Laguna de Cuyutlán: una deuda histórica


*La Manifestación de Impacto Ambiental del megaproyecto “Puerto Nuevo Manzanillo-Cuyutlán” ignora la conservación de las Islas Cocodrilo I y II

*Las Islas Cocodrilo I y II, un tesoro histórico que quedaría reducido sólo al recuerdo para dar paso a los procesos de globalización

Las Islas Cocodrilo I y II representan un sitio de gran valor ambiental, con una historia única que es valiosa de proteger. Estos islotes continentales —de 58 y 35 ha— ubicados en el Vaso II de la Laguna de Cuyutlán en Colima (México) poseen un valor biocultural incalculable; sin embargo, el gobierno federal en colaboración con la Secretaría de Marina (SEMAR) planea destruirlos para dar paso al Puerto Nuevo Manzanillo-Cuyutlán, que pretende convertirse en el puerto más grande de América Latina.

La Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) de este megaproyecto portuario ignora la conservación de estas islas; un tesoro histórico que quedaría reducido sólo al recuerdo para dar paso a los procesos de globalización.

Estudiar este antiguo astillero es clave para comprender los intercambios del mundo prehispánico desarrollados entre Colima y Sudamérica. Recientes investigaciones de los arqueólogos James Zeidler y José Carlos Beltrán Medina sugieren contactos marítimos, a través de la ruta de la concha, entre la cultura Jama-Coaque, de Ecuador y Colima, comprobados por las cerámicas encontradas en ambas costas, lo que demuestra una conexión transoceánica desarrollada entre los años 300 y 800 d.C. Es decir, más de mil años antes de la llegada de los españoles a América. Relatos de la conquista describen enormes barcos de balsa y vela que surcaban el Pacífico cargados de mercancías y gente.

LA INDUSTRIA NAVAL PREHISPÁNICA Y EL ORO BLANCO DE COLIMA

En septiembre de 2025, la delegación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Colima, anunció que prepara un programa de salvamento arqueológico en el Vaso II de la Laguna de Cuyutlán, el cual “puede tardar hasta un año en ponerse en marcha”. Reconoció que “se cuenta con más de 10 años de investigación en la zona de la laguna y el registro formal de los islotes como sitios arqueológicos desde 1986”.

Sin embargo, la actuación del salvamento no evita la destrucción de Islas Cocodrilo, un patrimonio tangible, inmueble, junto con sus basamentos piramidales, panteones, atracaderos, piedras grabadas y su singular cueva marina, presumiblemente conectada al mar, y su pasadizo seco que misteriosamente se interna en el cerro.

Los salvamentos o rescates arqueológicos son una medida de emergencia. Son una excavación inherentemente destructiva e irreversible, que buscan recuperar la mayor cantidad de información en sitios a punto de ser desaparecidos. Aunque rescatan información valiosa, se pierde el contexto original. Implica limitaciones de tiempo y recursos que impiden la recuperación de toda la información y vestigios que no pueden trasladarse.

En el artículo Las cuevas en el mundo Mesoamericano, publicado en 1994 en la revista Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la arqueóloga Linda Manzanilla Naim expone que “para los pueblos prehispánicos, las cuevas significaban: refugio, boca o vientre de la tierra, inframundo, morada de los dioses del agua, recinto funerario, lugar de ritos y observatorio astronómico”. Los túneles, abrigos rocosos, cuevas y cenotes, “estuvieron íntimamente ligados a la religión y la mitología. Servían para hacer culto a Tláloc, deidad de la lluvia y del agua corriente. Muchas cuevas eran sitios de petición de buenas cosechas”.

Por su parte, la asociación civil Defensores del Medio Ambiente y Recursos del Mañana (DEMAREM), el movimiento Salvemos la Laguna, Laguna Viva y Vigilemos Manzanillo A.C. (VIMAC), denunciaron públicamente que, aunque el INAH sabe de la existencia de vestigios arqueológicos en las islas desde hace décadas, no figura su protección en la MIA del Puerto Nuevo, proyecto que calificaron “de despojo que acabará con la vida de la laguna y las comunidades que dependen de ella”.

