Gestión Pública


Del dicho al hecho

Alex Casarrubias García.-

En este día, el presidente de la República entregará su segundo informe que contendrá los objetivos, estrategias y acciones realizados en estos 21 meses de sus administración, para destacar, muy seguramente, las reformas sustanciales a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como las correspondientes leyes secundarias que concretan el marco jurídico bajo el cual tendremos que enfrentar los retos de nuestro país.

Nada cambia por decreto, pero también nada cambia sin decreto. Un primer paso ya está dado. El segundo corresponde a la etapa de la implementación o ejecución de cada una de las reformas.

Es precisamente durante la implementación cuando con gran facilidad se puede cambiar el rumbo y caer en los baches de los excesos: Populismo con Echeverría; demagogia y derroches con López Portillo, aquel presidente que nos invitaba a administrar la abundancia y concluyó su gestión con una severa crisis económica; la panacea de la apertura comercial con Salinas de Gortari al mismo tiempo que representaba la cara más dura del presidencialismo; la alternancia política en el 2000 que renovó esperanzas populares pero que en los hechos demostró que entre el dicho y el hecho, hay un gran trecho, es decir, mucho trabajo por hacer.

La ejecución o implementación es la etapa en las que más ha fallado la administración pública, sea federal, estatal o municipal. Ante ello, resulta razonable retomar el concepto de sociedad civil, no sólo las organizaciones de nuestra sociedad, sino también como la opinión pública generalizada sobre diversos temas que impulsan la agenda nacional.

Muy probablemente, nuestra sociedad civil vive en el desencanto por la conducción del estado, en razón directa de los excesos en que se han incurrido: Una lucha frontal al crimen organizado, pero no mejora la percepción sobre la seguridad pública; el contraste mismo de los millones de mexicanos que viven en pobreza al mismo tiempo que nuestro país genera a uno de los hombres más ricos del mundo; por citar dos ejemplos.

Otra posible causa del desencanto de nuestra sociedad civil está en los excesos en que han incurrido los partidos políticos. Un alto porcentaje de mexicanos está cansado de que el Congreso de la Unión no sea respetado como la máxima tribuna del pacto federal, cuando los legisladores incurren en discursos ideologizados y otros actos para descalificar, muy lejos de proponer y vislumbrar como si se puede generar sinergia en las que todos tengamos beneficios. Nuestros legisladores constantemente señalan la rendición de cuentas y ellos mismos se han olvidado de transparentar sus acciones.

Ya pasó el “Pacto por México”, que posibilitó las reformas constitucionales. Se inició la etapa de la ejecución de cada una de estas reformas. Habrá que trabajar de frente al pueblo, con responsabilidad.

Hoy, conforme el protocolo republicano, el presidente entregará su segundo informe de labores. El pueblo es el único del cual emana la voluntad para el ejercicio mismo del primer mandatario de la nación. En este contexto, son muy diferentes las condiciones de nuestra sociedad civil de ahora en comparación con la que conformábamos hace 12, 20 ó 40 años.

El encuentro está marcado para el primer domingo de junio de 2015. Como espada de Damocles sobre México, está el ejemplo de Brasil, que tan sólo a un mes de su jornada electoral ha entrada en recesión, cuando era el ejemplo para muchos países de América. Habrá que vigilar la ejecución de las reformas, independientemente del esfuerzo social que generemos, porque los excesos de los partidos políticos, legisladores y gobernantes tienen como consecuencia directa un desencanto por la democracia y ésta, indiscutiblemente, repercute en una economía nacional recesiva.

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