En la Mira


René Montes de Oca.-

ES TIEMPO DE QUE CAMBIEMOS TODOS

Casi siempre las críticas se dirigen al gobierno, que la gente ya está harta de tanta corrupción, de ver los mismos grupos elitistas en el poder, de la aplicación de políticas equivocadas tendientes siempre a gravar más los impuestos sin reflejar nada positivo en las arcas públicas.

La figura política está completamente demeritada, pero no por ello vamos a proponer una evaluación nacional para retirar de ese ambiente a todos aquellos que no funcionen como servidores eficientes del pueblo.

En este caso, también son muchísimos los ciudadanos que no coadyuvan para nada a mejorar el ambiente cívico; abundan los que asumen actitudes irresponsables, otros tantos son negligentes y aún más los conformistas y cobardes que solamente se dedican a hablar a ultranza, a desahogar su amargura, a mal encausar sus frustraciones.

Nuestra nave nacional no solamente está sobrecargada de malos gobernantes, funcionarios corruptos y pésimos actores políticos; también corre el riesgo de hundirse, porque lleva en la travesía un gran bagaje de inutilidad nacional, integrado por ciudadanos sin rumbo, saturados de amargura, sin vocación social y en algunos casos hasta contaminados por los vicios y las malas costumbres; un considerable conglomerado humano que no coadyuva para nada en la acción sana de mejorar nuestro proyecto.

En México una cosa es muy cierta: El gobierno emana del pueblo. Tenemos un mal gobierno precisamente porque el ambiente popular no luce muy decoroso. Lo mismo que está fallando en las cúpulas es lo que afecta a las clases más vulnerables. Ambos ambientes están sucios, solamente que unos en la opulencia y los otros en la miseria, los extremos son económicos pero hay coincidencia en actitudes, caemos en los mismos errores e irresponsabilidades.

Si criticamos la vida fastuosa de los de arriba es por la envidia de no poder hacer lo mismo. En cambio, ellos se dicen avergonzados de las adicciones y el alcoholismo de los de abajo, sin reconocer que se pierden en la vorágine de poder que en muchas ocasiones los hace cometer actitudes tan absurdas, como si fueran presas de la enajenación de las drogas o las bebidas alcohólicas.

Pero también tiene mucho que ver en esta desorganización social la pésima interpretación que se está dando a nuestro sistema, decayendo en una impunidad descarada que alienta malas costumbres.

Las cárceles están repletas, muchas veces de internos que pagan culpas que no cometieron; sin embargo, no hay rejas que detengan a poderosos personajes que burlan la endeble consistencia moral de nuestras instituciones.

Los de abajo están hartos de ver tantos casos sonados de políticos corruptos que ni siquiera pisan las prisiones, pero no reparan en que esta situación es tan grave como la irresponsabilidad social de mantener a muchas familias menesterosas, viviendo prácticamente en la calle, practicando vagancia y malas costumbres; improductivos totalmente y fuertes aspirantes a participar dentro del crimen organizado.

Entretenidos completamente con el tema de la evaluación a los docentes, ni siquiera nos hemos percatado en el estado desastroso en que se encuentra la integración familiar, nada sabemos sobre el nuevo rumbo que ha tomado el DIF, ni siquiera hemos mostrado interés en seguir de cerca las aventuras políticas de este instituto que poco a poco está perdiendo su función social para lamentablemente politizarse y convertirse en un gravamen más a la nómina, dejando atrás su filosofía de voluntariado al servicio a la comunidad.

Estos son los mejores tiempos, ¡la última llamada! “Nacho” Peralta tiene en Colima la oportunidad de convocar al cambio. Pero no de unos para que lleguen otros, decirles adiós a los voraces, para que lleguen los de apetitos insaciables, ¡no!, ese no es el propósito. La idea es que se vean nuevas actitudes, más decencia, tanto entre el pueblo como en el gobierno; abrirle paso a nuevas políticas, escrupulosas, decentes, alentadoras. Dejar el discurso falso, la actitud paternalista, la demagogia y en cambio imponer seriedad, vergüenza, pundonor y nobles propósitos.

¡Que el pueblo tenga un mejor gobierno y que el gobierno vea positivamente una evolución social prometedora! Que el gobernante sensible cuente con una ciudadanía responsable y así obtener avances significativos, cortando de tajo con esta cadena de administraciones que han hecho del fracaso una práctica descarada de gobierno.