Gestión Pública


Transporte público y desarrollo urbano.-

Alex Casarrubias García

 

En reciente visita a nuestro país, Enrique Peñalosa, ex alcalde de Bogotá y presidente de la Junta Directiva del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (Itdp, por sus siglas en inglés), presentó al Gobierno del Distrito Federal el documento titulado “Desarrollo orientado al transporte”.

En esa oportunidad, el Sr. Peñalosa destacó que los reglamentos de construcción en México incentivan el uso del carro y puso el ejemplo de la Torre Bancomer, en pleno Paseo de la Reforma y Lieja, que contempla tres mil cajones de estacionamiento; sin embargo, a menos de 300 metros se ubica el paradero Chapultepec y a un costado de la torre pasa una ciclovía.

Destacó el caso de grandes urbes como Londres y Estocolmo, que en algunas zonas restringen el uso del automóvil. Ante ello, los expertos del Itdp señalan la necesidad de una mayor cobertura y calidad en el transporte público, incrementar las ciclopistas, entre otras.

Ciudades que en el pasado reciente no tenían problemas de congestionamiento vial, hoy es un verdadero problema. Semana Santa en Puerto Vallarta es un perfecto ejemplo: Mover a la familia desde un hotel hacia el malecón, puede tomar, dependiendo de la hora y el tránsito, más de 30 minutos.

Cada vez somos más los que coincidimos con la frase del señor Gustavo Petro, alcalde de Bogotá: “Un país desarrollado no es el lugar donde los pobres tienen coches, sino donde los ricos usan transporte público”.

En muchos países europeos la bicicleta tiene prioridad sobre el peatón. Las ciclovías están marcadas y hay respeto a éstas, tanto de peatones como de automovilistas. La conectividad bicicleta-transporte público, tiene un magnífico ejemplo en la cantidad de espacios destinados para depositar temporalmente las bicicletas en las estaciones del tren.

En nuestro país, cualquier proyecto público, conforme los reglamentos de construcción, deben considerar una cantidad de cajones de estacionamiento. Ello, efectivamente, incrementa el uso del automóvil al tiempo que encarece el precio del mismo proyecto constructivo.

En el caso específico de la mega-urbe (no me atrevo a decirle ciudad a un conglomerado que ya rebasó la definición misma) del Distrito Federal, el uso del automóvil es casi una obligación por muchos motivos: Seguridad y transporte oportuno, por citar unos puntos.

Es momento propicio de reflexionar sobre el uso del automóvil. Posiblemente, estemos llegando al momento en que el transporte público se mejore sensiblemente y entonces, una mayor cantidad lo utilicemos. Por lo pronto, empieza a cobrar fuerza el movimiento de usar el transporte público, como opción que otorga libertad precisamente durante el momento del transporte, para el uso del móvil, leer, conversar, entre otros, además de que una evaluación global de costos anuales, revelan que es más económico cubrir el precio del transporte público en comparación con asumir una fuerte depreciación y otros gastos (como el seguro) que implican el poseer y usar un automóvil.

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