El príncipe de Coliman: Javier Fernández Cárdenas


EmbRROLLOS DE PINTURAS


Después que el Rey de Colimán apaleó a Juan Rodríguez de Villanueva en 1522, Hernán Cortés envió a Don Gonzalo de Sandoval a conquistar Colima. El sueño de Cortés era buscar salida en la conquista de las Filipinas. En la encomienda se había nombrado bachelor de la avanzada a Don Juan Fernández, judío sefardita desterrado a las Américas por delitos de conciencia en la huida a otros lugares del mundo en el reinado de Isabel La Católica.

Don Juan buscaba un lugar de paz en cual asentarse y formar su hacienda. Como administrador económico de la avanzada buscaba la obtención de los recursos para mantener viva y en buen estado la tropa de 30 españoles, 480 socios de origen tlaxcalteca, 12 mastines españoles, tres cañones y 12 caballos. Don Juan se adelantaba para asegurar lo necesario y explorar los terrenos vecinales. Por la costa de occidente, en la Punta de San Telmo, fue apresado y conducido ante el caudillo local conocido después como Rey de Colimán.

En la corte del Rey estaba un embajador del gran Kan de la China, de origen judío, venido en la Nao de la China, y que hablaba latín, restos de lenguajes judíos y, por supuesto, el hablar local. Con los consejos y noticias llegadas de los aciagos acontecimientos en Tenochtitlán, el Rey sabía lo inminente. Se entrevistó con Don Juan, tratando de salvar algo del mundo bucólico que se vivía en ese rincón del mundo.

Si se ve la orografía del antiguo Reino de Colimán, sabrán que estaba rodeado de espacios poco accesibles. El principal valle del territorio se delimita con montañas y un volcán. Al poniente una montaña llamada “Cerro Grande” guarece una gran extensión de tierra que actualmente se le llama Montitlán, a la cual emigró gran parte de la población, así como en la sierra impenetrable de Michoacán próxima a la costa.

Se acordó entregar los siete valles que descienden del Volcán que comprendían el Reino. Se simuló una batalla en Caxitlán en la que Don Gonzalo afianzaba la Conquista. El embajador del gran Kan, en la Nao, tomó a la familia real como refugiados y se instalaron en las Filipinas, regresando después en la migración de población filipina para establecer la cultura del coco en Colima. Antes de esa migración Don Juan Fernández se unió a la princesa heredera, formando una extensa familia y obteniendo el dominio de las tierras en el valle de Tepames, como acuerdo respaldado por don Gonzalo. De esta manera se evitó una masacre y el final de un legado.

De regreso, en la expedición del encomendado Legaspi, el Rey tomó el nombre de Nepomucemo Cárdenas al bautizarse y se integró a la vida de la región. Casi cuatro siglos después, se reintegraron la familia Fernández y Cárdenas con Don Antonio y Doña Josefina de donde, según la tradición, el cuarto hijo recibía la herencia real y se le nombró príncipe de San Telmo, futuro Rey de Colimán. Todo esto es conocimiento transmitido por tradición oral. Después les sigo contando.