En la Mira


René Montes de Oca.-

APRENDIENDO A HACER POLITICA

No cabe duda que la política es una acción humana en la cual siempre se está aprendiendo. Los errores maduran, la experiencia enriquece la práctica, las pasiones deforman criterios, las perversidades arremeten contra los valores y, la intriga, contamina las sanas aspiraciones.
Pero hay algo que en política no se perdona, la autodestrucción de proyectos, deformación de imagen, necedad y obstinación en los errores, las incoherencias y las necedades.
En Colima estamos viendo una campaña electoral mediocre, como resultado de un manejo equivocado de las acciones preelectorales. Vivimos ahora una contienda desordenada que en nada responde a un clamor ciudadano, que se siente decepcionado del proceso.
La falla viene desde un principio. La actitud pusilánime de las cúpulas, dio cabida a una serie de irregularidades fuera de los tiempos convencionales.
No se percibió ninguna actitud ejecutiva que pusiera orden, cuando la urdimbre se tejía peligrosamente en el escenario político estatal. Ningún partido actuó a tiempo para meter en cintura a su gente, se permitió una situación anárquica que a la postre desembocó en el éxodo de figuras prominentes, sobre todo de los institutos más influyentes.
El recelo fenomenal propició un hermetismo sumamente dañino para la práctica política, los organismos no fomentaron una adecuada apertura, ni motivaron una participación democrática de la ciudadanía.
Mucho se especuló, hubo demasiada maquinación y por qué no decirlo, una negativa práctica de egoísmo perverso que a la postre creó un ambiente hostil, colmado de envidia, resentimiento y desorden.
Los partidos políticos no pudieron establecer mecanismos de control en sus filas, sus dirigencias mostraron opacidad, poca entereza y responsabilidad; dieron la imagen de no estar preparados para un evento tan importante como el que estamos por concluir en estos días.
Desgraciadamente, no hubo autoridad capaz de infundir respeto, nadie procuró mejores acciones, faltó disciplina antes de, ahora ya no es tiempo de arreglar lo que se pudo evitar.
Demasiada flexibilidad cuando debió prevalecer una normatividad rigurosa; estrategias confusas en los momentos en que se exigía claridad, poca seriedad en las propuestas de candidaturas, lo que aunado a la debilidad para seleccionar aspirantes con perfiles adecuados, vino a desembocar en un listado cuestionado en el PRI, en donde no estuvieron todos los que deberían haber estado, en contraste con otros que aparecieron sin el perfil adecuado.
Algo similar sucedió en Acción Nacional, en donde los intentos de solidaridad fallaron y el agarre fue peor que en el tricolor, ya que los azules se desgastaron más.
Total que ahora tenemos dos candidatos que no fueron precisamente el resultado del trabajo mediocre de los partidos políticos locales. “Nacho” y Jorge Luis, considerados por el centro como la solución para remediar el débil criterio y la escasa fuerza moral de la corriente provinciana.
Tenemos candidatos fuertes en el PRI y en el PAN, pero sus campañas no llenan el sentir ciudadano colimense. Ambos se temen, uno al discurso bien fundamentado y contundente de su oponente, mientras que el otro a las puntadas y extravagancias de su adversario.
Se maneja mucho el empate técnico, lo que habla muy bien del electorado que mantiene un cercano margen casi al final del proceso. Por nuestra parte, solamente desear que el día de las elecciones, todos unidos, acudamos a votar, no importa por quién, pero con responsabilidad cívica.
Esperamos que estas experiencias sirvan mucho para mejorar futuros eventos y dejar las ocurrencias, la ofensa y la improvisación, para los principiantes, ya que estas fallas que ahora se presentan, no se conciben en actores que tienen años apareciendo en los escenarios políticos y que según se ve, no aprenden.