Esta es una de las leyendas más repetidas por los pescadores de Manzanillo, y tiene muchas versiones, cada una de las cuales cambiando sólo algunos detalles y lugares; pero en esencia se trata de la misma historia legendaria de la Cueva del Tesoro.
Los pescadores son muy imaginativos, y gustan de tejer historias ricas en detalles asombrosos y tintes fantasiosos, por lo que son muy atractivas. Algunos dicen que son mentirosos, pero en realidad tienen algo de poetas y escritores; pero jamás escriben sus historias, sólo las cuentan. También casi todos tienen en común la pobreza, y sus sueños de dar un golpe de suerte repentino que cambie su situación y la de su familia, para ya no tener que salir a pescar.
Este deseo puede ser el origen de la leyenda. Un pescador del común, que generalmente es el que cuenta la historia, se pone a pescar en solitario en su panga cerca de unas rocas, que pueden ser por Majagua, Playa de Oro o Ventanas, frente a Campos. De repente, se experimenta una anormal baja en la marea. Las rocas que generalmente están ocultas se descubren, cubiertas de sal y humedad, y entre ellas aparece la boca de una cueva de grandes dimensiones, oscura como la boca de un lobo.
Empieza a soplar un viento frío que cala hasta los huesos y la mar se pica, se forman grandes olas que zarandean la lancha, y el pescador es arrojado hacia las piedras, por lo que saca un remo y la enfila hacia la cueva y la logra hacer entrar, y entonces ve que hay unos escalones tallados en la roca que penetran a la cueva que tiene una entrada ascendente.
El pescador, presa de un sentimiento inexplicable de curiosidad, y perdiendo todo miedo natural en un caso de estos, baja de la lancha y entra a la cueva intrigado, pues los siete escalones parecen los de un palacio. También de las paredes cubiertas de formaciones coralinas y salinas sale un brillo extraño que alumbra con un raro fulgor. Es quizá el fósforo.

Al llegar a una gran galería, con una alta bóveda y de grandes dimensiones, observa en el centro de ellas varias bolsas de gran tamaño, todas repletas de grandes doblones de oro y joyas de toda clase, con piedras preciosas incrustadas. El pescador intenta meterse algunas monedas a las bolsas de sus pantalones cortos (los tradicionales pesqueros, recortados a las rodillas y sin bastillas y sujetadas por un cordel).
De pronto, de un rincón oscuro sale un hombre alto y barbudo, vestido con ropajes antiguos. Algunos sólo dicen que se trata del fantasma de un viejo capitán, pero otros aseguran que se trata de un pirata muerto en Manzanillo en otro siglo. Recordemos que Manzanillo fue visitado en el pasado por piratas famosos, como el holandés Spielbergen, quien atacó Salagua, por señalar alguno.
Entonces el pirata, llamémosle así, le dice al pescador con voz áspera: ¡Todo o nada! ¡Puedes llevártelo todo en varios viajes, pero no debes dejar nada en la cueva! El pescador piensa; las bolsas son pesadas, pero poco a poco podré sacar todas, y entonces seré inmensamente rico. Y procede a sacar la primera bolsa y la arrastra al pie de la lancha, varada sobre las rocas de la entrada.
En eso empieza a percatarse que la marea empieza a subir a alta velocidad, y empieza a cubrir el primer escalón. Como sea, deja la bolsa al pie de la panga y corre por otra. Cuando regresa con ella, bajo la mirada atenta del pirata, la lancha ya está siendo alcanzada por el agua; pero la ambición es mucha, y regresa por otra bolsa. Cuando llega cerca de la lancha, observa que ya está sobre el agua flotando libremente, y si no sube, la corriente se la llevará y se quedará en la cueva.
El pirata entonces interviene para decir solemnemente que sólo una vez cada dos años, la marea baja tanto como para dejar libre la entrada de la cueva. Esto sucede sólo durante una hora, y si no se sale entonces, la persona queda atrapada por dos años. Entonces, ante esta perspectiva, el pescador salta a la lancha y se va con las manos vacías. Se salvó, pero sigue pobre.
Otras versiones señalan que en la entrada de la cueva hay muchos esqueletos de otros pescadores que murieron ahogados por la ambición. También se dice que esa fue la razón de la muerte del pirata, ahogado en la cueva. También se señala que algunos se quedaron encerrados por dos años dentro, y que sobrevivieron y lograron escapar comiendo moluscos pegados a las rocas.
Finalmente, algunos astutos pescadores lograron burlar al pirata, según la leyenda, y llevarse algo. Por eso hoy sobresalen por ser pescadores ricos en Manzanillo, ya retirados de la actividad.