Ah, qué susto, y en balde
Este pasado domingo 8 de febrero, faltando poco más de quince minutos para las 4 de la tarde, los teléfonos de muchos porteños emitieron una alarma de movimiento telúrico severo; lo que nos asustó demasiado a muchos.
No porque lo estuviéramos sintiendo, pues gracias a Dios, en Manzanillo no se movió la tierra, sino que el miedo fue porque temíamos a que se nos viniera uno encima en escasos segundos.
Y peor, porque la alerta, al menos en el teléfono de mi esposo, porque en el mío no sonó, advertía de un movimiento severo, y cuando una alerta sísmica dice: Severo, los porteños pensamos en uno de 7 grados en la escala de Richter, para arriba.
Cuando ya tuvimos la información precisa de que el epicentro fue en Puerto Escondido, Oaxaca, y que la magnitud fue de 5.7, de sentir mucho temor, pasamos a sentir mucho coraje.
Tener esos sentimientos le hacen daño a nuestro organismo, y no el azúcar que consumimos.
Muchos porteños entraron en pánico extremo en balde, por una falsa alarma, que así resultó ser para quienes viven en Manzanillo.
Es curioso que se hagan simulacros para saber qué hacer antes, durante y después de un terremoto, aunque el antes no se puede nunca predecir con seguridad.
Pues, ahora hay que hacer simulacros para saber qué hacer cuando suena una alarma a la que le llaman presidencial, porque, en lo ocurrido este pasado domingo nadie sabíamos qué hacer.
Si permanecer dentro de casa o salir de ella; si el terremoto ya había pasado o iba a ocurrir; cuanto tiempo teníamos para salir de bajo techo y, lo peor, sin siquiera sentir un movimiento, pues solo se informaba que la sacudida sería severa, y que habría información en un momento más.
¿QUÉ SE PUEDE APRENDER DE TODO ESTO?
Que las alertas sonoras no son seguras, y que se deben emitir solamente en las zonas de impacto.
Es cierto que la población común no sabemos de esto, pero el gobierno está rodeado de muchísimos expertos en cuestiones geológicas, en asuntos sísmicos, que pueden informar hasta donde es prudente emitir una alerta sonora, para evitar asustar a cierta población en vano.
Pero, también la población debe aprender más sobre terremotos y también sobre distancias, incluyendo latitudes norte y longitudes oeste, para así poder comprender el epicentro de un sismo o la aproximación de un ciclón.
También debemos aprender sobre los enjambres sísmicos.
Por ejemplo, si notamos que, entre Tecomán y Cihuatlán, ya sea en el mar o en tierra, suceden sismos, y estos son constantes en un día con diferencia de minutos u horas, luego sucede también lo mismo al otro día o los días siguientes, y, además, notamos que los movimientos van en aumento en cuanto a la magnitud, o que bajan un poquito y luego vuelven a subir, eso podría ser el aviso de que se aproxima un gran terremoto.
Por lo que ya debemos de estar a la expectativa, y poner en marcha nuestro plan familiar de reacción, sin esperar a que alguna autoridad de Protección Civil o alguna alarma sonora nos lo diga.
Ahora bien, si se suscita un fuerte terremoto, digamos, de 6 grados, o como el de ayer, de 5.7, hay que estar alertas de las réplicas, porque esas magnitudes podrían ser el aviso de uno más grande, o si las réplicas comienzan a bajar, significa que ese fue ya el más grande.
En el caso del ocurrido el domingo pasado, ahí conviene estar al pendiente, porque, hasta el momento de escribir este artículo, que fue el lunes después de las 8 de la mañana, las réplicas casi no habían ocurrido, salvo algunas excepciones, que no llegaban a los 4 grados.
Esto, en lo personal, me preocupa, porque la situación ahí es impredecible; no se sabe si se pudiera llegar a generar uno más grande, o ya no.
Porque, por la experiencia vivida, los mismos sismos anuncian lo que sigue, lo que viene a continuación, y, subrayo, hasta el momento de escribir este artículo, todavía no se sabe para donde le va a dar la tierra en Puerto Escondido, Oaxaca.
Ahora bien, de acuerdo con la lejanía del epicentro, con relación a nuestro estado de Colima, la distancia es mucha, y creo que, de llegar a suceder uno más fuerte por aquellos lares, para los colimenses seria imperceptible, por lo que no sería necesario asustarnos en balde.
Los terremotos no se pueden predecir con certeza, ya que ese control solamente lo tiene Dios Todopoderoso.
Pero, creo que, si somos observadores con eso de los enjambres sísmicos, sí podemos tener una idea de que podría llegar a temblar fuertemente, ya que los enjambres tampoco aseguran al cien por ciento de que habrá un movimiento sísmico severo.
Se baja la guardia cuando el enjambre baje; es decir, cuando los movimientos constantes en una región dejen de ser constantes, y las magnitudes también empiecen a bajar.
Pero, por el momento, agradeceríamos que no se nos alerte con alarmas sonoras de terremotos que, ni estamos percibiendo, o se están generando muy lejos de nosotros.
Porque, asustarnos de balde le hace daño a nuestra salud.
En lo personal, tuve un dolor de estómago muy intenso, que solamente con medicamento se me pudo quitar, pues, por más que esperé a que bajara solo el dolor, no lo conseguí.
Porque, de que muchos porteños nos asustamos, vaya que sí, porque los teléfonos le hacían muy, pero que muy feo, y no faltaron los que sí salieron como de rayos de sus casas, con todo y que ya muchos estaban viendo la transmisión del Súper Bowl por televisión.
Ah, qué la inteligencia artificial, que ahí se vio que no fue muy inteligente que digamos, pues alertó donde no debió de haberlo hecho.
-Qué tenga un bonito día
