Homilía: Haz el bien, te conviene


Antonio Flores Galicia.-

El evangelio de este domingo, nos aclara la importancia de nuestra conducta. Muchos católicos se preocupan por rezos, cantos y peregrinaciones. Me vinieron a la mente el cuento de Juan Rulfo, “A Talpa”, asuntos que he tratado y conductas de católicos. Cristo nos dice algo referente a nuestra actuación actual. Últimamente se ha degenerado mucho. Se ha convertido a la religión en un “modo de vivir convenenciero”. Por eso hay tantas “religiones” actualmente. Detrás están conveniencias. Hasta a Cristo se le predica convenencieramente, buscando fama y dinero. Pero, hasta decirlo es peligroso. Cuánto recuerdo aquello: “¿Quién te está preguntando?” y aquella otra que manifiesta la degeneración a que se llega: “Destruyan todo lo que hizo, que no quede huella”. Es el peligro si no se vive la verdad. Por eso hoy Cristo nos pide que cuidemos nuestra actuación.

Dios, no envió a su propio Hijo para juzgar y condenar al mundo, sino para proponer a la humanidad

su vivir como hermanos. Qué se debe hacer o qué se ha de corregir, es asunto de cada persona: debe ver cada uno cómo está actuando ante los demás y qué le está dando a Dios. La doctrina de Cristo puede ser aceptada o rechazada, todos somos libres. Pero, estudiando y reflexionando, nos damos cuenta que es conveniente actuar como Cristo nos dice. Te conviene creer en Cristo y actuar como te pide. Pon como centro y mayor preocupación el actuar: No hacer el mal a nadie, hacer el mayor bien posible a los demás y estar con él. No vino a condenar al mundo, sino a salvarlo.

Más que críticas y lamentos por las maldades de los demás, preocúpate por ser amigo y ayudante de los más que puedas. Si no se corrigen, es asunto de ellos. El que está con Dios, sale ganando. El que sólo piensa en él y su conveniencia, termina sufriendo, debe vivir sólo cuidándose y al morir ni un pañuelo se lleva. Por eso, aumenta tu fe, fortalece tu voluntad, arrepiéntete de tus pasadas equivocaciones; haz oración, pero no olvides la necesidad de cuidar tu actuación; cuida tu inteligencia y tu actuación de incredulidades y conveniencias. No porque las cosas que haces sean buenas ya por eso automáticamente te vendrá el bien, urge ver quién eres y por qué lo haces. En tus buenos actos, no debe haber ambición ni orgullo, delante debe estar la caridad. Examina cómo rezas, por qué y para qué rezas.

Recordemos que Cristo no vino a inventar ni a decirnos qué hiciéramos, sino cómo lo hiciéramos. Por eso es urgente el examen de nuestra actuación. No solamente digamos, voy a rezar, voy de peregrinación, sino cada uno de nosotros responda: ¿Por qué lo hago, qué pretendo con esto?, igual cuando des caridades y ayudas.  Urge estar fuertes en la fe y firmes en nuestra voluntad. No prefiramos las tinieblas a la luz, o sea, la mentira convenenciera a la verdad. No ayudemos por conveniencia, sino por caridad, por amor al prójimo. Si te hacen el mal, no te entristezcas, Dios lo ve todo y pronto te ayuda. Al dar caridad, que sea para ayudar, cuidado con limosneros perversos.

Vivamos nuestra Cuaresma con una entrega generosa y fe viva. Cristo, quiere que el pecador se convierta y viva, que vuelva a él. Cristo escucha las oraciones de todos; pidámosle que tenga misericordia de su pueblo, que nos purifique e ilumine, que nos renueve en el espíritu. Es urgente su actuación en esta iglesia que hemos degenerado. Y, lo peor, no aceptamos la responsabilidad que tenemos por esta iglesia que hemos hecho. Muchas cosas paganas las hacemos y vivimos como buenas, porque nos convienen. Adelante. Al que está con Dios, nada le falta.