Homilía: Amor a Cristo y entre nosotros


Antonio Flores Galicia.-

Es importante lo que nos dice san Juan: “Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios… El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor… Él nos amó primero y nos envió a su Hijo (Cristo), como víctima de expiación por nuestros pecados” (1 Jn 4). Recordemos, la palabra “amor”, en tiempo de Cristo, no era sexo, era estar con la persona amada en las buenas y las malas, diríamos: ¿Qué le daré, qué ocupa? Entonces, preguntémonos: ¿Qué le daré a Dios y al prójimo?

Dios no hace distinción de personas. En las lecturas de hoy, tenemos lo esencial de un acontecimiento, que el Señor ha escuchado sus oraciones y ha visto su generosidad; es necesario hacer venir a Pedro. Pedro llega a la casa del centurión, entra en su casa, acepta la hospitalidad. Esto, para un judío, es un caso gravísimo. Pero, este pagano, es hombre piadoso que se muestra generoso con los judíos. En realidad, Cristo ha manifestado su voluntad y Pedro la expresa revelando la amplitud de la salvación¸ es el argumento de su discurso: “Ahora caigo en la cuenta que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere”. Los otros judíos se admiraron de cómo Dios ayudaba también a los judíos. Aunque seamos personas que hemos sido malos o no hemos creído en Cristo, si nos arrepentimos, nos dice: ¿Qué quieres que haga contigo?

Aunque hasta hoy hayamos sido malos, aunque ni a misa vamos, nos burlemos de los que van y dan catecismo, no confiesan ni comulgan; aunque estés inscrito en otra religión; si te arrepientes e inicias a estar con Cristo, Él te acepta y te dice: Ven bendito de mi Padre, ¿qué quieres que haga contigo? Cristo es diferente a como muchos creen. Recordemos lo que le dijo a la mujer adúltera que la iban a matar a pedradas por pecadora: “¿Nadie te ha condenado? Tampoco yo te condeno. Vete en paz y no vuelvas a pecar más”. Por eso me molesta que se haya desvirtuado en muchas parroquias el auténtico estar con Cristo: Cantos, procesiones, dinero, letreros, etc. y se descuida la conducta. Importa mucho: ¿Quién soy? Cuánto se tiene que pagar para que den a Cristo.

El que no ama, no conoce a Dios. Para conocer a Dios, es necesario amar. Para el creyente, se trata de sintonizarse profundamente con Dios. Es la conexión entre lo que se cree y lo que se vive. Dios es la fuente de amor, esto es importante para el creyente que acoge el amor de Dios y se empeña en amar a los hermanos. Tenemos aquella expresión: “Ama y haz lo que quieras”. Porque quien ama a otro solamente busca aplicar aquella pregunta: ¿Qué le daré por todo el bien que me ha hecho? Por eso se dice que a la persona que ama ni siquiera hay que pedirle, pues en él siempre está esta pregunta: “¿Qué le daré”. Si tú no te haces esta pregunta ante Dios y los demás, no es cierto que les  amas. Lo único que preocupa al que ama de verdad, es: Dar.

Examinemos cómo está actualmente nuestra sociedad, las familias, los grupos. Cuántas veces entre los compañeros es con quienes menos amistad encontramos, sea en las parroquias, municipios y estados del país. Es triste que donde se promueve el culto católico, donde están los partidos de un estado, municipio o país, sea conde más falta la amistad. Cuánto se puede decir de los esposos y familias, de los compañeros de escuela, de los grupos parroquiales. Y, lo peor, esto que estoy escribiendo se dirá que no es cierto; pero de que es verdad, lo es. No escribo pruebas, me iría mal o me dirían: ¿Quién te está preguntando? Mejor invito a que los más posibles hagamos un esfuerzo por preocuparnos en “amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos”.

Cuánto falta actualmente el amor, la comprensión, la ayuda entre nosotros. Porque ha crecido la soberbia, aumentó la envidia y la ambición. Aumentan los inventos para obtener más dinero, mejores puestos, valer más  que los demás. Y, el mayor problema, aceptar que esa no es conducta correcta ni lleva al mejoramiento personal y social. Tengamos en cuenta la expresión: Ámense los unos a los otros. Que haya amor a Cristo y entre nosotros.