En la investigación Colima y sus tesoros (2001) la arqueóloga Olga Cano Díaz, confirma “similitudes entre el Occidente de México y Sudamérica, ya que en ambas regiones se construyeron tumbas de tiro. Elementos arqueológicos encontrados en Playa El Tesoro (200-700 d.C.), confirman que Colima tuvo contacto vía marítima por navegación de cabotaje también con culturas de Perú.

El arqueólogo Emiliano Melgar Tísoc, en el trabajo La tecnología marítima prehispánica en los contactos intraoceánicos Andes-Mesoamérica (2009), revalora la tecnología náutica en la ruta comercial costera amerindia, que después sería retomada por los europeos para el comercio de la plata y otros productos.

Este conocimiento, nos recuerda la urgencia de recuperar la memoria histórica de la sociedad prehispánica de Colima, que no sólo creó redes de intercambio con Sudamérica, sino también con Filipinas y China.

En el documento La vida en época prehispánica en la Laguna de Cuyutlán, Colima, México: Conocimiento, adaptación y aprovechamiento de recursos del medio ambiente (2015) realizado por las investigadoras María de los Ángeles Olay Barrientos, Margarita Carballal Staedtler y María Antonieta Moguel Cos, se exponen los resultados obtenidos en 2008 por la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH. Consideran que “la costa de Colima arqueológicamente ha sido poco estudiada”. En aquella temporada se registraron 16 sitios arqueológicos alrededor de la laguna, principalmente de las fases Colima y Armería (400 a 900 d.C.) Destacó el hallazgo de petrograbados, arquitectura, una aldea y una loma funeraria con más de 2,500 años de ocupación.

En 2020, Moguel Cos y Carballal Staedtler publicaron La arqueología de la Laguna de Cuyutlán, Manzanillo, Colima. Una evaluación de diez años de salvamentos arqueológicos, documentando más de 15 sitios. Estas intervenciones del INAH fueron en respuesta a la ampliación del puerto: “Este gran proyecto de transformación de la costa de Colima se instrumentó a contrapelo de las inversiones previas que apostaban por la conservación del entorno de la gran Laguna de Cuyutlán”, se expresa en el estudio.

Conservar Islas Cocodrilo es una acción ineludible. El patrimonio también necesita de instituciones y de una sociedad que sea consciente de su valor y de la importancia de preservarlo. El proyecto de ampliación del puerto ha tenido modificaciones, en años anteriores, consideraban las Islas Cocodrilo como Área Natural Protegida (ANP) y aunque fuera recinto portuario se iba a respetar para su conservación. De llevarse a cabo el plan sin modificaciones, las antiguamente conocidas “Islas de los Alacranes”, se sumarían a la lista de santuarios históricos destruidos en la costa de Manzanillo en “aras” del progreso, como los sitios arqueológicos El Tesoro, La Audiencia, Las Hadas, Majahua, Tzalahua, Valle de las Garzas, Ventanas, Xoloapan, entre otros.

Desde tiempos remotos, la Laguna de Cuyutlán fue un lugar altamente apreciado y disputado ya que contiene el apreciado “Oro Blanco” del mundo Mesoamericano: la sal. Un producto esencial en la dieta desde la época prehispánica a nuestros días.

La Sal de Cuyutlán es otro de los tesoros de Colima que está en riesgo de desaparecer. Se trata de un antiguo producto que fuera moneda de cambio en la época prehispánica. Actualmente es considerada una de las mejores sales del mundo, la cual perdería conectividad ecológica y contaminación por combustóleo. Esta sal es considerada una de las más saludables y ricas en yodo y minerales oxigenados debido a su interacción con el mar y la selva.

Especialistas ambientales han advertido que, bajo las condiciones actuales del proyecto, no se garantiza viabilidad de que las actividades portuarias puedan coexistir con la pesca y la producción salinera en la laguna, las cuales dependen directamente del equilibrio ecológico de los vasos lacustres.

INICIAN OBRAS SIN AUTORIZACIÓN AMBIENTAL

Aunque el proyecto tampoco cuenta con la autorización ambiental por parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la modernización inició formalmente en noviembre de 2024.

