Las cuijas de las casas de Manzanillo fueron un regalo nipón


Para combatir plagas de alacranes y mosquitos

Parecen lanzar besos con sus extraños sonidos en las noches

En nuestro puerto hay una vieja historia que ha corrido de boca en boca a lo largo de los años, sobre el origen de uno de los animales más extraños que tiene su hábitat en las costas del Pacífico, y que, sin embargo, cada vez prolifera más, escogiendo como su lugar de residencia los hogares humanos, y nos referimos a la lagartija gecko, conocida como cuija.

ENEMIGAS DE LAS ALIMAÑAS CASERAS

Siempre pensé que era una leyenda, hasta que la señora Rosa Lau, contándome sus experiencias y recuerdos sobre el ciclón del 59, me dijo que ella es testigo que este relato es verídico, ya que su padre, miembro distinguido de la comunidad china (los cuales hicieron discreta labor social tras el desastre), estuvo en el momento cuando miembros de una delegación nipona que arribo a Manzanillo poco después del ciclón, regalaron estos animales a la población, explicándoles que no eran peligrosos, sino que, por lo opuesto, se comían a los alacranes, mosquitos y cucarachas.

Es un animalito de color transparente, de un gris muy claro, frías al tacto, y que tienen una gran adherencia en sus patas a las superficies lisas, como las bardas de las casas, donde se instalan generalmente en las partes altas, y caminan hasta por los vidrios más pulidos. Se comen a los insectos de toda clase y tamaño, y también ellos son una comida muy apetitosa para los gatos domésticos, que brincan descomunalmente con tal de atrapar una y devorarla. En el caso de los alacranes, hay que decir que se comen únicamente a las crías, sin atacar a los ejemplares adultos. Al principio la población de arácnidos venenosos pareciera no mermar, pero al no haber crías, por devorarlas las cuijas, luego de un tiempo los ponzoñosos decaen en número, hasta desaparecer.

La cuija en Manzanillo es, generalmente, muy apreciada por su apetito por los insectos, pero tiene un primo que no es tan apreciado, otro gecko o lagartijo muy común también en los hogares, pero que es de color gris muy oscuro, casi negro, al que los manzanillenses llaman patas de res, y que falsamente le han endilgado el mito de ser venenoso. Si usted es observador, se habrá fijado que estas dos especies al parecer con el paso de los años se han ido cruzando entre sí, de manera que ahora casi todas las lagartijas caseras son pardas, de un gris intermedio; es raro ya ver las lagartijas oscuras y las totalmente transparentes.

La cuija es un lagartijo que puede caminar por las superficies más llanas, como los vidrios lisos verticales, merced a la fuerte adherencia que tienen sus patas.

CUIJAS VS ALACRANES

Manzanillo es un puerto relativamente nuevo, en comparación con otras poblaciones costeras del Pacífico mexicano, que ya existían desde tiempo prehispánicos, desde luego que con otros nombres, o desde los primeros años de la Colonia, con el dominio español sobre lo que en ese tiempo se consideraba la Nueva España; pero Manzanillo se creó por decreto como una población en 1824 y los primeros pobladores empezaron a llegar un año después. Pasó de ser un caserío hasta los últimos años del siglo XIX y todavía era una ciudad pequeña, muy pequeña en las primeras décadas del siglo pasado.

En 1959, el Ciclón del Pacífico, así, sin nombre, al hacer el recorrido tradicional de los ciclones por este litoral, de repente bruscamente cambió su dirección hacia el este, e impactó de lleno a una población que no lo esperaba. Es raro que en Manzanillo los ciclones peguen de frente y más en categoría 5, como fue aquel caso. La población, que en ese tiempo casi comprendía tan sólo lo que hoy conocemos como el centro histórico y un poquito más, se comprendía de casas de madera, lo mismo en los sectores que en las partes llanas. Lo mismo los pobres que los ricos usaban este material para construir sus viviendas, ya sea chozas o mansiones. Las casas de concreto (“de material”, como se dice aquí), eran muy pocas.

