La Barca Encantada de la Laguna de Cuyutlán


Existen muchas historias que se entremezclan con fantasía y leyendas con una base de realidad con asiento en nuestra región, como esta que a continuación comparto con los lectores de El Noticiero, la cual tiene como telón de fondo la emblemática laguna de Cuyutlán, y como parte de su trama una de las actividades o vocaciones más importantes de Manzanillo, como lo es la pesca ribereña lacustre.

ACTIVIDAD MUY CARACTERÍSTICA DE NUESTRO MANZANILLO

Dos pescadores se afanaban por sacar de la laguna, un poco más allá de Tepalcates, el sustento para su hogar. El Patas y El Erizo se habían acabado varias cajetillas de cigarros y su piel estaba más tostada que en la mañana, pero el beneficio de su arduo afán era bien poquito. Se sentían un poco desilusionados de la jornada y melancólicos, anhelando regresar a casa.

Desde hacía media hora que ya no platicaban. Atrás quedaron las pláticas que al mediodía habían sostenido sobre sus bellas mujeres, sus extraordinarias mascotas, sus inteligentes hijos, sus pescas asombrosas y muchas fantasías más, propias de los de su oficio.

Hay que decir que, si algo distingue al gremio de los pescadores, es su facilidad para elaborar relatos, y de no ser porque la mayoría no tuvo demasiada instrucción escolar, ya que provienen de los grupos sociales menos favorecidos económicamente, sería sin duda grandes escritores de cuentos y novelas.

Ese día, sin embargo, no se requería que se creara un ambiente especial de misterio, porque, en verdad, algo flotaba en el ambiente hacía rato. Como que fuera a pasar algo. La tarde iba cayendo a gran prisa, y los mangles de las riberas empezaban a metamorfosearse en bestias de largas manos y bocas erizadas de dientes. Entre estos, también se agitaban las hojas de algunos arbustos de manzanillo, muy escasos y sumamente venenosos, por los cuales, nuestra ciudad lleva su nombre.

ROMPIENDO LA CALMA HABITUAL DE LA LAGUNA

El silencio se había apoderado del entorno. Ya no se oían chillar a las garzas ni a los patos buzos. Hasta los caimanes que un poco más temprano se asoleaban en la orilla, algunos de ellos con las fauces abiertas, se habían esfumado de sus vistas de repente.

No lo iban a externar, pero, sin saber porqué, El Patas y El Erizo tenían miedo. Pero no era de machos dejarse dominar tan fácilmente por él. Tenían que seguir como si nada, sin demostrar susto o temor.

De repente, se calmaron un poco al ver aparecer a lo lejos una lancha pesquera que se dirigía hacia ellos, rompiendo el agua. Vieron con más detenimiento y se extrañaron al ver la gran velocidad con que la rústica embarcación se desplazaba. Era como si tuviera motor, pero no se escuchaba el ruido característico. Definitivamente era impulsada por varios remeros muy fuertes.

En pocos segundos, la lancha pasó junto a ellos a tiro de piedra. Al estar a su costado, sus ojos  se abrieron de manera desmesurada al dar se cuenta que nadie iba a bordo. El agua de la laguna estaba estancada quieta, no había ninguna corriente fuerte y sin embargo, parecía como si una correntada súbita arrastrara la barca con gran fuerza, lo cual no tenía explicación alguna.

Ya lo habían escuchado antes. Estaban nada menos que ante la misteriosa Barca Encantada, lancha que ha asustado a los pescadores de nuestra laguna desde tiempo inmemorial.

HECHOS SIN EXPLICACIÓN

Así como apareció, en unos cuantos segundos desapareció de su vista, dejándolos pálidos del susto y con los dientes castañeteándoles. Inmediatamente, El Patas y El Erizo, sin necesidad de ponerse de acuerdo, se regresaron a la ciudad, presas del pánico ante tan tenebrosa aparición espectral.

Se dice que, desde que los primeros españoles y mestizos empezaron a explotar las ricas salinas de nuestro estado, se dieron los primeros encuentros con esta extraña aparición. Nunca nadie supo darle alguna explicación lógica. Al parecer no la tenía, y por lo tanto, tenía que achacarse a hechos sobrenaturales, paranormales.

Hay que decir que en los primeros tiempos en que se reportaron sus avistamientos, ni siquiera existían todavía los motores para lanchas, sino que todas ellas se movían con la fuerza de los brazos aplicadas a los remos.

A LA VERA DE LA LAGUNA

Era así como venían los de Campos atravesando la laguna hasta el embarcadero de Morrill a vender sus frutas y verduras, como la ciruela, el marañón y los mangos, en el pequeño mercadito que ahí se fue formando desde la segunda mitad del Siglo XIX, y que luego derivó en el Mercado Reforma, primer mercado de Manzanillo.

Durante finales de los años setenta, una revista de la capital de la república, Leyendas de la Colonia, recogió en sus páginas esta historia relatada y experimentada en carne propia por los trabajadores de la laguna. Son muchos los pescadores que la han visto, pero hasta ahora, que yo sepa, nadie ha podido explicar su origen o razón.

La pesca ribereña es una profesión tradicional del puerto de Manzanillo, que normalmente se enseña de padres a hijos, y así, va pasando de una generación a la otra. Algunos la ejercen en las lagunas, principalmente la de Cuyutlán, y otros en el mar.

La contaminación de la planta termoeléctrica “Manuel Álvarez” les ha afectado mucho, ya que sus emisiones a la atmósfera caen y se asientan en el lecho lacustre, matando y afectando la calidad del producto que ellos buscan capturar, ya sean peces o camarones. También de la laguna se sacan jaibas, con algunas estructuras de madera hecha a ex profeso o por medio de algunas trampas.

En ocasiones, lo capturado sirve para que la familia del pescador coma, y en otras, cuando lo atrapado en redes y anzuelos es mayor, se vende a las cooperativas, en el mercado o directamente al cliente. Es un oficio bastante difícil, cansado y poco redituable. Muchas veces tienen que trabajar bajo el rayo del sol y por largas horas, y sin embargo, los dividendos son contados o hasta nulos.

Lo cierto es que, por alguna razón después de este extraordinario incidente, El Patas ahora trabaja como mecánico, mientras que El Erizo puso un puesto de tacos, y nunca han vuelto a ejercer el oficio de la pesca.