La Laguna de Cuyutlán es un sitio Ramsar, cuna de la diversidad biológica reconocida a nivel internacional por su alto valor ecológico. Su designación deriva de la Convención de Ramsar, acuerdo global que promueve la protección del manglar, el cual juega un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad, el equilibrio ambiental y los ciclos del agua. Representa más del 90% de los humedales de Colima y comprende los Vasos lagunares III, IV y el Estero Palo Verde, conectados al Vaso II donde se prevé la construcción del nuevo puerto.

Este hábitat, zona de desove de tortugas, alberga especies amenazadas y en peligro de extinción, como el mangle blanco (Laguncularia racemosa), el mangle rojo (Rhizophora mangle) y el mangle negro (Avicennia germinans). Estos manglares son refugio para unas 25 especies de aves costeras y funge como ruta de migración y anidación de unas 20 mil aves acuáticas. Este laboratorio vivo resguarda especies endémicas, como el loro amazónico coronado lila (Amazona finschi), el búho (Bubo virginianus), el murciélago bananero (Musonycteris harrisoni) y la tortuga de barro mexicana (Kinosternon integrum). Todas estas interacciones son parte de la historia evolutiva.

Pese a todo, la fase 1 del dragado de la laguna inició en enero. En julio, la SEMAR anunció que el “avance del dragado en el canal de navegación fue de 30% y se prevé concluir en octubre de 2027”. En septiembre, la Administración del Sistema Portuario Nacional (ASIPONA) de Manzanillo, abrió un proceso de licitación para el “dragado de vías navegables y áreas de infraestructura marítima” en la Laguna de Cuyutlán. Se establece que los trabajos comenzarían en noviembre de 2025 y finalizarían en diciembre de 2027. Ese mismo mes, durante su segunda visita a Colima, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, reconoció que existen preocupaciones por el daño ambiental, e indicó que actualmente “se realizan estudios en la laguna para evitar afectaciones graves”. Días después, en el Senado de la República, Adriana Bárcena Ibarra, titular de la SEMARNAT, reconoció que la construcción del nuevo puerto provocará importantes afectaciones en el cuarto manglar más grande de México, “con la pérdida de 222 ha de vegetación, de las cuales 97% son de manglar”.

En una carta girada a la presidenta Sheinbaum y a la gobernadora de Colima, Indira Vizcaíno Silva, Apicultores de Tecomán manifestaron que la ampliación del puerto trae consigo una amenaza para las abejas, la cual impactará en el equilibrio en la vegetación al reubicar colmenas en toda la zona costera y causará la desaparición de panales silvestres que no pueden sobrevivir fuera de su ecosistema original. El documento fue firmado por Luz Saldaña Loza, dirigente de la Organización Nacional de Apicultores y Francisco Larios Barboza, presidente de la Asociación Ganadera de Apicultores.

La “Capital Mundial del Pez Vela” ya enfrenta serias amenazas climáticas. La Laguna de Cuyutlán fue declarada sitio de importancia internacional en 2011 en la Convención de Humedales. De acuerdo con proyecciones de Climate Central, entre los años 2030 y 2050, el incremento del nivel del mar podría provocar la inundación en distintas zonas costeras de Manzanillo. Estudios climáticos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierten que la región portuaria enfrenta una creciente vulnerabilidad de inundaciones provocadas por lluvias.

En un render difundido por el Gobierno de México, se informó que el nuevo recinto portuario abarcará 1,880 ha, una superficie cuatro veces mayor que la terminal marítima Manzanillo-San Pedrito (450 ha), que actualmente ocupa el primer puesto en México en manejo de TEUs, tercera en Latinoamérica y 53 a nivel mundial.

Este nuevo puerto contempla dos terminales privadas de petrolíferos y una Terminal de Almacenamiento y Distribución (TAD) de Petróleos Mexicanos (PEMEX). En cuanto a infraestructura aduanera, una Central de Emergencia, un Comando Unificado Marítimo (CUMAR) y una Unidad Naval de Protección Portuaria (UNAPROP). También se proyecta un canal de navegación de 250 metros y dos dársenas de maniobra para la operación de megabuques. La inversión será de 63 mil millones de pesos, de los cuales 15 mil, provendrán de recursos federales canalizados por la ASIPONA, la Dirección General de Puertos y la Marina Mercante y el resto, capital privado.

