LA VERDAD DE LO SUCEDIDO


Los días pasaron y al ponerse el traje militar, encontró los documentos que le habían dado en la aduana, recordó al médico y le llegó un estrés tremendo, quiso confirmar lo que le dijeron porque su médico militar nunca tocó ese tema.

Fue con el galeno de la marina y luego al particular a que le leyera los resultados, siendo cierta la lectura de que él no podía engendrar, le recomendó el médico realizar otros estudios específicos para que confirmara lo que el escrito indicaba.

Después de tres días de angustia y desesperación acudió nuevamente y el médico le confirmo, no podía tener hijos, se volvió loco, que burla, quienes eran los padres de sus hijos y porque ese engaño de su mujer. Se fue al jardín abandonando su trabajo, se paseó lleno de rabia pensando que haría, se imaginaba que todos se burlarían de él, como era posible que no se diera cuenta del engaño de su señora, cuantos de sus compañeros y esposas sabían y él sin darse cuenta, recordó que su mujer llamaba a alguien cuando se retiraba al trabajo, lleno de furia regreso a media tarde a su hogar.

Ella como siempre que citaba a sus amigos, se vestía de manera muy provocativo, en verdad tenía la fortuna de poseer un maravilloso cuerpo, que lo hacía sensible para disfrutar esas pasiones.

Había llamado ese día, a uno de los militares con el cual había tenido relaciones desde hacía tiempo, él le había proporcionado muchas veces la pasión que ella deseaba, recordaba cuando la mano varonil recorría su cuerpo desde su pierna hasta donde explotaba su nido de amor, su imaginación trabajaba desde antes de que él llegar, recordaba que le arrojaba a su lecho de amor, sus manos corrían por sus pechos con brutalidad como le agradaba, se sentía bien con la posesión artera con que la utilizaba, así al llegar aquel, como una gran hembra se colgó de su cuello al ingresar a su vivienda, con apuro le llevó a su recamara y se estremecía por el calor que ella misma imaginaba.

Sin hacer el menor ruido el marido entró, escuchó conversación y algunas carcajadas que le llenaron más de frustración y coraje, desenfundó su arma escuadra colt 45, abrió la puerta de la recamara, viendo la escena de pasión desenfrenada. “Así te quería agarrar para que no me contaran y te burlaras”.

La voz fuerte de hombre militar se escuchó. La mujer con cinismo totalmente desnuda, su cuerpo sudoroso y despeinada se incorporó poniendo una rodilla en filo de la cama y su pie de la otra pierna en el piso, mostrando que era toda una hembra.

Desafiante, vulgar y corriente, perdida de toda dignidad, con descaro le gritó: “a poco creías que me quedaría sin el gusto de tener hijos, cuando nos casamos no leíste los documentos de salud, eres un estúpido. El tipo con el que se encontraba en su cama se metió bajo las sábanas para esconderse, era un amigo también de su grupo militar. La arrogancia de la mujer lo miró con desafío, colocó sus manos sobre sus caderas en actitud de jarras, movió bruscamente su cabeza esbozando un “que” retador y desafiante. Como hombre más le enfureció y enardeció, ya estaba loco por esa burla y traición.

No sintió en un momento nada a su alrededor, era un compás de tiempo detenido, todo era en un silencio, una burbuja que lo enmarcaba y sin movimiento, hasta que, se escucharon tres fuertes detonaciones, cuyas balas se anidaron en el pecho de ella junto al corazón. Se ondeó al sentir las balas penetrar en su cuerpo, sus brazos se abrieron a los impactos, todas cerca del punto vital, que le hicieron doblarse y luego por los golpes de los proyectiles, fue lanzada a distancia, cayendo como fardo a un lado, sobre el que se cubría y escondía.

Arturo se veía calmo, con unas gotas de sudor que transitaban lentas sobre sus mejillas y frente, miró al bulto cubierto por las sábanas, con apariencia de una estatua, no se movía para nada, después se observó como si fuera una vibración de frío al escuchar: sigues tú miserable, accionó el arma contra él, su resto de balas se anidaron en el cuerpo de aquel infeliz, solo se escuchó un grito ahogado sin fuerza, miró los estertores de muerte de aquel canalla. Se encaminó para ver de quien se trataba, al tocar la sabana para verle, en aquel espacio de micro tiempo, escucho un llanto fuerte de un niño dentro del closet, quedó paralizado, le despertó en su alma y amor, recordando a quien había sido toda ternura y alegría.

Regresó, abrió la puerta y salió corriendo un niño que le gritaba: Papi, papi abrázame, me asusta el ruido, abrázame que tengo mucho miedo y se prendió de las piernas, sintiendo Arturo el estremecerse cuando le apretaba con mucho miedo, aquel que en su tempo le consideró su amado hijo.

Su arma descanso sobre la frente del niño quien seguía gritando. Tengo miedo papito, mi mamá me encierra en este lugar y escucho ruidos de los amigos que vienen con ella, me da mucho miedo, me habla y me grita cállate o ya sabes lo que te pasará, muchas veces abre y me golpea, gritándome si no te callas te amarraré y pondré en tu boca una franela para no escucharte, así que no grites ni llores. Muchas veces me golpea en mi boca y con el cinto me da fuerte pajuelasos. Se preguntó, como nunca me di cuenta si era una hiena con sus mismos hijos. Papá abrázame, tengo mucho miedo. Lloraba intensamente el niño, cada vez lo hacía con más fuerza y muestras de amor pidiendo protección.

Él sabía no era su hijo, sino producto del engaño y maldad de aquella mujer. Sus manitas tomaron la del hombre que lleno de furia hasta el enloquecer, sin saber por qué enfundó su arma, le abrazó sintiendo un gran amor del menor, salió con paso firme y tranquilo. El amor, la inocencia venció aquel enfurecido hombre que fue domado por la sinceridad, de lo que es el cariño y sensibilidad, si, ese niño no era culpable de nada, él le crio y amo como padre.

Le vieron pasar las familias que no sabían lo sucedido, él con disimilo seguía acariciando, estrechando al niño que seguía llorando. Se perdió en aquel fin de la calle y desapareció de la escena de la vida, logrando morir para los demás en el silencio del tiempo y olvido.

En ese transcurrir, los vecinos todos marinos encontraron la escena en la recamara de la familia de Arturo, los que sabían del comportamiento de la señora, maldecían el hecho de burla, había sentimientos encontrados en todos los que le conocían, unos justificaban el hecho, porque la mayoría sabía lo que hacía aquella mujer, que engañaba y burlaba de un hombre bueno y justificaban su proceder.

Otros lamentaban lo que el compañero traidor y aprovechado había recibido su merecido, las mujeres se preguntaban qué pasaría con la esposa e hijos de aquel traidor, que se divertía cuando la mujer lo invitaba sin tomar en cuenta su esposa e hijos, en fin, un desastre provocado por las circunstancias de vida. Las autoridades actuaron, empero, él se esfumó y nunca le localizaron.