Entre las palmeras

Algunos comerciantes sí han notado que en mayo bajan terriblemente las ventas, y muchos piensan que es precisamente por las Fiestas de Mayo.

Que no pase inadvertido

-Este próximo día 5 de noviembre es el Día Mundial de la Concientización de Tsunamis.

A los porteños no nos caería nada mal que se toque el tema por nuestra cercanía y convivencia con el mar; y no cualquier mar: Es el Océano Pacífico, el más grande todos los mares en nuestro planeta.

Así que, para empezar, esperemos que este próximo día 5 no pase desapercibido, como muchos otros días importantes internacionales o mundiales del año, o aniversarios locales, como pasó desapercibido el pasado 27 de octubre, fecha en que se recuerda el atroz ciclón del 1959.

Para empezar, tenemos que hacer conciencia de lo enorme que es el Océano Pacífico, y que un tsunami puede surgir de cualquier punto de este mar, desde manera local, hasta desde miles de kilómetros.

Los porteños no hemos tenido estos fenómenos manifiestos de manera violenta, a pesar de los grandes terremotos que hemos vivido; pero, la historia registra que el 22 de junio de 1932 nuestra costa colimense sufrió un maremoto.

Según se narra, sus olas fueron de aproximadamente diez metros, siendo Manzanillo el municipio más afectado, con daños en el poblado de Cuyutlán y el Centro de la cabecera municipal.

Recuérdese que Armería y Cuyutlán en aquellos entonces eran parte o extensión de Manzanillo. En el corazón de Manzanillo, el tsunami tumbó la presidencia municipal que en esos ayeres era de un solo piso. A este tsunami los pobladores le llamaron la Ola Verde. Qué bien que le hayan puesto un nombre, porque eso ha hecho que no se olvide, a pesar del paso del tiempo.

Recuérdese también que el 15 de enero del 2022 a Manzanillo lo alcanzó el maremoto, como también se le llaman a estos fenómenos, que una erupción volcánica de grandes proporciones en el reino de Tonga generó.

A pesar de que este país insular se encuentra al otro lado del océano, a casi 9 mil kilómetros de Manzanillo, en Oceanía, el fenómeno marino nos alcanzó a los porteños, manifestándose sobremanera sus efectos en el canal de navegación que conduce al recinto portuario

Gracias a Dios, todo quedó en un fenómeno llamativo visualmente, sin tener mayores consecuencias.

El Océano Pacífico se ubica en lo que se conoce como el Cinturón de Fuego, zona que produce muchos terremotos, erupciones volcánicas y maremotos.

Es lamentable que, ante esto, Manzanillo no tenga una cultura en cuanto a los tsunamis.

Poco o nada se sabe de estos fenómenos, y es necesario saber de ellos, porque muchas familias han venido a radicar a Manzanillo provenientes de ciudades o estados del país en donde no hay mar; donde apenas lo conocen en películas o documentales, y quién sabe, en una de esas, en Manzanillo lo hayan visto por primera vez.

Los propios porteños no sabemos mucho tampoco sobre qué hacer si se presentara un tsunami.

No hay señalizaciones en los cerros que sirvan como rutas de ascenso, pero, especialmente, no hay ningún tipo de capacitación para los habitantes que viven en la delegación de Las Brisas y Playa Azul, donde no tienen una zona alta para donde huir de la furia de un mar salido de sus límites.

En fin, que nos falta mucho por conocer sobre los maremotos.

Hace algunos cuantos meses, la Administración del Sistema Portuaria Nacional (ASIPONA) nos anunció que se probarían las alarmas de tsunami en cierto día y a cierta hora; pero, como se nos vinieron encima los efectos de un ciclón o tormenta, estas alarmas fueron suspendidas.

Desde entonces, no se ha dado a conocer una nueva fecha para probarlas.

Otra cosa que hace mucha falta es que también los que vivimos en el Centro Histórico contemos con una torre de alerta temprana, como la que ya se tiene en Santiago y el Valle de las Garzas.

Porque, de este lado de la ciudad también vivimos muchas familias; y, ya de paso, otra en la delegación de El Colomo.

En las escuelas de nivel básico deberían de hablar de este tema, y no de alimentación, moral o religión, que son asuntos que únicamente corresponde enseñar a los padres de familia o tutores, y no a los docentes.

Porque, a los niños y adolescentes no les hablan de los maremotos, y, si llegan a tocar este tema, es de refilón y sin darle la debida importancia, cuando los maestros debieran de concientizar a sus alumnos de que Manzanillo está en la costa del Océano Pacífico, dentro del Cinturón de Fuego y que, por lo tanto, el mar podría salirse con violencia e invadir a nuestra ciudad en cualquier momento, sin previo aviso, aun cuando localmente no hayamos sentido un terremoto fuerte, o no hayamos habido erupción de un volcán cercano.

Estos fenómenos pueden llegarnos desde muy lejos de forma repentina.

Hay mucho trabajo por hacer para que este próximo 5 de noviembre, el Día Mundial de Concientización de Tsunamis, no nos pase desapercibido, y menos, cuando Manzanillo está en el litoral del Océano Pacifico. Que tenga un bonito día.