Actualmente, la Central Termoeléctrica Manuel Álvarez Moreno aledaña a la Laguna de Cuyutlán se encuentra en un juicio de amparo promovido por habitantes y cooperativas locales de pesca en contra de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), entre otras dependencias de gobierno, que son acusadas de acciones y omisiones en las operaciones de la termoeléctrica, que provocan daños a la salud, así como perjuicios al ecosistema de la laguna. Lo anterior fue dado a conocer en la edición 30 de la revista Proceso.

DENUNCIAN “SIMULACIÓN” EN CONSULTAS PÚBLICAS

El 2 de octubre, se realizó la única Reunión Pública Informativa convocada por la SEMARNAT, en la cual se dieron cita 18 organizaciones civiles, ambientalistas, pescadores, salineros y agricultores, quienes cuestionaron la inasistencia de legisladores y manifestaron un rotundo rechazo al “ecocidio derivado de la ampliación del puerto”. En total, acudieron 651 personas que se opusieron a la obra.

La bióloga Mariana Gudiño Pérez, representante de la asociación civil Pura Vida, señaló que “no dimensionamos lo que implica el transformar un espacio tan biodiverso y convertirlo en una plancha de concreto. Podemos hablar de medidas de regulación, pero no podemos contener toda la especulación inmobiliaria que llega detrás”. La especialista considera que será difícil contener la ampliación del puerto porque, “lo ideal es que las compensaciones ambientales se queden en la zona del impacto; sin embargo, la Laguna de Juluapan (98 ha), ubicada al oeste de Bahía de Santiago, donde se prevé realizar la reparación ambiental que dejará la ampliación del puerto, ni siquiera corresponde al área de influencia”.

El 8 de octubre concluyó el periodo de 28 días conferidos a la Consulta Pública Digital, la cual cerró ante demandas de opacidad en el proceso, debido a que “el proyecto se encuentra en etapa de consulta y desde el año pasado iniciaron los trabajos en la laguna”. Ese mismo día, diversas organizaciones civiles ofrecieron una rueda de prensa donde manifestaron su total rechazo a las irregularidades observadas en la consulta y exigieron se respete el Artículo 34 de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente.

Miguel Ramos Lugo, representante de la Cooperativa de Salineros de Colima, con más de 100 años de tradición, calificó la consulta como “anticonstitucional, excluyente, irregular y carente de transparencia, configurando una simulación de participación ciudadana, que vulnera los derechos ambientales y sociales”. Explicó que muchas personas directamente afectadas cercanas a la laguna, no pudieron participar “porque el proceso se realizó únicamente en línea, con una plataforma que, además, fallaba constantemente”.

María del Carmen Velasco Chávez, líder de las cooperativas de Acuicultores y Pescadores de la Laguna de Cuyutlán, compartió que, “hasta el momento, no hay alternativas”. “Existen unas 14 cooperativas con permisos, pero también las hay independientes; estamos hablando de 500 o 600 pescadores afectados”.

Lourdes Cárdenas Terrones, líder de DEMAREM, expuso que “las cifras compensatorias son insultantes ante la magnitud de la obra”. Además, lamentó que el Puerto Nuevo se abastezca de agua de Armería, un municipio que “ya tiene un estrés hídrico serio, y mientras que no se garantice la continuidad de la práctica ancestral de la sal, no se garantice la cuestión de los pescadores, aunado a que no se garantice el cuidado al medio ambiente y la cultura, sí nos oponemos. Porque la ciudadanía no ha sido bien informada, no le han dado el derecho a que participe, todo es a cuentagotas, a quemarropa y amañado”.

Durante el XXIX Congreso Anual de Agentes Navieros realizado en Veracruz, el 12 de octubre, la ASIPONA dio a conocer que “para 2029 ya estará funcionando la primera Terminal en el Nuevo Puerto”. Hizo hincapié que la segunda se licitará en julio 2026 y que ya cuentan con cartas de interés de 13 navieras y terminales multinacionales que pretenden operar en la Laguna de Cuyutlán.

El 29 de octubre, más de mil defensores de la Laguna de Cuyutlán realizaron una marcha en la ciudad de Colima en pro de la conservación ambiental y cultural. El trayecto incluyó a la delegación de la SEMARNAT en el estado donde “se les echó la sal”, a las afueras de la dependencia gubernamental, entre consignas de “no al ecocidio”.

