La maestra Basilisa Ruvalcaba formó personal administrativo durante 70 años


Al frente de la legendaria Academia Comercial Excélsior de 1930 a 1975

Sin duda alguna, cuando se habla de las academias en nuestro municipio, inmediatamente se piensa en la figura descollante de la Maestra Basilisa, quien llenó con su enseñanza toda una etapa, forjando a muchas secretarias, contadores y ejecutivos destacados. Incluso a muchos que luego, gracias a su gran preparación a su cobijo, pusieron una escuela con la que intentaron hacerle la competencia sin éxito. Es hablar de la academia por excelencia, la Comercial Excélsior, que posteriormente siguió funcionando bajo la tutela de la Prof. Bertha Torres Ruvalcaba, única de sus hijas que continuó su vocación docente.

Basilisa Ruvalcaba Chavarín vio la primera luz en la ciudad de Colima, el 9 de enero de 1917, hija de Juan Ruvalcaba Quezada y Maura Chavarín Cárdenas, trascurriendo su infancia en la capital de nuestra entidad, en el domicilio paterno de Reforma 220, el cual aún habitan sus familiares. La familia de la Maestra tenía un local comercial en las inmediaciones de la antigua Central Camionera de Colima y como no vivían una vida muy holgada que les asegurara poder dejar bienes materiales a sus hijos, prefirieron a cambio brindarles una buena educación, al alcance de sus posibilidades.

De este modo, mandaron a la entonces adolescente Basilisa a estudiar la carrera de Comercio en una escuela que se denominaba Excélsior. En esa escuela le dieron una preparación tan excelente que, años después, al lograr abrir su propia escuela, la llamó por el mismo nombre: Excélsior. Se graduó con excelentes calificaciones en 1934.

Por sus ansias de conocimiento -no muy común en las mujeres de aquella época, que ansiaban casarse y llevar una vida de amas de casa-, no se conformó con la educación ahí recibida. Viendo que regresaban de Estados Unidos unas vecinas de la familia Gómez Guerra, se puso a estudiar inglés con ellas hasta llegar a dominarlo, tanto que llegó a ser maestra de esta materia idiomática. Además, se inscribió a cursos de escuela bancaria y comercial.

La maestra Basilisa forjó secretarias y contadores durante 70 años.

A los 14 años, su familia decidió mudarse a Manzanillo, y ya en el puerto, cumplidos sus 23 años de edad, empezó a dar clases en una academia propia, pues siempre tuvo una gran visión, y no quiso ser empleada de nadie en alguna escuela, sino fundar la suya. Inicialmente tenía tan sólo tres alumnos, pero no se desanimó. La Academia Comercial Excélsior empezó sus actividades en el Sector 5, número 124. Aquellos tres primeros alumnos fueron Manuel Topete, Alfredo Zepeda y Jorge Virgen, quienes estudiaban la única carrera que la escuela ofrecía: Comercio Exterior. Con el correr de los años, la escuela fue acreditándose y los alumnos comenzaron a llegar y así fue como se empezaron a añadir nuevas carreras, como la de contador privado, mecanógrafo y taquígrafo.

También tuvo éxito en la formación de una familia al lado de su esposo, Eulalio Torres Flores, quien murió en 1995. Fruto de su relación hubo cinco hijos, que fueron Roberto, Teodoro Juan, Bertha Alicia, Eduardo y Jaime Torres Ruvalcaba. La Maestra Basi, como cariñosamente la llamaban sus alumnos, tuvo una larga carrera docente, ya que impartió clases durante cincuenta y cuatro años. Su academia fue la primera en su tipo, fuera de las escuelas de monjas, y continúa operando aun tras su muerte durante algún tiempo, teniendo una vida de setenta años. Todos los directores de las academias viejas de Manzanillo estudiaron con ella, a excepción de Marina Lara.

