La Panga


Mayahuel Hurtado.-

OMISION, PECADO CAPITAL

QUE FRENA EL DESARROLLO

La omisión, aparte de ser un vocablo latino, es una acción que ha frenado el desarrollo de una persona y una sociedad entera. También impide el cumplimiento de la ley y en el caso de los menores, viola sus derechos, tanto constitucionales y humanos. Pero se preguntará usted por qué empleo esa palabra y la respuesta es sencilla:

Miles de expedientes que se encuentran saturando los juzgados de lo familiar, son por la denominada “omisión de cuidados”, misma que se denuncia penalmente y de acuerdo a la ley, se debe obligar al padre a cumplir con sus hijos. Sin embargo, en la realidad algo sucede, porque simplemente cada vez son más los niños que pertenecen a un hogar con jefa de familia y a la par de esto, cada vez son más los padres desobligados, que sin responsabilidad tienen hijos por doquier, como si esto fuera un deporte. La verdad, los tiempos no estánpara darnos el lujo de desproteger a nuestros hijos.

La autoridad y su metódico trámite también complica el que una mujer a la que se le ha dejado la responsabilidad total de una familia acceda a que la justicia haga su parte, debido a que las citas que le son programadas le impiden presentarse a laborar y es por ese mismo motivo que optan por asumir la responsabilidad, pues en el trabajo el patrón les permitirá faltar un día, pero para un juicio se requieren varias citas, por lo menos de cinco a ocho. Unas para denunciar, otras para ratificar y presentar pruebas, en el caso de testigos, otra cita para presentarlos ante el juez o el ministerio público y rindan su declaración. En el caso de haber existido violencia, se envían a trabajo social para una valoración psicológica; si la “especialista de la salud mental” hace un buen trabajo, entonces la denuncia avanza, de lo contrario, se detiene.

En los juzgados existen también aristas en su sistema que frenan juicios y desmotivan a que la mujer continúe su litigio. Por ello hay tantos hogares desprotegidos y es en la escuela donde conocemos a fondo cada historia.

Así es, lo leyó bien, en la escuela los docentes somos testigos del impacto negativo para el educando que proviene de un hogar donde la madre es la responsable total del proyecto familiar. Y tenemos historias que se contarían por miles, en donde las madres deben trabajar hasta doble turno para lograr obtener la economía necesaria y eso genera el descuido de sus hijos en el ámbito educativo. Pero a veces la omisión de cuidados del menor va más allá y tenemos los casos en donde los padres de los alumnos no dotan de lo necesario a los alumnos para que reciban la enseñanza en el aula.

Se tienen datos de que existen alumnos en condiciones de pobreza, de niños que se desplazan varios kilómetros caminando al plantel escolar porque no cuentan con el recurso en casa para hacerlo en camión. Y más acentuados son los casos en donde los estudiantes no han recibido alimento ni llevan dinero para comprarlo.

Esto ha motivado a directivos, maestros, cooperativas escolares y padres de familia, para hacer grandes esfuerzos y apoyar a los que menos tienen, con la finalidad de que la economía no sea impedimento para recibir educación; pero en ocasiones, este apoyo es mal comprendido, en un porcentaje importante, los padres no valoran estos esfuerzos solidarios y por consiguiente no hay un compromiso para que el alumno obtenga un buen promedio.

Seguimos viendo casos de familias con situaciones económicas críticas, que son muy numerosas y que incluso, esperan la llegada de un nuevo integrante.

Pero la omisión de cuidados que más lastima a los menores es aquella que proviene de hogares bien establecidos, que gozan de buena economía, que incluso llenan de satisfactores a los hijos. Tenemos varios casos de niños que traen un mejor celular que el maestro pero que cuando se les cita a la escuela, nadie acude para enterarse de su desarrollo académico y disciplinario.

Vaya que tienen tarea los futuros diputados en legislar para proteger que el menor reciba no sólo lo indispensable para vivir, sino que se garantice que los padres estarán pendientes de su desarrollo educativo, físico y de salud.

Les tocará diseñar iniciativas que garanticen que los padres desobligados cumplan cabalmente con sus deberes; y que las madres que reciban dicho apoyo económico, demuestren que se está empleando en el bienestar de los hijos.

También recordarles a los actuales legisladores que aún hay temas de procuración de justicia que pueden darles curso. Esperemos de todo corazón que nadie omita hacer lo que le corresponde, por lo menos, yo ya hice mi parte.