El ciclón derribó el 27 de octubre de aquel año, pues, casi todas las casas de este tipo, ya que, por muy bien hechas que estuvieran, no son resistentes, y menos a un monstruo de categoría 5. En lugar de cuadras con casas, como atestiguan las fotografías, en algunos lugares, solo quedaron apiladas grandes cantidades de tablas, de maderos mezclados con tierra, piedras, rocas y lodo. Si de por sí el alacrán siempre ha sido abundante, como lo prueba que en las primeras décadas del pasado siglo aplicara el llamado “impuesto sobre el alacrán”, lo que ameritara también que en 1956 se realizara una campaña buscando combatir al arácnido en Manzanillo, Armería y Tecomán; tras el paso del fenómeno meteorológico en el 59, de entre las tablas, maderas y materiales esparcidos por doquier, empezaron a aparecer alacranes por todas partes, picando a la gente.

La gente estaba asustada, y entonces se rememora que llegaron al puerto unos emisarios japoneses con un regalo para nuestra costa: cajas llenas con lagartijos vivos, de los que llamamos cuijas, con la finalidad de que se comieran a los alacranes, con vistas a que hicieran disminuir su alarmante presencia. Algunos viejos manzanillenses aseguran que antes de esa fecha, en Manzanillo no había cuijas. Curiosamente, mencionan que había unas pocas, muy pocas, en la zona de Salagua y Santiago, como alguna vez me lo comentara don Alfredo Cruz Torres. Y efectivamente, las cuijas entraron a nuestros hogares para siempre, y ahí siguen hasta hoy, reproduciéndose hasta casi convertirse, para muchos en una plaga, y entre tanto, los alacranes han ido disminuyendo, hasta casi desaparecer de la zona urbana, relegando su presencia a las zonas rurales.

Don Arturo Lau, comerciante chino avecindado en Manzanillo (Casa Colorada), aquí con su esposa, fue uno los que participó en la recepción de la delegación japonesa que donó a Manzanillo especímenes de cuijas, para combatir la plaga de alacranes que se generó tras la destrucción ocasionada por el azote del Ciclón del ´59.

LANZANDO BESOS A LOS PORTEÑOS

La gente las bautizó también como besuconas, porque este lagartijo, a diferencia de los restantes tipos de lagartos que hay en el mundo, no son mudos, sino que los machos y las hembras hacen un sonido que recuerda a una persona que estuviera lanzando un beso: ¡Smuack! Con la alta migración por cuestiones laborales: Peletizadora, termoeléctrica, puerto interior, regasificadora, etc., muchas personas llegadas de otras partes del país las ven con mucha desconfianza y tratan de matarlas, pensando que son venenosas, cuando en realidad acaban con las cucarachas y mosquitos, entre otros insectos molestos y peligrosos.

No hay un registro oficial de esta supuesta generosa donación hecha a Manzanillo por el gobierno nipón, aunque son muchas las personas que aseguran conocer esta historia de primera mano y recordarla. Esta variedad de gecko o lagartija es originaria del sudeste asiático, África y las Islas Marshall y Marianas, en Oceanía. También está documentado que se han ido extendiendo por todo el mundo a través de los barcos. En Acapulco se menciona que las cuijas llegaron a bordo de la Nao de China, también conocida como Galeón de Manila o de Acapulco, extendiéndose desde ahí a toda la Costa Grande y Chica de Guerrero. El hábitat caluroso de Chiapas les sentó de maravilla, porque es un animal que prolifera en climas tropicales. En Quintana Roo y Yucatán recuerdan que la Secretaría de Salud, ya hace muchas décadas, las llevó desde Chiapas para combatir a los insectos nocivos, especialmente a los mosquitos.

TREPADORAS INIGUALABLES

Pueden escalar superficies lisas verticales, e incluso transitar por los techos con facilidad. Precisamente por esta cualidad, se han convertido en objeto de investigación por parte de científicos que quieren saber en detalle cómo pueden caminar tan ágil y velozmente por techos y paredes, y aún sobre vidrios, espejos y otras superficies totalmente lisas. Uno de esos estudios, del cual se informa en la revista American Scientist, ha revelado que las patas de estos pequeños reptiles tienen una capacidad de adhesión tan grande, que podrían soportar un peso muchas miles de veces mayor que la del propio animal.

