La leyenda de El Catrín del Pozo en la SCOP, asusta al Sector 1 hace 86 años


-Maldición alcanzó a familia por sus acciones; no quedó un integrante

-Venganza, infidelidad, asesinato y brujería, marcos de gran obra federal

La siguiente conseja del barrio del Sector 1, es un resabio de los trabajos de mejora en servicios e infraestructura que el gobierno federal impulsó en Manzanillo a finales de la primera mitad de la centuria pasada, Siglo XX, que hicieron que saliera de su atraso y marginación desde las partes planas, hasta las altas de los cerros que lo rodean y le dan su peculiar forma a la bahía de Manzanillo y su viejo casco urbano.

Fue durante la administración del Presidente de la República, Gral. Lázaro Cárdenas del Río, cuando se le dio un segundo aire a Manzanillo con muchas acciones y obras, pues mientras que en los tiempos del porfiriato se hizo el rompeolas y los muelles de Manzanillo y se introdujo el tren de vía angosta que nos comunicó con Guadalajara; en los años del cardenismo se estableció su mercado, un magno edificio de oficinas de gobierno federal, se abrieron nuevas calles y se comunicó a la laguna con el mar para sanearla, entre otras obras importantes.

LA EXPLANADA DEL SCOP DEL BARRIO DE EL VIGÍA

Una de ellas fue la realización en 1938 de una explanada en la parte alta del cerro de El Vigía o Sector 1, para cuestiones diversas de índole telegráfica y capacitación, por parte de la Secretaría de Comunicaciones y Obra Pública (SCOP). Como supervisor de obra se trajo a un experimentado empleado del gobierno procedente del estado de Guerrero, así como a muchos empleados procedentes de los estados de Guerrero y Oaxaca, y también se contrató a unos pocos locales.

Hay que decir que esta ha sido una constante por parte de los gobiernos federales subsecuentes, hasta nuestros días, que cuando se hace una gran obra en Manzanillo, en vez de contratar a empleados locales, se opta por traer mano de obra de otras entidades del país, que se considera más barata, no habiendo derrama económica por concepto de obra laboral en este sentido. La explanada con todas sus dependencias, bardas y superficies se llevó a cabo en la parte más alta de los mencionados cerros del Vigía Grande y Vigía Chico, abarcando desde la parte frontal, con vista al centro de Manzanillo, hasta la parta de atrás, con vista hacia las playas de El Viejo y Las Coloradas, estando a poca distancia de los dos puntos de observación de Don Cristóbal, El Vigía de Manzanillo.

EL CAPATAZ CATRÍN

Del nombre y apellido del tal capataz no quedó registro o memoria, más sí de su apariencia y vestimenta, ya que era una persona muy pulcra y elegante, que a pesar del clima cálido y húmedo imperante en Manzanillo, siempre usaba un sombrerito, camisa de manga larga almidonada, pantalones plisados con tirantes, con una cadena con un fino reloj de mano colgando y su pelo envaselinado, lo cual llevó a que rápidamente se le pusiera el apodo de El Catrín, con el que todos lo conocían. El no se enojaba por este sobrenombre, pues siempre trataba de ser amable y educado; pero había un tema con el cual de plano no podía y era el de los celos, pues, aparte de ser una persona insegura, estos aguijones no estaban mal infundados, sino que tenían sus bases en la realidad.

Los antecedentes de su vida en pareja marcaban que en los lugares donde El Catrín había vivido anteriormente, siempre había habido deslices de coqueteos indebido e infidelidades descaradas por parte de su esposa, razón por la que se habían juntado y separado varias veces. Sin embargo, la llegada de una hija parecía augurar para la tormentosa relación de pareja tiempos mejores, de manera que la familia de El Catrín se instaló en una amplia y bonita casa de madera tipo canadiense, ubicada unos metros debajo de la obra del complejo de la SCOP en la cima del cerro, a la izquierda de una gran barda-cortina del cerro y a la derecha del punto de observación de El Vigía, pero varios metros más abajo; esto, ya que los trabajos serían largos, de varios años.

