Estación Sufragio; La autonomía es académica


LA AUTONOMÍA ES ACADÉMICA:

En toda universidad que se respete, sugiere Juan Carlos Romero Hicks, debe haber visión (proyecto académico), elementos (alumnos, profesores y autoridades) y principios (como el apego a la verdad y el respeto a la libertad).

Pero a ese aparato hay que darle un marco jurídico: una ley orgánica. En ese sentido, la autonomía que consagra dicha legislación tiene tres componentes: académica, gobierno interno y administración.

El ponente recomendó, al valorar una iniciativa de reforma a la Ley Orgánica, primero observar si salvaguarda la parte académica o si es más organizacional e, incluso, más política.

El ex rector de la Universidad de Guanajuato y ex gobernador habló en la Universidad de Colima sobre autonomía universitaria, a invitación del rector José Eduardo Hernández Nava. De todas las autonomías, la más importante es la académica en un contexto que va de lo local a lo internacional, porque no es una isla.

AUTOGOBIERNO Y ADMINISTRACIÓN:

Si la primera misión de la universidad es ser académica, a Romero Hicks no le gusta esa clasificación que diferencia al sector productivo del académico y el gubernamental, porque la Universidad es también un ente productivo.

Autonomía también significa autogobierno, para desarrollar una normatividad interna y para tomar decisiones de gobernanza, entre ellas, designar a sus autoridades internas. Para Romero Hicks, defender la autonomía universitaria es un derecho de la sociedad, obligación del Estado y responsabilidad colectiva.

Cuando en la presente Legislatura federal reformaron el artículo 3º Constitucional y omitieron la autonomía, hubo mucha preocupación. Afortunadamente se corrigió, pero la intención (de la 4T) quedó apuntada, señala el ponente.

Recordó que la Universidad de Colima fue sede de dos actos fundacionales, de los cuales destacó la creación del Consejo de Universidades Públicas e Instituciones Afines (CUPIA). El espíritu de ese órgano colegiado de la ANUIES es que las universidades de Estado deben ser autónomas, pero sometidas a evaluación constante y obligadas a rendir cuentas.

Según Romero Hicks, si hay un lugar que inspira y puede generar confianza, es la Universidad. Es la institución mexicana de mayor confianza porque genera ideales, aspiraciones y transforma personas. Es un lugar donde todo se logra, siempre que haya libertad y rigor académico.

En cuanto a la autonomía de administración, subrayó el derecho que tienen las universidades a administrar su patrimonio. Pero recalcó que siendo fondos públicos la mayor parte de los recursos que maneja, tiene la obligación de rendir cuentas. Hay constantes auditorías porque, en la medida que haya transparencia, la sociedad confía en la Universidad.

Reiteró que la UdeC es el patrimonio cultural vivo más importante del estado, pero lo que la hace grande no es su infraestructura sino su comunidad.

NO ES EXTRATERRITORIALIDAD:

Luego pasó a explicar qué no es autonomía. De entrada, no es estar por encima del Estado. La Universidad no es una ínsula, se le concede la autonomía para que pueda cumplir sus funciones sustantivas de la mejor manera posible. Sin embargo, subrayó que el Congreso local es el poder que expidió y puede reformar la Ley Orgánica.

Para Romero Hicks, la autonomía no es anarquía feliz: eso es irresponsabilidad. Autonomía tampoco es extraterritorialidad, la Universidad no es una república dentro de la otra. Existe el mito de que la fuerza pública no puede entrar al campus. Mas, para el ponente, en un caso extremo y si el bien superior lo exige, se le puede usar.

ESPERAR A LA REFORMA:

Al señalar que diputados locales están proponiendo un cambio en la Ley Orgánica de la Universidad de Colima, recordó que iniciativas similares se han presentado en los congresos de siete estados más.

Explicó que los legisladores tienen el derecho de iniciar reformas, pero están obligados a la prudencia. La nueva ley orgánica de una universidad estatal tendría que armonizarse con leyes generales.

Señaló que una ley general, por ser una norma secundaria de la Constitución federal, tiene rango superior a una constitución local y a las leyes estatales. En la discusión de esas nuevas leyes generales, Romero Hicks dijo que el blanquiazul en la Cámara de Diputados está pensando en dos salvaguardas a la autonomía:

Primero, no puede haber un proceso de revisión de su ley orgánica, a espaldas de la comunidad universitaria; tiene que haber diálogo de los universitarios con el gobierno y con el Congreso local. Y la segunda salvaguarda consiste en darle derecho de iniciativa a la propia universidad.

