Expresión de carácter regional que debemos preservar: “Charpear”


Se preservó en Colima desde los tiempos de la Nueva España

Hasta hace no tanto, las tuberías del drenaje en Manzanillo eran muy angostas, chicas y hasta de barro. De modo que cuando caían lluvias torrenciales, lo cual no era nada raro, las coladeras no abastecían para recibir todo el gran caudal de agua que bajaba de los cerros y caía del cielo y los canales pronto se desbordaban, como era el caso, por ejemplo de los del Seguro Social.

LAS INUNDACIONES RECURRENTES

Año con año, en algunas colonias se veía el triste espectáculo de personas que perdían todos sus muebles, pues el agua entraba a los domicilios hasta más arriba de un metro. Los que tenían segunda planta, se apresuraban a subir sus pertenencias y, si no les cabían, las amarraban en las escaleras. Los enseres que no cabían en la parte alta y que eran susceptibles de dañarse al contacto con el agua, acababan en las esquinas de las calles, donde los recogían los camiones de la basura.

Esto lo digo por experiencia de mi propia familia, porque en la Unidad Padre Hidalgo (Colonia del Seguro Social), donde crecí, hasta muy entrados los años noventa tuvimos estos problemas. Al ser la casa de mis padres de dos pisos, salvábamos lo más que podíamos trasladándolos hacia la parte alta o los amarrábamos al barandal de la larga escalera que nos conducía hasta éste. Después que cesaba la lluvia, que a veces duraba hasta dos días, las calles quedaban inundadas. Casi no había ninguna que no tuviera un enorme charco, y los niños entonces salíamos a jugar en los charcos, mojándonos.

Luego se hicieron diversos arreglos que fructificaron al acabar con las inundaciones, situación que solamente duró alrededor de una década, pues actualmente la colonia se vuelve a inundar como antaño, por lo menos en algunas de las primeras cuadras.

LAS CONSABIDAS CHARPEADAS

Los automovilistas tenían la mala costumbre que, cuando veían a una persona muy arregladita caminar por la banqueta en una cuadra con charcos grandes, aceleraban para levantar una gran ola y mojarla. Todavía hay alguno que otro malvado que continúa con la pésima tradición. A todas luces, es una costumbre muy fea. Entonces, la persona mojada, sorprendida y enojada, no podía dejar de expresar, muy porteñamente: “¡Me charpeó!”

Esta es una palabra que, por favor, no debe intentar hallarla en el diccionario, pues charpear es algo muy local, muy de nuestro estado, y se sigue usando en el puerto a pesar de tantísima gente que ha venido a trabajar en los últimos años desde otras partes del país. Tengo entendido que sucede lo mismo en todo el estado de Colima, donde también se usa esta palabra. Todavía se usa mucho, porque la tenemos fuertemente arraigada. Es más, esto es tan cierto, que muchos de los recién llegados ya aprendieron a emplearla.

ATRAVESÓ EL CHARCO Y SE AISLÓ

Charpear se utiliza con igual significado en todo el estado de Colima. Bueno, difícilmente en una entidad tan pequeña, donde hay tanta relación entre todos los municipios por cercanía e historia común, podríamos hallar costumbres de un municipio que no se repitieran en el resto.

Curiosamente, en algunos pueblos pequeños del país, aislados y alejados entre sí, también se usa esta curiosa mención, por ejemplo, según supe, en algunas comunidades de Guanajuato y Tamaulipas. Al parecer, según algunas versiones, la palabra viene de charco. Entonces cuando alguien es mojado o salpicado, debería decir que fue charqueado, que los charquearon; pero, con el paso del tiempo, todo se fue distorsionando, y acabó en charpear, charpeado, charpearon (¿charpeáis?).

ESPAÑOL ANTIGUO VIGENTE EN COLIMA

Lo cierto es que, muchas palabras que se usan en los ranchos, que tomamos como incorrectas, incultas y tontas, provienen del español antiguo, y en los libros viejos de historia se encuentran utilizadas con gran pompa y elegancia, y hasta en el propio Quijote de Cervantes. Son solamente palabras en desuso en el habla general de los países hispanohablantes, pero que tienen su historia y su valor. En el caso de charpear, ni siquiera es una palabra nacional, mexicana; es una palabra meramente regional, o más bien dicho, colimense.

Aunque palabras como esta del charpeo desaparecieron de las grandes ciudades con el desarrollo de la lengua con el correr del tiempo, que se fue uniformando también gracias a las escuelas, diccionarios y libros de todas clase, algunas poblaciones rurales fueron quedando como islitas del viejo hablar de los tiempos de la Colonia: Ansina, truje, muncho, etcétera. ¿Estará por ahí el origen del charpeo? Todo parece indicar que sí.

¿NO MANCHES, O NO CHARPEÉS?

Hay que decir que las lenguas, tristemente, se van uniformando con el paso del tiempo, y más con motivos de la migración de personas entre regiones, países y continentes, y actualmente es triste ver a muchos jóvenes colimenses y manzanillenses que ni siquiera saben que quiere decir charpear; mucho menos se puede esperar de ellos que usen esta linda palabra del español colimense.

Lo bueno es que en nuestra ciudad y puerto las tuberías han engrosado y son de mejores materiales, y se han llevado a efecto muchas obras eficaces e importantes que han hecho que cada vez haya menos charpeadas. Si es de aquí, usted me entiende.

Por cierto, ya que está tan de moda entre los chavos decir la recurrente interjección: “¡No manches!” Quizá aquí debiéramos cambiarla por algo más local, como sería decir: “¡No charpees!”. Esta expresión local y regional ya es algo cultural, que debemos preservar.