Fue destruido por los embates del ciclón del 59
Allá por los años 40 y 50 del siglo pasado, Manzanillo empezaba a descollar poco a poco, con muchos esfuerzos, como un pequeño puertecito del litoral del Pacífico, enclavado en la costa del pequeño estado de Colima.
POCAS OPORTUNIDADES PARA LAS MUJERES
Si para los varones eran pocas las oportunidades de prepararse y progresar, las opciones educativas de las mujeres eran todavía menores, así como las buenas posiciones de empleo, en un mundo donde la liberación femenina ni siquiera era conocida en su definición. La mayoría de ellas cuando mucho podían cursar la educación primaria.
Es por ello que se recibió con mucha esperanza y satisfacción a una escuela particular atendida por docentes religiosas de la orden del Verbo Encarnado, que instaló su plantel al final de la Calle José María Pino Suárez, conocida entre los porteños como la Calle Nueva.
AL FONDO DE LA CALLE NUEVA
Esta se pudo abrir, rellenar y terraplenar en parte con los escombros y materiales resultantes del abatimiento con cargas de dinamita del Cerrito de la Ciudadela, el cual permitió conectar la calle Carrillo Puerto con la Diagonal Corregidora, hoy conocida como Joel Montes Camarena (La Pedregosa). Posteriormente, entre los años veinte y treinta se fue abriendo la calle Pino Suárez en las faldas del Sector 2, lo cual se inauguró en 1937 por parte de Carlos Magallón Barreda. Quien fue presidente municipal de 1937 a 1938.
Pues, al fondo de esta nueva vialidad que los porteños bautizaron como Calle Nueva, en una zona abandonado empotrada en el Cerro entre el Sector 1 y el 2, en unos terrenos sin uso y abandonados, abrió sus puertas una escuela particular para mujeres, atendida por religiosas, la cual tomó el nombre de Colegio Instituto Victoria.
Se decía de este lugar que era atendido por excelentes docentes, aunque muy estrictas, todas ellas monjas, y destacaba muy en especial la directora Mastache Parra, que era una religiosa originaria de Morelos la cual era de gran belleza, según recuerda una de las alumnas de este colegio femenino, Sonia Asencio.
PRIMARIA, SECRETARIADO Y CONTABILIDAD PRIVADA
En este plantel privado estudiaban las hijas de algunas de las familias más destacadas del puerto, egresando muy bien preparadas, por lo que fácilmente podían encontrar trabajo en las primeras agencias navieras que se instalaban en Manzanillo por aquellos años.
Primeramente, estudiaban ahí la educación primaria, y posteriormente educación de academia para la formación laboral, con enseñanza de mecanografía y taquigrafía. También se cursaba la carrera de Contadora Privada. Toda la enseñanza estaba certificada por la Secretaría de Educación Pública.

Calle Nueva o Pino Suárez y al fondo el Instituto Victoria.
UNA GENERACIÓN DE OFICINISTAS EGRESADAS DE SUS AULAS
Así empezó a aumentar la oferta educativa de estos conocimientos administrativos, junto con la afamada Academia Comercial Excélsior de Basilisa Ruvalcaba Pizano.
“Ahí en el Victoria estudiaron mis hermanas Claudia Rosa y Yolanda García Pirsch”, recuerda el Lic. Carlos Roque García Pirsch.
Entre las alumnos que egresaron de esas aulas a finales de la primera mitad del siglo pasado estuvieron, entre otras, Silvia Solórzano, Delia Ramos, Emma Lau, Rosa de Lima Carreón, Matilde Enciso, Alicia Mandujano Contreras, Ana Teresa Macchetto, Dora Alicia Catetos y María Rosario Ávalos Leyva, recuerda Yolanda Tortoledo Santillán. La Maestra Edith Sánchez, aunque no estudió ahí, sí recuerda que por esta escuela pasaron Antonieta Medrano, Eva Silva, Silvia Tolasá y Teresa Bautista.
DESAPARECIÓ TRAS EL CICLÓN
Ella, Tortoledo Santillán, recuerda que estuvo en la última generación que ahí se preparó, pues, cuando el sumamente poderoso Ciclón del Pacífico de 1959 destruyó a Manzanillo. Esta escuela estuvo entre los edificios afectados en grado sumo, por lo que, al no poderse costear las reparaciones necesarias para que pudiera continuar funcionando, se optó por cerrar la institución privada.
Recuerda Arturo Orduña que los terrenos y las ruinas de aquel edificio rápidamente fueron invadidos por otras personas, quienes reconstruyeron y se apoderaron de esos predios, y se quedaron a vivir ahí; el Colegio nunca regresó, ni se reubicó en otra dirección.
Menciona que años después se puso otra academia encima del negocio de su familia, la Casa Zeny, en las faldas del Sector 1 o Barrio de El Vigía, que se llamó Instituto PAL.
Muchas de las porteñas que estudiaron en este instituto acostumbran reunirse cada año en el Club Náutico con un tecladista que les ameniza la comida y festejo, así como en fechas especiales, como Día de Reyes y del Amor y la Amistad, y también acostumbran hacer un desayuno mensual.
Muchos datos para la preparación de este reportaje me fueron asequibles gracias al apoyo en las investigaciones de la Maestra Edith Sánchez Murguía y a los datos aportados por la señora Sonia Asencio, quien junta a sus hermanas también pasaron por las aulas del recordado Instituto Victoria.

Pintura al óleo de la Calle Nueva en 1939, por el gran pintor Alfredo Zalce.