Entre las palmeras


Eunice Flores.-

PARA TODO EL BARRIO

Escuchar música es uno de los hobbies que a la mayoría de porteños nos gusta. La oímos en todos lados y causando la alegría o relajación de los oyentes; pero cuando ésta es escuchada con altos decibeles, en horarios inoportunos y lugares no apropiados, pasa a ser una molestia que llega a generar pleitos.
La tecnología ha llegado a nuestra ciudad y puerto facilitándonos la adquisición de equipos pequeños, pero altamente poderosos en sonido, razón por la que en muchas casas escuchan sus canciones favoritas a todo volumen.
Entre los reglamentos que existen en Manzanillo están contemplados los decibeles y horarios para los equipos de sonido. Actualmente existe este problema social sin que ninguna autoridad, como la Policía Preventiva, intervenga de manera eficiente.
Es que hay familias que para demostrar su alegría se ponen a oír rolas a muy, pero muy alto volumen, no sólo para oírlas él y su familia, sino el barrio entero. Como buenos vecinos, la mayoría soporta este abuso por un determinado tiempo; pero, cuando transcurren ya varias horas, entonces sí se empiezan a calentar los ánimos, porque no se pueden ni hacer ni recibir llamadas telefónicas, ni hacer otras actividades, porque el vecino alegre no deja escuchar.
Si algún valiente osa reclamarle al de al lado o enfrente por esta razón, se generan pleitos que muchas veces empiezan en discusiones, y acaban en golpes, porque argumenta el vecino latoso que él en su casa puede hacer lo que le dé la gana. Si se llama a la Policía Preventiva para que ponga orden en los decibeles del sonido, hacen caso omiso, porque toman a chiste la queja y creen que la persona que llama es una persona amargada.
Cuando se logra que los agentes hagan caso, es porque se ha insistido bastante a través del teléfono. Una vez que logran que estas autoridades vayan al barrio en que existe el problema, solamente le piden al que está escuchando música que le baje un poco, y se van. Claro que en cuanto se retiran unos metros, le vuelven a subir a la música.
Creo que ya es hora de empezar a aplicar el reglamento y sancionar severamente a quien no respete ni horarios ni decibeles. No se está atacando el gusto personal en cuanto al género musical. Si los porteños oyen música de banda, clásica, instrumental, rock pesado, jazz o hasta cristiana a volúmenes exagerados, están mal, repito, no por el tipo de música que oyen, sino por los altos decibeles u horarios impropios.
Ojalá se tomen cartas en el asunto por parte de las autoridades, y den solución a este problema que se está dando en muchos barrios y colonias. He escuchado pláticas de personas que, teniendo casa propia, prefieren ponerla en renta para huir de su vecino escandaloso, en busca de un remanso de paz.
Que tenga un bonito día.