Homilía: Eres templo de Cristo


Antonio Flores Galicia.-

Jesús encontró en el recinto del templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, a los que cambiaban dinero. Hizo un látigo de cuerdas y expulsó a todos del templo, esparció las monedas de los que cambiaban dinero y les volcó las mesas. Los expulsó a todos y les gritó: Saquen todo eso de aquí y no conviertan la casa de mi Padre en mercado.

Fue importante esta actuación de Cristo y es mucho lo que debemos utilizar esta actuación de Cristo. Admira, porque siempre perdonaba y aconsejaba, esperaba y ayudaba. En este caso actuó con demasiada fuerza y hasta dándoles chicotazos. Lo que indica que se trataba de algo tremendo. El celo de la casa de su Padre le devoraba. Una casa para la oración, para el culto, convertida en un mercado. Les demostró que no era un hombre cualquiera y que poseía la misma autoridad y potencia de su Padre, del Dios para el que construyeron ese templo y al que decían dar digno culto.  Destrúyanlo y en tres días lo levanto. Ellos habían utilizado 46 años.

Queda claro: Cristo les demuestra que es Dios; que nosotros valemos mucho porque somos templo de Dios; está actuando porque sabía que su cuerpo era templo de Dios. Cristo es grande y los que aceptamos a Cristo también somos grandes. El templo era el corazón del  pueblo judío y estaba sufriendo mercantilismo, un mercantilismo que año con año iba creciendo como un tumor canceroso. Se estaba utilizando la religión para el negocio, pues había muchos intereses por parte de la casta sacerdotal, de los mercaderes cambistas. El templo judío tenía que ser un lugar de encuentro con Yahvé (así llamaban a Dios) y les está diciendo que la casa de Dios sólo debía abrirse para el pueblo escogido. Se había quitado lo verdadero y se llenó de desviaciones.

Urge que analicemos nuestra actuación. Somos templos de Dios desde el día que fuimos bautizados; nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. Por eso urge que veamos si no hasta destruimos ya ese templo yéndonos a otras religiones, descuidando nuestra actuación. Cuántos hasta se han preocupado grandemente por el templo material de su pueblo o colonia y su conducta es perversa. Cuántos se preocupan por el adorno de sus templos y de sus imágenes, pero llevan una vida materializada y hasta escandalosa. Muchos imaginan que con ir a peregrinaciones, con tener muchas imágenes en su casa, con fiestas lujosas a los santos, ya están cumpliendo como “templos de Dios”. Urge examinar nuestra conducta cristiana.

Es bueno que nos examinemos, para ver si después de recibir sacramentos, como la confesión, el matrimonio, el sacerdocio, ya somos fuente de prácticas, digna de un templo de Dios. Que esta Cuaresma no sea como tantas que has celebrado, siguiendo una vida conforme a la doctrina de Cristo. Examinemos cómo está, si ocupa reparaciones y pintura: Tu vida familiar, la conducta de esposos y padres de familia, la actuación de joven, en tu trabajo o negocio, etc.  Pregúntate: ¿Cómo está este templo, no ocupa reprción?