La maestra decidió que en su escuela se enseñaría tan sólo la taquigrafía de Isaac Pitman, y no la Gregg, que era la que enseñaban las monjas en aquel tiempo, y que ella también conocía a la perfección. Pero se dio cuenta que la Pitman era más precisa y facilitaba el aprendizaje rápido, pues se basaba en posiciones sobre los renglones para las vocales de las palabras, lo cual fue toda una revolución en aquel tiempo e hizo que sus secretarias triunfaran ocupando las mejores posiciones de trabajo, de modo que, hasta la fecha, muchas secretarias que trabajan en el gobierno a todos los niveles en nuestro municipio, son egresadas de la Academia Comercial Excélsior.

Con el correr del tiempo, la salud de la Maestra Basi se fue deteriorando, ya que padecía una osteoporosis muy fuerte, de manera que era frecuente que, mientras se desplazaba entre los escritorios de sus alumnos, tuviera repentinas caídas en las que se lastimaba, y por tanto se tenían que suspender las clases, que se reanudaban al día siguiente. Fue entonces que empezó a delegar la responsabilidad docente a su hija Bertha Alicia, que aparte de ser maestra de primaria, era también egresada de su academia. Pero hay que aclarar que nunca se retiró de las aulas, sino que permanecía por un lado, supervisando el orden y lo que se enseñaba, y participando con un comentario cuando se requería.

Durante el trienio del Dr. José Luis Navarrete Caudillo al frente del Ayuntamiento de Manzanillo, se le hizo entrega de un reconocimiento el 8 de mayo de 1996 como Ciudadano Ejemplar. Desde que Basilisa empezó su escuela, decidió participar con el gobierno en la organización de los desfiles cívicos, mandando a la totalidad de sus alumnos a marchar, algo que no era muy usual ni obligatorio. La Escuela Comercial Excélsior siempre se caracterizó por dar vida a estos desfiles con sus uniformes y pabellones impecables y relucientes, con un orden a toda prueba, bajo la supervisión de la directora del plantel.

Durante los años setenta y ochenta, por alguna razón extraña, la Secretaría de Educación Pública dejó de impartir en las escuelas del país la enseñanza de la escritura manuscrita, a favor de la de molde. A esto se plegaron también una gran cantidad de academias comerciales; pero la maestra Basilisa jamás dejó de enseñar con el Método Palmer de Caligrafía Comercial, con un énfasis muy especial en la acentuación, de modo que los alumnos egresados de la Excélsior se caracterizaron siempre por tener una excelente ortografía.

Recuerda su hija, Bertha, que en sus últimos años, con mano temblorosa y débil, se esforzaba para firmar todos los certificados de graduación de los alumnos de su academia. Cuando ya su enfermedad se había agravado mucho, su letra se hizo casi ilegible por lo tembloroso de su pulso, de manera que su hija sacaba copias a los certificados reales, y le daba a firmar las copias, que luego guardaba como un recuerdo de su mamá. Pero era su hija Bertha quien firmaba los certificados oficiales.

Basilisa Ruvalcaba Chavarín, o de Torres, como le gustaba que siempre la llamaran, murió a los 86 años, el 14 de noviembre del 2005. Con la muerte de la prestigiada profesora, la asistencia a la academia comercial Excélsior decayó mucho, debido a que ya había mucha competencia con otras academias, y sobre todo, por la irrupción en la escena de las escuelas de computación. Por eso, desde unos dos años antes de su muerte, la maestra le había dicho a su hija que tenían que meter computadoras a su plantel.

Antes de morir, la maestra Basi le hizo una petición encarecida a su hija Bertha: “Por favor, nunca cierres la escuela mientras vivas. Una vez que tú mueras, entonces sí desaparecerá la academia si nadie de mis descendientes la quiere continuar. Pero mientras tú puedas hacerlo, no dejes morir mi academia, que es mi legado para Manzanillo”. Y siguió tras de su muerte la maestra Bertha al pie del cañón mientras pudo, en la calle 16 de marzo número 490, en la Academia Comercial Excélsior, continuando la historia docente que iniciara su distinguida progenitora, hasta que la influencia de tecnologías que desplazaron a la máquina de escribir y causaron cambios profundos en el trabajo administrativo hicieron que fuera inviable el proseguir, y, lamentable, la realidad golpeó a la Maestra Bertha, quien se vio obligada a cerrar las puertas de la Excélsior.