Juzgar con ojos de mujer y la sensibilidad que esto conlleva


Cuquita de Anda.-

Este escrito se basa en una investigación de varios libros dedicados a las mujeres políticas, como la recopilación de Yoloxóchitl Casas y también la gran escritora Sara Lovera.

Esta es la poderosa razón por la cual deben de existir mujeres en las Supremas Cortes. En el momento que estamos viviendo creí necesario analizar los escritos de feminismo más importantes para darnos una idea de lo que realmente queremos las mujeres.

Hace ya más de medio siglo, Simone de Beauvoir publicó un libro al que tituló “El segundo sexo”, para referirse al papel secundario que la mujer de su época jugaba en las relaciones sociales. Cincuenta años después, una antropóloga de la Universidad de Rutgers, Helen Fisher, publicó un libro al que, en contraposición al de Beauvoir, titula “El primer sexo”, y lo subtitula de una manera muy sugerente: “Las capacidades innatas de las mujeres y cómo están transformando al mundo”.

En la primera de las obras citadas, Beauvoir señalaba que “la polémica del feminismo ha hecho correr mucha tinta y en la actualidad está casi terminada”. Quizá nunca imaginó la dimensión de la polémica desatada a raíz de la publicación de esa obra. En la actualidad, el debate sobre el feminismo, contrariamente a lo expresado por Beauvoir, no se encuentra del todo concluido. Es más, apenas comienza a cosechar sus primeros frutos.

Hoy no se encuentran sujetos a discusión conceptos tales como la naturaleza de la mujer o “el eterno femenino”, ni vivimos las mismas circunstancias que vivieron las pioneras de este debate en los años 50’s.

El tema de las perspectivas de género, actualmente, gira más bien en torno de las diferencias que hombres y mujeres tenemos por naturaleza y a la forma en que nos hemos venido desarrollando en la sociedad atendiendo a nuestra condición genérica. Se centra de igual forma, y ese será el tema que intentaremos desarrollar en esta exposición, en diseñar y aplicar figuras jurídicas adecuadas que garanticen la igualdad de hombres y mujeres.

 

LOS SEXOS NO SON IGUALES

La anterior afirmación parecería obvia si no se hubiera escrito miles de libros sobre esa diferenciación de género, si no se hablara a diario de las diferencias entre hombres y mujeres, si el debate sobre la igualdad fuera un simple recuerdo de épocas pasadas.

Pero no es así. Las diferencias entre los sexos han sufrido serias variaciones a lo largo del tiempo. Los hombres de hoy no son ni piensan ni sienten o se comportan como los hombres de mediados del Siglo XX. Para muchos de ellos, esa enorme “masa crítica de mujeres maduras con una tradición de rebeldía, independencia y medios propios para ganarse la vida, que no había existido, inasible, incomprensible”.

La diferenciación de roles biológicos y sociales que parten de suponer la imposición de una de las partes implica, casi automáticamente, reconocer que un grupo victima a otro. Es decir, reconocer que las mujeres hemos sido víctimas de imposición en los roles esenciales de la vida es ya reconocernos en una situación desfavorable que provoca nuestra desigualdad.

Después de décadas de lucha por la igualdad de género, las mujeres seguimos asumiéndonos minoría, aunque no lo seamos. La igualdad es todavía, para muchas de nosotras, un proyecto a futuro, un buen deseo, un anhelo. Sin embargo, esto solamente es, en mi opinión, una falsa perspectiva de género.

Todos los espacios conquistados por las el género femenino han sido fruto de una lucha incansable de muchas mujeres empañadas en lograr mejores condiciones de vida para ellas y los suyos.

Sin embargo, en mi opinión, esa lucha se ha complicado precisamente por esa falta de perspectiva de género a que me he referido y por una deficiente aplicación del derecho en defensa de las mujeres de México.

Y es que la mujer no necesita recuperar un poder que nunca ha cedido; porque -y aquí coincidió con la opinión de algunos estudiosos del tema- lo que se ha hecho es coseleccionar arreglos sociales de acuerdo a la época que se vive.

Los hombres y las mujeres están recuperando una igualdad que es natural de género pasa necesariamente por el tamiz del derecho y encuentra en él su principal aliado.