Elevados precios del petróleo y fertilizantes impactan al campo


“Se sembrará menos y por ende habrá mayores importaciones. Y nos alejamos de la soberanía y seguridad alimentaria”, explica el investigador Gerardo Noriega de la Universidad Autónoma Chapingo

La guerra generó un conflicto a nivel global: Estados Unidos se fue por la vía militar y los árabes al cerrar el Estrecho de Ormuz y no permitir el tránsito del petróleo y de los fertilizantes, impactaron la producción de alimentos en el país, afirmó el profesor investigador Gerardo Noriega, de la Universidad Autónoma Chapingo.

El costo de las guerras armadas y comerciales golpean a los productores agrícolas con la elevación de precios en fertilizantes debido al aumento del petróleo y por ende del diésel, indispensables para la producción de alimentos.

A esto se suma la caída de los precios en el mercado internacional del maíz blanco en seis por ciento y de ocho por ciento del maíz amarillo, y la falta de crédito y apoyo gubernamental, alertó a su vez José Amadeo Hernández Barajas, presidente del CEN de la Central Campesina Independiente (CCI).

El profesor-investigador Noriega de la UACh se sumó a lo dicho por el líder campesino e hizo un desglose de las afectaciones de estos altos precios y cómo afectan la producción de alimentos en el campo mexicano:

Con el precio promedio de 28.60 pesos el litro del diésel como base, pero que sigue en aumento, desglosó las actividades y costos para la siembra de granos:

Para las labores de subsuelo en una parcela, esto es romper la tierra para que se infiltre bien el agua para la siembra, la maquinaria requiere de 19 litros, que suma 545 pesos

Para el barbecho y de la siembra, se requieren 5 labores y cada una se lleva nueve litros de diésel. Hay que sumar mil 290 pesos

“En total son mil 835 pesos que se requieren solo para pagar el diesel en una hectárea”, dijo el profesor Noriega. “Y esto sin contar que el precio de los fertilizantes se fueron hasta el cielo con aumentos del 33.6 por ciento, en promedio y siguen al alza”.

Hay que sumar el costo del manejo de las plagas y enfermedades, cuyos insumos aumentaron 12.35 por ciento, más otros gastos diversos debido a nuestra dependencia tecnológica.

“Hoy en día se requiere invertir poco más de 44 mil pesos por hectárea para la compra de semilla, fertilizantes y plaguicidas”, agregó.

“Y en tanto, los precios del maíz en los mercados internacionales van a baja y el productor se descapitaliza”, dijo el académico de la UACh.

Subrayó que la semilla, los fertilizantes y los insumos para las plagas ocupan el 65 por ciento de los recursos para la siembra de una hectárea de producción.

“El productor se descapitaliza porque los costos de producción están muy altos y los precios de los granos así como los regula la Bolsa de Chicago, están muy bajos”, afirmó. “Y son las guerras tanto bélicas como comerciales las que arruinan al campo y afectan la soberanía y seguridad agroalimentaria”.

“El impacto al producir menos alimentos, dependeremos aún más de las importaciones. Esta guerra bélica y comercial nos lleva a sembrar menos porque no hay fertilizante disponible”, opinó el experto.

“El riesgo de que haya menos cosechas es inevitable porque sí no hay suficiente fertilizante cómo vamos a abonar las tierras de cultivo? cuestionó.

Y el bajo precio del maíz a nivel internacional desestimula a los agricultores, dijo el profesor Noriega. Entonces, el impacto periférico de toda esta situación, es que vamos por más importaciones de granos. “Nos alejamos más de la soberanía y seguridad alimentaria”.

“Vamos a comer lo que nos quieran vender, no lo que nosotros queramos”, advirtió el profesor Noriega.

¿CUÁL ES LA ALTERNATIVA?

El investigador Gerardo Noriega agregó que hay que transitar hacia la biotecnología, porque los fertilizantes los podemos sustituir por microorganismos. En lugar de nitrógeno, bacterias.

“Pero esto requiere entonces de hacer un pacto entre las entidades públicas, las instituciones académicas y los productores, y nos encaminaremos hacia la biotecnología. y la utilización de nuestros recursos naturales”, dijo con optimismo el investigador de Chapingo.

Afirmó que “se tiene que acudir a las instituciones de gobierno. Y éstas acercarse a las universidades y centros de educación superior: UNAM, con el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Autónoma Chapingo (UACh) y el Colegio de Posgraduados (COLPOS)”.

Relató: “nosotros en Chapingo junto con los investigadores del Centro de Investigadores y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (CINVESTAV), los doctores Jaime García Mena y Jahir Cruz Narváez, y el doctor José Javier Castro Arellano, de la Escuela de Ingeniería Química e Industrias Extractivas (ESIQIE) del IPN y nosotros en Chapingo, trabajamos conjuntamente para desarrollar innovaciones para poder impulsar la biotecnología en granos básicos”, refirió.

“Con ciencia y conocimientos agrobiotecnológicos que lleguen al surco, auxiliaremos a mejorar la producción de alimentos”.