Gestión Pública


Desarrollo y subdesarrollo

Alex Casarrubias García.-

Una plática inolvidable con compañeros de trabajo hace casi 30 años, abordamos el tema de la situación específica del crecimiento económico y el desarrollo de nuestro país. Estábamos en plena cuesta de la recuperación de una severa crisis que había iniciado en 1982, aquella que quedó plasmada con la frase: “¡Ya nos saquearon! ¡No nos volverán a saquear!”.

Conformábamos un grupo que se interesaba por abordar temas y ser muy respetuosos con las opiniones. Plática rápida, de café y almuerzo frugal y por tanto, concreta, por aquello de la “tiranía del tiempo” que hacía que nuestros comentarios fuesen muy puntuales.

“¿Por qué enfrentamos esta crisis económica y política?”, esa fue la pregunta formulada. La voz de uno de los de mayor edad citó al filósofo de Güemes: “Estamos como estamos porque somos como somos”. Silencio, interrumpido solamente por la cafetera que estaba a punto de indicarnos que faltaba poco para que nos otorgara esa maravillosa bebida tan socorrida durante las mañanas.

Luego de ese rápido round, el breve silencio lo interrumpió un compañero que es antropólogo: “Nuestra organización de Estado no ha generado un paradigma que rompa la especificidad de desarrollo y subdesarrollo, o mejor dicho, creemos que el subdesarrollo es la fase anterior del desarrollo pero realmente es el resultado mismo del desarrollo”. Aquella plática fue a principios de 1985 y aún está vigente la pregunta que motivó diversas opiniones.

Hoy, nuestro país tiene un marco jurídico muy robusto, todos los rubros posibles. En los 80’s, las elecciones eran organizadas desde el poder Ejecutivo y ahora tenemos un organismo nacional responsable de los procesos electorales; sin embargo, el desarrollo de nuestro país ha generado que se incremente la brecha entre ricos y pobres.

Conforme el documento “Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México”, nuestra sociedad vive un marcado desencanto por los efectos de la democracia. Ahora se habla de ciudadanizar los procesos electorales, pero, para empezar, la legislación misma se incrementó considerablemente con la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, toda vez que la base es la desconfianza, la misma que la propia ciudadanía opina sobre posibles acciones para “blindar” las elecciones de 2015.

Estamos a unas semanas del inicio de las precampañas y la pregunta que deberán responder los que se registren como precandidatos a algún cargo de elección popular, es sobre desarrollo y subdesarrollo. ¿Cómo redistribuir la riqueza de este país?, ¿cómo apoyar a los grupos sociales de mayor vulnerabilidad para que generen acciones que les permitan mejorar sus condiciones de vida?

Por lo pronto, el desencanto de la sociedad en la frágil democracia mexicana, está siendo atacado con una robusta legislación que generó un sistema electoral nacional que le representan elevadísimos costos, aunque la mayoría de los municipios de México enfrentan severo endeudamiento y por tanto, muy limitada capacidad de respuesta. Muy seguramente la sociedad civil ya tiene sus propuestas para las elecciones de 2015. Lo deseable: Que los candidatos (independientes y de partidos) empaten esas aspiraciones sociales y concreten propuestas creíbles que permitan la gobernanza con mejor calidad de vida y por tanto aspirar a otro nivel de desarrollo igualitario. Lo factible: Elecciones en las que el gran enemigo será el abstencionismo y el voto duro, como una forma de expresión de nuestra sociedad civil por los resultados mismos de nuestra democracia tan analizada nacional e internacionalmente.

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