Hormigas recuerdan malas experiencias y son rencorosas


Estudio demuestra que las hormigas recuerdan a sus enemigos y ajustan su agresividad basándose en experiencias previas, un hallazgo que desafía la noción de que estos insectos solo actúan por instinto.

Un estudio revela que las hormigas tienen la capacidad de recordar encuentros negativos con enemigos y ajustar su agresividad en función de esas vivencias, desafiando la idea de que solo actúan por instinto
Un sorprendente descubrimiento ha revelado que las hormigas, seres cuya conducta siempre se ha considerado instintiva y preprogramada, poseen una capacidad mucho más compleja: pueden recordar experiencias negativas y guardar rencor hacia sus enemigos. Un experimento científico publicado en la revista Current Biology demuestra que estos insectos utilizan un aprendizaje asociativo para ajustar su comportamiento defensivo según las experiencias previas.
El estudio, realizado con hormigas negras de jardín (Lasius niger), indica que las hormigas recuerdan las etiquetas olfativas de las “no-compañeras de nido” y reaccionan con mayor agresividad hacia ellas en futuros encuentros. Estos hallazgos desafían la noción de que las hormigas solo responden a estímulos inmediatos y no aprenden de sus vivencias.
El investigador principal, Volker Nehring, de la Universidad de Friburgo, explicó que este mecanismo de “efecto vecino desagradable” se basa en un proceso de aprendizaje, donde las hormigas asocian olores específicos de sus atacantes con experiencias negativas, lo que incrementa su agresividad en interacciones posteriores. A través de varios experimentos, se descubrió que las hormigas expuestas repetidamente a los mismos enemigos mostraron respuestas mucho más agresivas, especialmente cuando las interacciones fueron distribuidas a lo largo de varios días.
“Este aprendizaje no solo permite a las hormigas identificar a sus enemigos, sino que también las prepara para una respuesta más rápida y eficiente en el futuro”, explicaron los investigadores. Además, los factores ambientales, como el tipo de suelo y la dieta, influyen en las diferencias químicas entre las colonias, lo que afecta la intensidad de la agresión. La competencia directa por recursos entre colonias cercanas genera una agresividad mayor, lo que es más evidente en las hormigas vecinas.
Un aspecto interesante del estudio es que no solo las hormigas de tareas específicas como las forrajeras, que interactúan más frecuentemente con “extrañas”, muestran mayor agresividad, sino que las experiencias individuales también afectan el comportamiento dentro de la colonia. Esta variabilidad introduce un grado de flexibilidad dentro de sus sistemas sociales altamente organizados.
Los resultados también sugieren que estos mecanismos de aprendizaje podrían extenderse a otros insectos sociales, como abejas y avispas, y podrían tener aplicaciones en áreas como la robótica y la inteligencia artificial, donde el aprendizaje individual contribuye a mejorar el rendimiento colectivo.
Finalmente, los investigadores planean explorar cómo las hormigas adaptan sus receptores olfativos a las experiencias previas, lo que podría ofrecer nuevos insights sobre la memoria olfativa y el comportamiento social en estos insectos.