Homilía: Cumple la voluntad de Dios


Antonio Flores Galicia.-

La Biblia nos dice que los bautizados formamos la familia de Dios. Y la familia de Dios está en lucha constante entre el hombre y Satanás, como sucedió desde los comienzos de la humanidad, cuando le dijo a Adán: “No coman de este árbol”. Era una prueba. Tenían que luchar Adán y Eva contra la invitación de Satanás: No hagan caso, serán grandes, importantes, van a conocer y dominarlo todo. Adán y Eva prefirieron sus gustos y conveniencias e hicieron a un lado la orden de Dios.

   Dijo Dios, “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Dios es espíritu y toma la materia que necesita para estar en contacto con el hombre, nosotros somos materia con espíritu y debemos gobernar nuestros actos con el espíritu. No advertimos que podemos llegar a ser hasta esclavos de nuestra materia. La inteligencia, nos dice muchas veces que no hagamos alguna cosa, como Dios les dijo a Adán y Eva; pero la materia de nuestro cuerpo nos puede decir que hagamos lo que conviene a nuestra materia: Róbatelo, mátalo, no vayas al templo, no te confieses ni comulgues, puedes valer y ser muy importante, tener mucho dinero, ser gobernante. Allí está la persona: Sí – No. Dios nos dice que hagamos algo y la materia que no. Allí está  la persona.

   Adán y Eva, después de no haberle hecho caso a Dios, se culparon y disculparon uno y otro. Dios actuó ante ellos, demostrándoles que valía más que el Demonio y que las personas somos su imagen y semejanza, pero que vale más que nosotros, que nos conviene obedecerle y hacer siempre su voluntad; que seremos castigados por no hacer lo que debemos. Cierto, hay Dios y el Demonio, pero nos conviene obedecer y estar con Dios, pues nos da todo lo que necesitemos y nos ama. Hay el Espíritu del Mal, Satanás, disgustado porque Dios no le perdonó su actitud soberbia le hizo el Infierno para que fuera su reino, reino del castigo, de sufrimiento, por no haber obedecido a Dios y sí a Satanás: “Les conviene, serán conocedores del bien y del mal, serán grandes”.

   Así son las cosas. Cada persona es libre de su conducta. Todos los días tenemos invitación a hacer lo que pide Dios o lo que pide Satanás; lo que quiere nuestra materia y la sociedad en que estamos, lo que pide nuestro cuerpo y conveniencia material o lo que nos pide Dios por medio de nuestro espíritu. Eso es la libertad en la persona. Dios no obliga: invita, nos quiere, es un padre bueno.

   Creó al hombre y a la mujer para que fueran fecundos, se multiplicaran, poblaran la tierra y la sometieran; les dio autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre todo ser viviente que se moviera en la tierra. Les dijo que se alimentaran con toda clase de plantas y semillas, con los  árboles frutales y los animales salvajes. Fue tan bueno con todos, que “vio que todo cuanto había hecho, era muy bueno”.

   Así son las cosas. Por eso, recordemos: “No tienes, porque no pides”; “yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos”. Somos la familia de Jesús, la Iglesia es su casa. Pero, cuánta equivocación llega por no hacer la voluntad de Dios y sí hacemos lo que nos pide Satanás. No dominamos la materia. Creemos que haciendo nuestros gustos seremos conocedores del bien y del mal, seremos como dioses. Hasta decimos: Si no quiero, quién te está  preguntando, estas leyes no me convienen, este candidato me va a dar un buen puesto y ganaré mucho dinero; esta mujer me conviene; me van a dar buen dinero si mato a ése; voy a ser famoso. Así las cosas.

   Te conviene cumplir la voluntad de Dios. Serás actante perfecto en el bien y el mal. La doctrina de Jesús, destruye las herejías, corrige a los perversos, refuta a los infieles, desenmascara a los hipócritas, castiga a los malos, custodia a la Iglesia: Al que está con Dios, nada le falta. Por eso, te invito a que cumplas la voluntad de Dios, lo tendrás todo, se resolverán tus problemas.