“A La Rama de Oro / Quítense el sombrero, / Porque en esta casa / Vive un caballero, / Vive un general / Pidiendo la licencia para comenzar / Naranjas y limas / Limas y limones / Más linda es la virgen / Que todas las flores. / En un jacalito / De cal y de arena / Nació Jesucristo / Por la Noche Buena. / Zacatito verde, / Lleno de rocío, / El que no se tape / Se muere de frío. / Arriba del cielo / Mataron tortuga, / Lo supo San Pedro / Y pidió la pechuga. / Arriba del cielo / Hay un agujero / Por donde se asoma / Narices de cuero”….
Una de las tradiciones navideñas de los barrios, colonias y comunidades de Manzanillo, es el recorrido o peregrinar de “La Rama” por diferentes rumbos de la ciudad. “La Rama” es un coro de niños que se agrupan y ensayan la letra de la canción con este nombre, y durante los primeros quince a veinte días de diciembre van de casa en casa pidiendo una cooperación económica voluntaria.
Al final de este período, con el dinero recaudado, se hace una fiesta de la colonia, consistente en la elaboración de una olla grande de pozole que degustan todos los vecinos. Esta costumbre se verifica desde antaño en Manzanillo muy en especial, y no en todo el estado. Es desconocida en casi todo el país, a excepción de algunas zonas costeras de Michoacán y, curiosamente (por su lejanía), en Tabasco.
El líder del grupo coral es el encargado de portar “La Rama de Oro”, que es una rama seca de cualquier árbol, mayormente de mango, la que se forra de algodón, y se llena de colguijes multicolores brillantes. También no puede faltar en el equipo “El Viejo”, que es un niño que se atavía con unas barbas falsas de algodón y se ayuda con una vara larga a modo de bordón, para simular el caminar de un anciano.

Según el libro biográfico de Don Gregorio Torres Quintero, escrito por Genero Hernández Corona, el distinguido maestro colimense fue autor de varias estrofas de la rama, señalando muy en especial las siguientes:
“Arriba del cielo / está un ventanito, / por donde se asoma / el niño chiquito. /
Toronjil de plata, / Torre de marfil, / Arrullen al niño / Que se va a dormir”. La última parte de la melodía, en lo referente al Viejo, se mezcla con los aguinaldos veracruzanos:
“Una limosna para este pobre viejo, / Una limosna para este pobre viejo, / Que ha dejado hijos, / Que ha dejado hijos, / Para el Año Nuevo, / Para el Año Nuevo”.
Depende de la respuesta del hogar o comercio visitado es la respuesta con que la rama se despide:
“Ya se va La Rama / muy agradecida, / Porque en esta casa / fue bien recibida”.
O, si sucedió lo contrario:
“Ya se va La Rama / Muy desconsolada, / Porque en esta casa / No le dieron nada”.
Entre los años setenta y ochenta casi no había cuadra ni barrio de nuestra ciudad que no formara su Rama, donde se veía a los niños que la conformaban dando grandes recorridos por nuestra ciudad, entrando a cantar a casas, restaurantes, tiendas diversas, y en el colmo de su inocencia, hasta a los bares y cantinas.
En el caso de La Rama de mi cuadra, la Calle 2 de la Unidad Padre Hidalgo o Seguro Social, se trataba de un grupo de entre 8 a 12 niños (variaba cada día el número que podía salir, aunque yo siempre participaba) de diferentes edades, con los que hacíamos un recorrido que, ahora que lo recuerdo, veo que era extremadamente largo.
Recorríamos gran parte de nuestra colonia, el Barrio de San José, la calle México, la Carrillo Puerto, Los Agachados y sus alrededores y llegábamos hasta los alrededores del jardín, cantando por último en el restaurante “Tacos El Tigre”, ya que ahí acabábamos pues el propietario, Don Carlos Rogaciano, era el abuelito de uno de los integrantes de La Rama, de nombre Quique.
Salíamos a hacer esos recorridos desde el primer día de diciembre, y lo continuábamos haciendo hasta el día 20, 21 o 22, por ahí, tratando de juntar la mayor cantidad posible de fondos, con los que luego se hacía la pachanga del barrio.
A partir de los años noventa, fue muy notorio que la tradición de La Rama en Navidad empezó a decaer con cada año que pasaba. Desde hace más de diez años ya es muy difícil encontrar una Rama, y estas no se saben las canciones, y lo hacen de una manera muy diferente a como se hacía por aquellos años. Se ha hablado de hacer algunos certámenes de Ramas por colonias, donde se premie a la mejor, pero la idea no ha cristalizado, y todo parece indicar, a como van las cosas, que en unos años más la tradición de La Rama navideña desaparecerá del todo, quedando solamente en el recuerdo del Manzanillo del ayer.