El recorrido concluyó en la glorieta Rey de Coliman, donde la líder de DEMAREM, Lourdes Cárdenas, leyó un manifiesto en el que puntualizó que la laguna “está siendo amenazada por un proyecto que pretende convertirla en puerto industrial, destruyendo uno de los ecosistemas más valiosos del país.

“La Laguna de Cuyutlán no es un terreno baldío, ni un espacio vacío que pueda venderse al mejor postor. Es un santuario de aves migratorias. Es el corazón natural de nuestro gran estado de Colima. En sus aguas se formó unas de nuestras tradiciones más antiguas; la producción artesanal de sal. Herencia viva de quienes han trabajado el Sol, símbolo de identidad y orgullo colimense a nivel internacional”.

El 8 de noviembre, organizaciones civiles convocaron nuevamente a una marcha esta vez en el municipio de Manzanillo, debido a que la expansión portuaria inició pese a los impactos negativos que la obra dejará en el ecosistema.

“PLAN COLIMA”, ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Miguel de la Madrid Hurtado (Sexenio 1982-1988) El origen del Nuevo Puerto Manzanillo-Cuyutlán es el Plan Colima. Fue el jueves 25 de agosto de 1983, durante una gira de trabajo, que el ex presidente de México, Miguel de la Madrid, decidió sentar las bases del desarrollo en la entidad con vistas de alto alcance con la firma del Plan Colima, con el que se crearon las reservas territoriales para la expansión costera con el corredor industrial Manzanillo-Tecomán, y turístico con el corredor Santiago-Isla Navidad.

El Plan Colima, proyectó la ampliación del Puerto de Manzanillo hacia la Laguna de Cuyutlán, la Terminal de Almacenamiento y Regasificación de Gas Natural Licuado (GNL), la modernización de la Central Termoeléctrica, el Boulevard Costero y el Aeropuerto Internacional de Playa de Oro; además, la construcción de la carretera cuatro carriles Manzanillo-Guadalajara, el Aeropuerto Internacional de Cuauhtémoc, que lleva el nombre del expresidente y edificios públicos, por lo que se considera uno de los planes de desarrollo y conectividad más ambiciosos del país, replicado en varios estados, que actualmente lleva el nombre de “Plan México”.

En septiembre de 1988, la Asociación Pro Conservación del Patrimonio Arqueológico y Cultural de Colima (APPACC), manifestó su descontento por las modificaciones realizadas en la Laguna de Cuyutlán sin tomar en cuenta el cuidado del medio ambiente y la arqueología. Benjamín Velasco Briceño, integrante de citada asociación escribió para el periódico Diario de Colima que, “la draga que viene haciendo el desazolve en las obras de construcción de Boca de Tepalcates, en la Laguna de Cuyutlán, a cada rato ha sacado piezas enteras, siendo la más reciente una vasija que uno de los ingenieros encargados de los trabajos se llevó con rumbo desconocido”.

Mucho de lo que hoy se discute se ha desarrollado en distintos sexenios, respaldando el Plan Colima.

CARLOS SALINAS DE GORTARI (1988-1994) en 1992, con la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC), impulsó acciones destinadas a cambiar la vocación de espacios geográficos a efecto de garantizar proyectos políticos, que consistió en cambiarlos al concepto “soberanía nacional” por encima de los recursos naturales, dando preámbulo a la Ley de Puertos que permitió la consolidación de la Administración Portuaria Integral (API) S.A. de C.V. en Manzanillo.

ERNESTO ZEDILLO PONCE DE LEÓN (1994-2000) estableció formalmente la concesión a la API para la administración del puerto y delimitó los recintos portuarios, lo cual sentó la base jurídica para desarrollos futuros, con una concesión hasta 2044.

VICENTE FOX QUESADA (2000-2006) autorizó el “Programa Maestro de Desarrollo” que contempló la ampliación de infraestructura del Puerto de Manzanillo. En 2005, puso fin a la disputa con el Puerto de Lázaro Cárdenas para atraer inversión para la construcción de una planta de regasificación de gas natural, que finalmente se instaló en la Laguna de Cuyutlán.