LOS TRABAJITOS DE LA BRUJA Y CURANDERA

Hay que decir que la mujer de El Catrín era bruja y curandera, que utilizaba toda clase de magias, pócimas y mezclas de hierbas para hacer diversos trabajos para sus vecinos. Su marido, laborando en la cumbre del cerro, con solo asomar la cabeza hacia abajo, podía estar al pendiente de lo que sucedía en su casa, lo que, a la vista de los antecedentes en cuanto a la conducta de la mujer, le era bastante importante. La hija de ambos iba creciendo contenta, en un ambiente de verdor natural en la ladera de un cerro con unas vistas magníficas del puerto de Manzanillo. El material necesario para los diferentes trabajos que se efectuaban, necesitaban del concurso de carretas que subían por el camino que ascendía por el costado de la Parroquia de Guadalupe, ya que por entonces, el camino era una brecha irregular de tierra, sin andadores ni escalones, y mucho menos muros de protección por los lados, como hay ahora.

LOS CELOS FUNDADOS

Un día, El Catrín se asomaba hacia la subida del camino, para ver si subía más material que ocupaban, cuando se le hizo muy raro que una persona de los trabajadores de la obra salía de su casa rápidamente y bastante nervioso; por lo que, en vista de los antecedentes de su mujer del tiempo de sus primeros años de casados, bajó inmediatamente la ladera hacia su casa, olvidándose de todo trabajo o responsabilidad. Rápidamente llegó, pues, como hemos visto, la casa se encontraba a muy corta distancia del lugar de trabajo. Como encontró la puerta únicamente emparejada, rápidamente entró, hallando a su esposa en paños menores, lo que era algo bastante extraño a esa hora, ya pasado el mediodía. Le pidió explicaciones, pero ella no pudo decir algo coherente y creíble.

Ese día regresó El Catrín a sus responsabilidades ya bastante malhumorado e inquieto. A partir de entonces puso más atención a todo, y se percató que algo estaba pasando entre un trabajador y su esposa, y los empleados estaban enterados, pues hacían bromas burlescas cuando creían que él no escuchaba o se daba cuenta, por lo que su ira empezó a subir y subir de tono con cada día que pasaba. Uno de esos días se fue a la parte de atrás de la explanada, aquella que tiene la vista a las playas escondidas, sitio donde se estaba construyendo la casa de máquinas y había ya hecho un tanque receptor y almacenador de agua para los habitantes del cerro.

Catrín del pozo: en esta foto se aprecia el escenario de esta trágica historia: En la parte más alta del cerro se observa la Casa de El Vigía; del lado izquierdo se ve la cortina en la unión de los cerros donde se hizo la explanada del SCOP; y finalmente, un poco a la derecha de esta, así como a la izquierda y hacia debajo del sitio de observación de Don Cristóbal El Vigía se puede observar la casa de madera de El Catrín.

SANGRE EN LA SOLEDAD DEL CERRO

No podía pensar en nada más que en vengar su honra mancillada, por lo que metió la mano al amplio bolsillo de su fino pantalón de corte bombacho, y palpó un filoso verduguillo que siempre llevaba escondido, por si era necesario defenderse. Al ver que él y el joven trabajador que había observado salir de la casa de su esposa de forma sigilosa cuando ella se encontraba semidesnuda se encontraban solos, sin pensarlo dos veces sacó rápidamente el arma punzocortante y le cortó el cuello de un tajo. A un costado del tanque de agua había un pozo antiguamente construido, por lo que inmediatamente utilizó un montón de tierra que estaba amontonada por un lado para echarla sobre el pozo y cubrir el cadáver.

No tardó mucho en que se descubriera el cuerpo; pero, aunque se sospechó de inmediato de El Catrín por la infidelidad manifiesta de su mujer con tal persona, no hubo manera de acusarlo y poder probar los señalamientos, por lo que no se investigó mayormente el tema, y las obras siguieron con mayor intensidad conforme se avanzaba, por lo que se contrató más personal; y nuevamente, con tal de conseguir mano de obra barata, se trajeron trabajadores foráneos en su mayoría. Lo que no sabía El Catrín, es que entre los nuevos trabajadores había llegado un hermano del empleado asesinado.

Todos los sábados se acostumbraba que se finalizara temprano la chamba, y los compañeros de obra se juntaban a tomar bebidas alcohólicas, mientras que otros llevaban carnitas. Fue en una de estas reuniones que los compañeros le informaron al recién llegado de sus sospechas en cuanto a la muerte de su hermano, por lo que éste se llenó de resentimiento y decidió que el próximo fin de semana encararía a El Catrín, y lo retaría a golpes y a lo que resultara, ya que no podía dejar pasar así como así la muerte de su hermano.