Ya desde hace algún tiempo se conocía el mecanismo por el cual las cuijas se adhieren a las superficies. En los dedos de las patas poseen millones de unas peculiares estructuras en forma de diminutas setas o pelillos, ramificados en los extremos. Esos filamentos microscópicos interactúan con las pequeñísimas irregularidades que existen aún en las superficies más lisas. En un principio se creyó que se enganchaban en ellas; pero ahora se sabe que la adhesión se debe a lo que los físicos conocen como fuerza intermolecular de Van der Waals, por el científico holandés que la descubrió.

Es una atracción o enlace que se establece entre dos moléculas cuando se hallan muy próximas, y en el caso de las patas de las cuijas -y también de otros animales, como las arañas- el fenómeno ocurre debido al pequeñísimo tamaño de los pelillos, que son diez mil veces más delgados que un cabello humano. Por ello el contacto entre la superficie y las patas ocurre a nivel molecular y aparece la fuerza de Van der Waals.

Tan firme es la adherencia así lograda, que los 6.5 millones de setas que posee en los dedos una cuija de sólo 50 gramos de peso, sería suficiente para sostener colgados del techo a dos hombres. Pero quizá lo más asombroso es la rapidez con que los pelillos se adhieren y se desprenden. Las patas de las cuijas no se pegan, sino que se adhieren mecánicamente, aun cuando la superficie esté mojada o engrasada, condiciones en las cuales no funcionan los pegamentos ordinarios.

Al conocer mejor la manera en que ello ocurre, se podrían fabricar materiales semejantes a las telas adherentes del tipo del que comercialmente se conocen como Velcro; estas telas, que ahora se usan en lugar de botones o cierres de cremallera en ropa, carteras, bolsas y otros productos, están formadas precisamente por una multitud de pelillos o ganchitos que se enredan unos con otros, pero pueden separarse con un tirón.

Estos geckos originarios de Oceanía y Australia se han ido extendiendo por el mundo, a través de los barcos.

COLONIZANDO NUESTRAS CASAS

La cuija, al descubrir a su víctima, se desliza rápidamente. Pocos centímetros antes de llegar al insecto, se detiene, lo vigila, aprende sus movimientos, indaga si tiene algún tipo de defensa y descubre su punto débil. Puede quedarse muchos minutos completamente quieta, sin mover un solo músculo. Luego avanza otra vez, sacando su lengua para oler y orientarse. No importa el tamaño de la víctima, pues abriendo sus grandes fauces puede engullirse a un insecto de un tamaño un poco menor que ella. En otras ocasiones, si ve que la potencial víctima es demasiado grande, o bien puede representar un peligro, se retira en busca de otro bocado. Algunas carecen de la punta de cola, señal inequívoca de lucha. No falta quien diga que les crece por generación espontánea.

La cuija se come a la cría del alacrán, no al ejemplar adulto. Esto hace que en poco tiempo el número de estos arácnidos ponzoñosos se vaya reduciendo drásticamente.

Su abundancia hace que sean menos fuertes los brotes de dengue y se eviten las epidemias de paludismo. No sólo han colonizado nuestras casas, sino que están presentes hasta en los hoteles de máximo lujo cerca de la costa. Su nombre científico es hemidactylus frenatus. Yo creo que ya en la visita en 1569 de Álvaro de Mendaña Castro de Neira, navegante español que nos trajera como regalo de las Islas Salomón la palma de coco, también nos trajo como regalo involuntario y desapercibido alguna que otra cuija que venía oculta dentro de los camarotes de su barco. Aunque a veces no las valoramos como es debido, son algo representativo de Manzanillo, y por eso es que se ha puesto de moda la venta de camisetas para que los turistas las adquieran como recuerdo de su visita a este destino, con dibujos de lagartijos de casa, cuijas, cuijes, patas de res, geckos, besuconas, o como quiera que usted las llame.