FELIPE CALDERÓN HINOJOSA (2006-2012) en 2008, dio arranque al “Proyecto Integral Manzanillo” que consistió en la edificación de la Terminal de Almacenamiento y Regasificación de GNL, la modernización de la Central Termoeléctrica, dos libramientos carreteros, la ampliación a 4 carriles de la autopista Colima-Guadalajara, la ampliación de la zona norte del puerto, el libramiento ferroviario de la Laguna de Cuyutlán y el gasoducto de 310 km Manzanillo-El Salto. En 2007, reformó el Ordenamiento Ecológico Territorial de la Laguna de Cuyutlán y en 2011 se habilitó como puerto de navegación de altura y cabotaje, adscrita a la Capitanía del Puerto de Manzanillo. Fue a partir de este año que inició el proceso de cambio de uso de suelo y la compra de los terrenos que rodean la laguna.

ENRIQUE PEÑA NIETO (2012-2018) elaboró una evaluación ambiental en la Laguna de Cuyutlán dando preámbulo a los inicios de la ampliación del puerto. Antes de culminar su periodo, inauguró el Túnel Ferroviario de Manzanillo “como una de las obras más trascendentales del sexenio”. En la inauguración, el expresidente destacó que la obra se derivó del magnoproyecto “Obras Portuarias, cambio de trayectoria del ferrocarril, carretera y obras asociadas en la Laguna de Cuyutlán”.

ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR (2018-2024) retomó formalmente la ampliación del puerto en 2019, pero no avanzó en su desarrollo. La PROFEPA verificó que no se cumplían los “Términos y Condicionantes” ambientales relativos a restaurar la Laguna del Valle de las Garzas (268 ha) que fuera el área de compensación relacionada a la expansión del recinto portuario Manzanillo-San Pedrito (1976), la cual sufre de altos niveles de sedimento por pérdida de suelo de la cuenca y contaminación.

CLAUDIA SHEINBAUM PARDO (2024-2030) en noviembre de 2024, arrancó las obras del recinto Cuyutlán, inauguró el acceso norte al recinto portuario y anunció la ampliación de 52 km de la vía Colima-Manzanillo, en el tramo Cuyutlán-Tecomán, así como la construcción de los puentes Tepalcates II, Presa Las Trancas, El Chical, Las Tunas, Barrio V, Ingreso Principal a Manzanillo y La Flechita, como parte del plan de conectividad del puerto.

CAPITALISMO SALVAJE

“El capitalismo salvaje arrolla con todo y el pobre INAH está desbordado. Las dependencias en México están para avalar los grandes negocios y si un director se opone lo remueven inmediatamente, pero tenemos que encontrar un equilibrio para proteger lo que hay que proteger”, consideró el arqueólogo Beltrán Medina, experto en el estudio de sociedades costeras antiguas, durante la charla “La investigación científica en el INAH”, publicada en 2020 por el Sindicato Nacional de Profesores de Investigación Científica y Docencia (SNPICD-INAH).

Raymundo Espinoza Hernández, especialista en la defensa de comunidades originarias y patrimonio arqueológico, opina que, cuidar la historia en la Laguna de Cuyutlán no tiene que ver con el pasado, sino con el presente, con vista al futuro: “En México existe un fenómeno de urbanización salvaje; esta extensión irracional que va agotando recursos naturales pero que también van destruyendo culturas, incluido el patrimonio histórico. Para enfrentar estos desafíos es importante que el gobierno sea riguroso para evitar daños y perder nuestra identidad y memoria de un patrimonio que es invaluable. En un país como México, multicultural y con una herencia tan grande, se nos olvida que todos tenemos algo de indígenas. Todos somos parte de una misma identidad, porque todos hemos pasado por un proceso complejo de mestizaje. Así que, cuando atacan el patrimonio cultural y arqueológico de Colima, lo cierto es que es un golpe para todos. Todos estamos unidos en una sola historia”.

Sin duda, la expansión del puerto de Manzanillo representa un punto de no retorno para la Laguna de Cuyutlán. Su desenlace pondrá a prueba la capacidad de México para conciliar desarrollo e identidad, progreso y memoria.