Estación del tren y vieja central camionera veían separarse a estudiantes porteños de sus familias


Con lágrimas se mandaban y recibían largas cartas desde Guadalajara

Segunda parte y última

SER ACEPTADO, TODO UN COMPROMISO DEL QUE NO PODÍAN ECHARSE PARA ATRÁS

Una vez que aquellos estudiantes manzanillenses eran aceptados en el plantel al que aplicaba, aunque eso era lo que querían, de repente les entraba mucho miedo, porque sabían que habían contraído una gran responsabilidad, y ya no se podían echar para atrás. Se tenían que quedar desde ya. Ya no regresaban a Manzanillo, avisando a su familia que tendrían que quedarse, porque habían sido aceptados.

Los estudiantes porteños que se iban a estudiar a Guadalajara, sólo venían de vacaciones una o dos veces al año. Generalmente era seguro que vinieran en las vacaciones largas. Pero no podían regresar a cada rato, ya que salía muy caro. Para ahorrar dinero, utilizaban muchas veces el tren, más lento y tardado, pero apto para su situación sacrificada. Cuando se iban de regreso a la capital jalisciense, las familias se quedaban llorando en la terminal.

Los estudiantes se sentían siempre muy nostálgicos, y en el caso de los porteños, algo muy curioso es que todos extrañaban mucho el mar. El primer año, como no conocían Guadalajara, todos los estudiantes de Manzanillo andaban siempre juntos para todo. En bola iban para todos lados. Estudiar era sinónimo de sacrificio, porque los estudiantes a veces comían, y a veces no. Esa es la razón por la que muchos desistieron de proseguir.

Por ese tiempo, la mayoría de los estudiantes de la Universidad de Guadalajara eran foráneos; no eran originarios del estado de Jalisco. La preparatoria duraba dos años, y era tronco común.

LA LEGENDARIA PREPARATORIA DE JALISCO, HOY ESTATAL No. 1

Así todos los de Manzanillo eran compañeros e iban juntos como una familia muy unida, que les recordaba a los que habían dejado en el puerto. La otra universidad, la UAG, la Autónoma de Guadalajara, era para los ricos, y casi nadie de Manzanillo cursaba estudios ahí. El plantel bachillerato se llamaba Preparatoria de Jalisco. Era el único y fue el primero en esa ciudad, el cual hoy se llama Escuela Preparatoria Estatal Número 1.

Una actividad bastante frecuente para los porteños en la ciudad, era la de escribir cartas. Siempre estaban escribiendo cartas. Lo mismo para los familiares que para las novias. Era una actividad muy melancólica, y no era raro que quedaran mojadas por las lágrimas, motivadas por los recuerdos que les traía el pensar en su gente.

Sitio de inscripciones escolares en la sede de la Universidad de Guadalajara.

CAMINANDO GRANDES DISTANCIAS A PIE, POR FALTA DE DINERO PARA PASAJES DE CAMIÓN

Contrario a su terruño en la costa, Guadalajara ya desde entonces era una ciudad muy grande, la segunda más grande del país, y era un shock para los jóvenes enfrentarse a diario a ella. Tenían que aprender muchas cosas todos los días. Como el dinero escaseaba, muchas veces no les alcanzaba para pagar los camiones, y tenían que recorrer distancias enormes a pie.

La distancia hacía muy difícil que los hermanos, papás, abuelos y tíos tuvieran oportunidad de irlos a visitar, pero, en cuanto podían, lo hacían. Esto pasaba muy, pero muy de vez en cuando, y era una gran alegría para los estudiantes, que no perdían oportunidad de presentarlos muy orgullosos a todos sus nuevos amigos en la capital mundial del mariachi.

GRANDES SACRIFICIOS HICIERON A EXCELENTES PROFESIONISTAS

Los viajes entre Manzanillo y Guadalajara por aquella carretera vieja eran ya de por sí motivo de preocupación por los frecuentes accidentes, ya que se trataba de una carretera angosta y tortuosa, con defectos de origen en los declives de las múltiples curvas, y con el paso de La Salada que ponía nerviosos a todos los pasajeros, ya que se transitaba a vuelta de rueda. Era una vía muy concurrida, tanto por unidades particulares como por autobuses y vehículos pesados de gran tamaño, además de estar flanqueada por enormes voladeros. Muchas partes eran de tierra caliza, por lo que había frecuentes desgajes.

Como puede verse en este somero recuento de las vicisitudes de aquellos primeros estudiantes de nivel superior de Manzanillo, eran muchos los obstáculos, limitaciones y problemas a los que se enfrentaban al emprender esta aventura lejos del hogar paterno; sin embargo, todos coinciden en que, el hecho de pasar tantas privaciones y sacrificios, hizo que le echaran más ganas a los estudios, le pusieran más esfuerzo y les tuvieran más amor.

Por eso es que, la gran mayoría de aquellos primeros profesionistas manzanillenses, han sido gente destacada en las profesiones que eligieron, y mejores personas.