Cuando un amigo se va
Caros, excelente amigo y maestro mío.
Las letras son el lenguaje del corazón y por eso titulé mi columna “Escuchando al Corazón” para escribir lo que me dicta y tú mi maestro amigo me diste la gran oportunidad de escribir en este diario y compartir mi forma de ver la vida.
Hoy me duele volver a recordar que ya no estás físicamente porque tu espíritu y esencia siempre será la luz de la más brillante estrella para todos los que tuvimos la dicha de conocerte, recuerdo tu llamada: Rocío me otorgaron el Premio Latinoamericano de Periodismo Dr. Zenobio Saldivia, me lo darán aquí en Colima y deseo invitarte, estés presente. ¡Qué emoción tan bella, escuchar a Carlos tan emocionado y hacerme partícipe de su logro!
Carlos sé que tú sigues desde el cielo escuchándome, el premio lo recibió en tu nombre tu hijo Carlos, porque tú ya estás en el cielo, donde Dios te necesitaba para convertirte en Ángel y seas custodio de tu familia y amigos que te queremos.
“Los planes de Dios son perfectos”, aunque muchas veces dudamos de lo que sucede en nuestras vidas.
Carlos gracias por creer en mí y nombrarme candidata para el galardón Leona Vicario que me fue entregado en Manzanillo y que tú también fuiste elegido por tu hermosa trayectoria periodística y humana.
Aprendí de ti, que uno es el arquitecto de su propio destino que cuando deseamos construir sueños en realidades “no parar”, extraño tanto tu voz en el teléfono cuando te compartía opiniones de los lectores, sobre mi columna y tú siempre enseñándome el significado de esas opiniones y logros cumplidos.
Viene a mi mente una frase de San Agustín: “Si quieres conocer a una persona, no le preguntas lo que piensa, sino lo que ama”.
Tú Carlos, amabas el don que Dios te dio, el de escribir y transmitir a los demás la esencia de la realidad en las situaciones, buenas malas o regulares.
Fuiste el apoyo para muchas personas, la voz de quien deseaba, lo escucharan y por medio de tus escritos lo lograbas, fuiste un excelente ser humano, correcto, educado, inteligente, lleno de amor por tu familia y a quien más necesitaba como el desvalido o palabras de aliento, de acertibilidad o quizás de corrección para quienes lo necesitábamos.
Carlos, mi querido Carlos daré siempre gracias a Dios por haber coincidido en esta vida contigo.
Por permitirme ser tu amiga, tu alumna y aprender que nunca digamos no se puede cuando tengamos un sueño para realizar, un camino para recorrer, una vida por vivir.
“No permitas que nada ni nadie detenga tus pasos”.
Carlos gracias por tu hermosa familia en quien sembraste esos valores y gracias por ser el Ángel de la guarda que seguirá dándome esa bella luz de protección y sabiduría.
Estimado lector:
Carlos Valdez, un hombre que seguirá viviendo en Colima y en ese mar que nos inspira a no persistir.
¡Dios por delante!
Presidenta de Los Planes de Alonso A.C.
Cel. 4626058359