Indígenas viven en condiciones lamentables


Germán Ramírez Ríos.-

Si pensábamos que los tiempos de explotación  y algo similar a la esclavitud a los seres humanos, había quedado atrás, es claro que no, en pleno siglo XXI, era de los grandes avances tecnológicos, más de 50 personas originarias de Ometepec, Guerrero, que viven en hacinamiento en El Chavarín  y en condiciones infrahumanas, sobreviven a base de la cosecha de chile ganando como mínimo 100 pesos al día.

Hombres, mujeres y niños tienen más de tres años viviendo en un lote baldío ubicado entre el aeropuerto Playa de Oro y El Chavarín, en casas hechas con madera y plástico y su manera de sobrevivir es través de la recolección de chile.

Estas familias cocinan en fogones hechos en el suelo y a base de leña, para realizar sus necesidades fisiológicas acuden a un monte aledaño. Comparten un baño para aseo personal al igual que un lavadero, así como también toman agua de la llave.

Los niños presentan problemas de salud, debido a que andan descalzos y “encueraditos”, carecen de ropa abrigadora para este invierno que se ha presentado crudo y que pronostican el frío durará más tiempo de lo indicado.

Por la cercanía que tienen con Oaxaca hablan en dialecto mixteco, y el día de ayer este medio informativo con la intervención de Bernardina Hidalgo Comonfort, quien es comisionada por parte de Sedecol, como vocal del Consejo Estatal de Indígenas, pudimos entablar una conversación con ellos, a través de la traductora Angela Castillo, quien refirió que estas personas pagan por el uso de suelo y los costos varían desde $400 hasta 1, 800 pesos.

Todos trabajan  de sol a sol en la cosecha de chile y les pagan a diez pesos la arpilla y por lo general una sola persona  con experiencia arma diez arpillas al día lo que equivale a ganar 100 pesos.

Con esta cantidad sólo pueden aspirar a comer frijoles y tortillas y si bien les va una rebanada de queso, la carne lejos está de su menú.

A simple vista se constató que los niños por esa mala alimentación tienen  el estómago abultado y están ojerosos, resulta hasta ofensivo que no tengan acceso a una unidad de salud que los atienda.

Para curar sus enfermedades, utilizan remedios prehispánicos, los adultos han construido una especie de túnel en la parte del cerro, en donde introducen piedras calientes y meten a los enfermos para reactivarlos.

Por otra parte las recientes lluvias han dejado pestilentes aguas estancadas, lo que será el lugar idóneo para la reproducción del dengue.

Son valientes o mejor dicho están curtidos por la vida para soportar grandes penalidades, pues han soportado con entereza este invierno, no obstante en estos momentos tienen un enfermito de nombre Porfirio, por lo que piden a las autoridades que vuelvan sus ojos hacia ellos y los ayuden, porque hasta el momento desconocen sin saben de su existencia, nadie les ha tendido la mano.