somos iguales, y qué bueno que ya se ha alcanzado esa igualdad ante la ley.
Feliz día de la mujer a todas mis lectoras.
-Que tenga un bonito día.