Acción Nacional quiere aprovechar la oportunidad que se abre al legislar sobre educación superior, para dejar claro que se trata de un derecho y un bien público; debe ser universal, inclusiva, laica y gratuita; con principios indeclinables como la libertad, los derechos humanos, la igualdad o la universalidad.

Para el ponente, que la casa de estudios pudiese iniciar la reforma no significa que la ley orgánica quede, finalmente, como la redactó la UdeC. Lo mejor sería que la iniciativa la hagan suya los poderes, como ocurrió cuando se le concedió la autonomía a la Universidad de Guanajuato en 1994 y, en 1980, cuando la de Colima consiguió la ley vigente.

ESPINOSO TEMA EL DEL RECTOR:

Romero Hicks reconoció que uno de los temas espinosos de la ley orgánica es cómo designar a las autoridades. Hay varios modelos: desde el extremo (derecho) donde un poder externo designa al rector, al polo (izquierdo) donde todo mundo vota para elegirlo.

El mejor método de selección del rector “es el que funciona”. Y para que funcione se requiere ética de los elementos: alumnos, profesores, autoridades.

La propuesta de reforma a la UNAM que presentó y luego retiró el diputado de Morena, Miguel Ángel Jáuregui, apuntaba a que toda la comunidad universitaria vote al rector. Pero las universidades que han tenido esos mecanismos (tan democráticos), no garantizan la paz institucional ni la gobernanza.

Lo importante es que la universidad sea la que rija su destino, pero considerando que, ante todo, el campus no puede ser un museo del pensamiento sino un espacio donde todo se pueda discutir y deliberar.

El ideal de la participación universal en un proceso de elección académica, debe garantizar la gobernanza y la paz interna. El peor de los escenarios es cuando el proceso no es participativo ni académico, ni sigue una lógica política, sugirió el ponente.

BLINDAR A LA UNIVERSIDAD:

Respecto a cómo se puede blindar a la casa de estudios, el ponente explicó que la Universidad será fuerte en la medida que cumpla sus misiones: la vocacional (formar mejores personas), magisterial (tener mejores docentes), académica (cumplir sus funciones sustantivas) y social.

En cuanto a su vinculación social, Romero Hicks expuso que la Universidad no se fundó para componer los problemas sociales, pero sí para discutirlos. La comunidad universitaria puede proponer políticas públicas, pero es el Gobierno el que debe ejecutarlas.

En los momentos actuales, donde varios gobernadores y hasta el presidente de la república parecen desdeñar el tema de la autonomía, las universidades deben dar un paso adelante y reclamar, junto al derecho de iniciativa legal, el derecho de presentar su presupuesto.

La autonomía le permite a los órganos de Estado servir como contrapesos del poder. Pero deben contar con los recursos para ello. En la Constitución ya se estableció la obligación de la universalidad en la educación superior, “pero ni estamos preparados ni tenemos el dinero suficiente”.

El momento más visible del Congreso es el presupuesto. Y para asignar las partidas, tiene que haber colaboración con los otros poderes. Tenemos que vincular al archipiélago de autónomos con los poderes en México, sin dejar de reconocer que, a veces, las autonomías van más allá de la prudencia o de sus propias atribuciones.

CONSERVAR EL RESPETO:

Finalmente, en el tema de la visibilidad de las universidades, Romero Hicks dijo que el respeto se gana pero también se puede perder. La misión de la Universidad es la búsqueda del saber, la de la política es la búsqueda del poder, y cuando una universidad sucumbe a la búsqueda del poder “tenemos dificultades”.

(Esto dicho por alguien que de rector brincó a gobernador de Guanajuato).

Ese respeto se logra con rendición de cuentas: en la medida que la sociedad conozca las mediciones académicas y los resultados de las evaluaciones, no sólo las cuentas financieras.

La fortaleza de la Universidad también pasa por la capacidad de gestión. Hay que involucrar a los legisladores, dijo, a la vez que recordó que los mejores diplomáticos en defensa de la institución son los propios universitarios: sus estudiantes, sus profesores.