Se quiso desaparecer la elaboración del vino de cocos, proceso importado de las Filipinas
Siempre asociamos inmediatamente en nuestra mente a las costas con arena, sol y palmeras, y por lo tanto, pensamos que en nuestra región siempre hubo palmeras de coco; pero no fue así. Había, desde luego, otro tipo de palmeras de la familia de las arecaceae, pero lo que es la cocotera, de nombre científico cocos nucífera, cuyo fruto es el coco de agua, no era conocida. Una vez importada y aclimatada, se ha hecho característica de nuestros paisajes costeros, y sus hojas, tronco y nuez, un fruto que se aprovecha de múltiples maneras.
ARRIBAN LAS PRIMERAS PALMAS DE COCO EN 1569
Fue en el año de 1569, un 23 de enero, para ser más exactos, que el marino español Álvaro de Mendaña de Neira, arribó al Puerto de Santiago de la Mar del Sur, proveniente de las Islas Salomón en Oceanía. Atravesó el Océano Pacífico en sus embarcaciones a vela para arribar al Nuevo Mundo a la altura de las Californias para luego ir bordeando el litoral, hasta llegar aquí.
La expedición de Mendaña tocó tierra primeramente a través de la nave capitana, Los Reyes, en muy mal estado, con toda la tripulación enferma de escorbuto por no comer alimentos frescos y además, incluso con amenaza de un motín. Una vez en tierra estos problemas se conjuran, y los marinos ven a nuestra tierra con un paraíso, sobre todo porque los pobladores los reciben con los brazos abiertos, proveyéndoles de gallinas, frutas, verduras y carne de cerdo, además de la posibilidad de proveerse de agua dulce en abundancia del arroyo cercano.
Poco después, el día 25 de enero, o sea, dos días después, llega la nave almiranta de la expedición, la Todos los Santos, al mando del propio Mendaña, cuya tripulación se lleva la misma grata impresión. Tras descansar, reparar las embarcaciones y reponerse de su salud, los marinos de Mendaña, ya en el mes de febrero, deciden regalarles a los pobladores las semillas de la palmera de coco de agua, de la que habían hecho provisión en abundancia en las Islas de Salomón, y con las que traían repletas las bodegas.

Palmares de Manzanillo.
FILIPINOS ENSEÑAN A COLIMA A PREPARAR TUBA, VINO DE COCOS Y APROVECHAR LA PALMERA
Es así como el coco arriba a Colima a través del Puerto de Santiago, y desde ahí se esparce a toda la Nueva España y Norteamérica en general. Ya para entonces, las embarcaciones hispanas que hacían comercio entre la Capitanía de las Filipinas y las costas del Pacífico mexicanas, dentro del territorio de la Nueva España, trajeron desde principios del Siglo XVII a muchos trabajadores filipinos o indios chinos, los cuales enseñaron a los colimenses diversos usos de la palmera de coco y su fruto.
Es así como se empieza a elaborar la tuba y el vino de cocos. Para el año de 1608, se reporta que la venta de vinos españoles había decaído en gran manera la venta de vinos españoles y europeos en general, pues los novohispanos preferían el vino de cocos.
DICTAMINAN TALAR LOS PALMARES DE COLIMA COMO MEDIDA PROTECCIONISTA
Esto preocupó en gran manera a las autoridades mexicanas de aquella época, empezando por el Virrey, pues lo podía afectar en su posición con respecto a la metrópoli; es decir, con Madrid, España, y la corona en especial. Es por esto que, ante tal realidad, se decidió el 29 de marzo de 1610 prohibir de manera tajante la elaboración y venta del vino de cocos, en todo lo que era la región de Colima en la época de la Colonia, lo cual fue una medida que preocupó a la población, principalmente a los productores del destilado de coco.
Para reforzar esta medida, el 9 de agosto de 1612, el Virrey ordenó la tala de todas las palmeras para así evitar que se siguiera elaborando esta bebida de origen filipino o indio chino, en lo que fue un acto proteccionista a favor de los vinos de uva. Como pretexto se dice que los palmares impedían hacer una defensa más eficaz de la costa ante las constantes incursiones de los piratas.
GANAN JUICIO VECINOS DE COLIMA Y LOS PALMARES PERMANECEN INTACTOS
Se hace una investigación y un juicio para ver la procedencia de esta ley, ante las quejas de los que cultivaban el coco y las palmeras, y para ello, toma gran relevancia el testimonio que hace el anciano español Sebastián Vera, quien se presenta en esta querella haciendo un relato detallado de su vida en la Provincia de Colima, en el cual relata cómo nos llegó la palma de coco de Oceanía en la expedición de Mendaña y la manera que se arraigó y prosperó su cultivo y aprovechamiento.
En vista de tales argumentos, la mencionada tala no se hizo, y de esa forma es que siguió habiendo cocos y palmeras en Manzanillo. Fue así como hace cuatrocientos doce años, estuvo a punto de desaparecer la palmera de coco de agua de nuestra geografía.