Y en efecto, al llegar el siguiente sábado, este trabajador se acercó a El Catrín y le invitó unas cervezas, por lo que ambos se apartaron de los demás, subiendo al tanque y empezaron a platicar. Una vez que la bebida etílica había hecho de las suyas, el deudo le reveló al capataz quien era y le reprochó que hubiera matado a su hermano sin darle chance de defenderse, por la espalda, de forma cobarde. Le dijo que su carnal, hubiera hecho lo que hubiera hecho, tenía derecho a defenderse.

Como acostumbraba, rápidamente El Catrín metió la mano al bolsillo, sacando su afilado verduguillo, pero el trabajador velozmente dio un salto hacia atrás, y tomando de las manos a El Catrín le apretó las muñecas con tal fuerza, que le obligó a soltar el arma, que rodó a sus pies. El joven ágilmente evitó un golpe que le lanzó el capataz agachándose, y al levantarse lo hizo con el arma en la mano, que había levantado del piso, y antes que El Catrín reaccionara, ya se la había encajado varias veces, matándolo. Inmediatamente levantó el cuerpo y lo arrojó al pozo. A ese pozo, por ser muy profundo, se optó por echarle tierra y taparlo, y no se reportó la muerte. Luego acudió al sitio el jefe general de la obra buscando al Catrín, porque no se había reportado para nada, como era su costumbre, a lo que los trabajadores respondieron que al parecer se había ido, abandonando trabajo y familia, dolido por las constantes infidelidades de la mujer.

APARICIONES MISTERIOSAS

Al poco tiempo que sucedieron estos hechos, empezó a aparecer una persona misteriosa con todos los rasgos físicos de El Catrín, que por las noches se paraba sobre la cortina del cerro, mirando con tristeza hacia el sitio donde se encontraba su casa. La mujer nunca supo que pasó con su marido, y aunque le guardó luto por un tiempo corto, regresó a su trabajo como curandera y bruja para poder mantener a su hija. En una ocasión, pasados alrededor de tres años, le llevaron a una persona para que por medio de sus técnicas de curación y actos de magia sanara a una persona; pero esta, en vez de mejorar, empeoró y murió, por lo que la familia, enojada por el fracaso, amén del alto cobro que ya les había hecho, la lincharon feamente, mientras que de la hija nada se supo, quedando solamente su casa abandonada por un tiempo.

Por muchos años se veía a la niña caminando por los andadores y callejones del cerro, mientras que en la parte alta se veía al Catrín mirando hacia abajo, hacia donde estaba su casa, muchas veces incluso siguiendo con la mirada al espectro de su hija, que vagabundeaba por el cerro varios metros abajo. Un día, sin embargo, fueron varios los vecinos de El Vigía quienes observaron que, por fin, ambos personajes, padre e hija, se encontraron, cuando la niña subió hacia el sitio donde normalmente se ponía el Catrín a mirar, y este corrió a su encuentro, fundiéndose ambas almas en un fuerte abrazo. Posteriormente, ambos subieron hacia la parte de la explanada, y finalmente, casi flotando más que caminando, en medio de un ambiente vaporoso, se dirigieron hacia la parte del camino que va hacia la playa, donde ya no fue posible seguirlos con la vista. Pero desde ese entonces, nunca más volvió a verse ni a la niña ni al señor Catrín.

Antigua SCOP en El Vigía: En la parte alta del primer cerro que resguarda nuestra bahía existía un centro de capacitación en telegrafía por parte de la SCOP, atenida por Don Moisés Colunga Ibarra, donde aprendieron su oficio los viejos telegrafistas de la ciudad.

UN BARRIO CERRIL CON MUCHA HISTORIA

Esta historia abrevó de los recuerdos de varios vecinos de este popular barrio porteño, especialmente de mi amigo ya fallecido Miguel Milanés Padilla, cuya familia vive en ese promontorio desde hace muchos años, siendo hijo de la señora María Guadalupe Padilla Ringwald. En esa parte se habilitó un aula donde Don Moisés Colunga enseñaba los secretos de la radiotelegrafía, siendo algunos de los primeros alumnos Ramón Corona y Héctor Pineda Lugo. También ahí estudió un hermano de mi madre, Jesús Cisneros Amaya, quien una vez que dominó el oficio, se trasladó a La Paz, Baja California Sur, para trabajar en su recién construido aeropuerto, lugar donde formó una familia, y trabajó hasta jubilarse, por lo que ya no regresó nunca a Manzanillo más que esporádicamente de vacaciones.

El Vigía fue el primer cerro en torno a El Manzanillo que se pobló a partir de 1825, debido a que era el más saludable por su lejanía de la laguna, que en ese entonces era muy insalubre, pues aún no tenía comunicación con el mar.