La sombra del pirata en Salagua


La historia del pirata Spielbergen en relación a nuestras costas, a pesar de haber sucedido en los albores del Siglo XVII, caló tan hondo en la imaginería colimense, que durante mucho tiempo después incluso de la muerte del corsario, las leyendas sobre este temido filibustero siguieron asustando a nuestra patria chica, y hasta el día de hoy su nombre no se ha borrado del todo.

DESDE LOS PAÍSES BAJOS HASTA EL OCCIDENTE DE LA NUEVA ESPAÑA

Este oficial naval y pirata holandés nació en 1568, en la ciudad de Amberes, hoy Bélgica, en la zona de Las Siete Provincias. Se ganó un lugar en la historia gracias a sus correrías en las costas sudamericanas de Chile y Perú. La dificultad para pronunciar su nombre en los países de la Corona Española que asolaba hizo que se le conociera popularmente como Jorge Spielberg.

Empezó sus aventuras en África y Asia, donde participó en el comercio de la canela, en Ceilán, hoy Sri Lanka. Después fue uno de los dos gloriosos capitanes que destruyó la flota española (la Armada Invencible) en Gibraltar.

Después se decidió a atacar la Nueva España (hoy México) en el año de 1614, al ser enviado con el grado de Almirante, por la Compañía de las Indias Orientales, con cuatro barcos con patente de corso holandés, es decir, permiso oficial para dedicarse a la piratería y atacar barcos hispanos cargados de mercaderías, sobre todo en la Mar del Sur.

A LA CAZA DEL GALEÓN DE MANILA

El refinado navegante era un hábil diplomático a quien le gustaba que su barco insignia estuviera elegantemente amueblado y aprovisionado con los mejores vinos. Cuando comía, lo hacía con la orquesta de a bordo y un coro de marinos como fondo musical. Sus hombres usaban magníficos uniformes. Tenía Spielbergen una comisión especial de los Estados Generales y del príncipe Mauricio de Orange. Es muy probable que entre las órdenes secretas estuviera la de capturar un Galeón de Manila.

El 11 de octubre de 1615 entró ampulosamente en la bahía de Acapulco con todas sus naves, e hizo un trato. Spielbergen estaba decidido a destruir el pueblo si era preciso, pues necesitaba agua y alimentos. Al fin se declaró una tregua y subieron a bordo Pedro Álvarez y Francisco Méndez, quienes habían servido en Flandes, por lo que conocían el idioma holandés.

Por las ansiadas provisiones, ofreció entregar a los prisioneros que traía desde Chile y el Perú. Se hizo el intercambio y a la semana se dio un espectáculo visto en otras guerras. Los contendientes conversaban animosamente, intercambiando regalos, e incluso le hicieron una visita guiada por las fortificaciones a Spielbergen.

Pero tanta diplomacia española tenía una razón oculta: El Galeón de Manila o Nao de China estaba por llegar, así que el Virrey envió a Sebastián Vizcaíno a proteger los puertos de Navidad y Salagua, enviando otro destacamento a la costa de Sinaloa bajo las órdenes de Villalba, quien tenía instrucciones precisas de evitar desembarcos enemigos.

Spielbergen mientras tanto no perdía el tiempo y se apoderó del barco perlero San Francisco, renombrándolo Perel. En ese mismo año, Joris Spielbergen descubrió, visitó y reconoció a la Isla Clarión o Santa Rosa, parte del archipiélago colimense de Revillagigedo.

LOS PICHILINGUES LLEGAN A LAS INMEDIACIONES DE SALAGUA

En todos estos lugares a sus hombres les conocieron como pichilingues, porque exigían a los habitantes de los poblados costeros que asaltaban que les hablaran en inglés: “Speak in english” (spiquinglich). Vizcaíno, en su reporte al virrey, hace mención de las cuantiosas pérdidas de los enemigos y como prueba le envía las orejas que había cortado a un pichilingue.

Vizcaíno describía a algunos de los “pichilingas” que había tomado prisioneros como “hombres jóvenes y correctos, algunos de ellos irlandeses, con grandes rizos y aretes”. Los irlandeses habían sido atraídos a la armada de Spielbergen creyendo que iban en una misión de paz.

La llegada de Spielberg a Salagua fue avisada por espías a la ciudad de Colima, que informaban del peligro que corrían de una violenta incursión de los bucaneros. Rápidamente se trasladó hasta la costa Sebastián Vizcaíno, quien juntó a sus soldados con todos los pobladores de los sitios indígenas en las cercanías de Salagua y con estas fuerzas improvisadas en su mayor parte, logró vencer sobre la misma playa al célebre holandés. La llegada del “tulipán pirata”, protagonizó el episodio más célebre y documentado de la piratería en Colima.

EL COMBATE EN LA PLAYA, EN LA DESEMBOCADURA DEL RÍO

En total su escuadra con la que llegó se componía de las siguientes embarcaciones: El Sol, La Luna, La Estrella, La Sirena, El Cazador y La Perla. Echó el ancla a una distancia prudente de la costa la noche del 10 de noviembre, y veían todo muy calmo, por lo que decidieron que podrían con toda tranquilidad al clarear del día siguiente recoger agua y plátanos de las cercanías, llenas de verde vegetación. Pero escondidas entre esta flora espesa los esperaban los hombres de Vizcaíno, indios, civiles y soldados, En cuanto los piratas bajaron a aprovisionarse, empezó el cruento combate que duró todo el día.

Desde los seis navíos se disparaban los cañones hacia la emboscada colimense. En las dunas de la playa se peleaba lo mismo con mosquetes y arcabuces, que con espadas y aun a puño limpio. Finalmente, los piratas holandeses fueron derrotados y humillados totalmente por las fuerzas colimenses y de los indios de los poblados cercanos a Salagua.

EL FINAL DE UNA VIDA DE PELÍCULA

Al Virrey le envió Vizcaíno las orejas de los filibusteros caídos, así como una descripción muy precisa de la batalla. Se retiró a Barra de Navidad, o más posible a Tenacatita, donde pasó con sus hombres cinco días de asueto en la agradable bahía.

Circunnavegó la tierra, y regresó a los Países Bajos en 1617. Ese mismo año, en abril, dirigió la flota holandesa que se enfrentó a las fuerzas españolas de Juan Ronquillo en la batalla de Playa Honda, frente a la costa de las Filipinas, una batalla favorable a los españoles.

Murió en la pobreza en Bergen op Zoom en 1620. No fue el único pirata famoso que llegó a Salagua o Santiago por aquellas épocas.

Lo hicieron Francis Drake y Thomas Cavendish, marinos tan connotados o más que Spielbergen, pero en la memoria colimense el nombre del holandés quedó muy grabados, y su recuerdo permanece aún con el paso de los siglos.