La Panga


Mayahuel Hurtado.-

TIEMPO DE CAMBIOS

Manzanillo está envuelto en cambios climáticos, de naturaleza y en los aspectos que a la sociedad nos interesa. No se veo por dónde iniciar, pero a pesar de localizarnos a cien kilómetros del coloso de fuego, el tema ya está en boca de todos los porteños y se sabe que la furia de la naturaleza no respeta escalas establecidas, se conoce a la perfección el dicho que nos inculcaron los abuelos: “A la naturaleza se le domina obedeciéndola”, y es que hemos hecho mal nuestro trabajo en el estado de Colima, pues en los últimos años, de las minas han extraído miles de toneladas de tierra y es desde las entrañas de la tierra donde el Rey Colimán reclama su tesoro perdido.

El Volcán de Fuego tiene en alerta a cinco municipios del estado que están cercanos, además de las comunidades rurales situadas a las faldas del volcán. Colima, Comala, Villa de Alvarez, Cuauhtémoc y Coquimatlán están en la lista de mayor proximidad, pero Manzanillo, Armería, Cuyutlán y Tecomán deben esperar el comportamiento que registra el coloso, pues la actividad altera las mareas y se sobreentiende que una erupción sacudirá la tierra y en ese ínter algo puede suscitarse. Nadie puede decir que todo está bajo control. Y por si fuera poco, la tormenta tropical “Dolores” nos vino a visitar de pasadita.

Esperemos que esta experiencia natural nos demuestre cuán pequeños somos ante la madre naturaleza y nos permita concientizarnos acerca del cuidado de nuestro entorno. Pues nos hemos convertido en el peor depredador existente en la tierra. Las epidemias matan en algunos casos a decenas de personas, en otros a cientos o a miles; pero el daño que le hemos hecho al planeta condena la vida de generaciones, integradas por millones de seres humanos y de otras especies.

En Manzanillo, la expansión portuaria ha traído como consecuencia que se deforestaran algunas zonas, por ello las tormentas tropicales y huracanes, al pasar, nos dejan constancia de que algo dejó de amortiguar esas tempestades.

La verdad es que la gente de antes era muy sabia, entendía a la perfección el comportamiento del clima, cuidaba de no contaminar y procuraba arbolar sus hogares.

Hoy, los nuevos fraccionamientos ofrecen concreto en calles y maceteros con flores de ornato. Ya no se plantan árboles porque se dice, dañan las banquetas, o en el caso de la comodidad de los dueños de las viviendas, los árboles generan mucha basura con la caída de las hojas. Actualmente se concentra la basura en una esquina, un camellón o una zona destinada, lo cual aparte de insalubre, no se tiene el cuidado de separar degradable, no degradable y lo infeccioso; la basura está por horas y se desparrama o vuela con el aire, cuando lo mejor sería organizar su recolección y formalizar los horarios en que las rutas pasen casa por casa.

A algunos les da lo mismo que su perro o gato contamine con sus heces la casa del vecino, las banquetas o algunas áreas de jardín, a sabiendas que los pequeños juegan ahí; lo mismo pasa con propietarios de vacas y caballos.

De los mosquitos mejor ni hablamos, ¿cuántos patios y jardines tienen cacharros y aguas estancadas?, ¿cuántos predios se encuentran en total abandono, con una maleza que es el mejor nido para los mosquitos?, ¿cuántas personas no abren la puerta al personal del Sector Salud cuando va a revisar aljibes y pilas?, ¿y qué hay con los que almacenan chatarra? Por esos simples detalles, por lo menos unas 400 mil personas están en grave riesgo de contraer dengue y chikungunya, pues se tienen datos de los que se han censado, pero me atrevo a decir que muchos más se están atendiendo de manera particular.

Cada vez la camioneta fumigadora pasa menos, y los habitantes esperan que todo termine, cuando es cuestión de hábitos de limpieza, de contar con una cultura de la salud y que debe acentuar que me cuido yo, pero también a los que viven en mi casa, en mi cuadra, en mi colonia, en mi ciudad.

Si comenzáramos a pensar en beneficio de todos, avanzaríamos más y tendríamos el valor de decirle al vecino que no contamine, y al personal de salud le permitamos hacer su trabajo.

Sólo en equipo se acabarán estas amenazas de salud que hoy tienen a mi hijo de ocho años con ronchas, fiebre, dolor de articulaciones y huesos. Yo hice me parte, mantuve mi casa en condiciones salubres, pero como lo dije alguna vez, si en una colonia habitamos 800 familias y de ésas sólo una almacena cacharros y aguas estancadas, por ella, las 799 familias estamos en grave riesgo de contraer dengue o chikungunya.

Si tan sólo pensáramos más en el planeta y en el beneficio común para evitar riesgos de salud, le garantizo que las cifras del departamento de epidemiología serían mínimas ante cualquier epidemia o enfermedad. En lo que concierne a nuestro entorno, aparte de ser más saludable y próspero, sería una garantía para que los jóvenes, adolescentes y niños de hoy, puedan vivir en un ecosistema con lagunas, ríos, playas, ciudades y calles limpias, con una cultura de preservar, de proteger a la tierra y a las especies que en ella habitan.