Las ironías de una feminista


Cuquita de Anda.-

De entrada, debo aclarar que los huevos son de las gallinas.

Cada día, la mujer lucha para nivelar su salario con el de los varones, pero creo que ya desmereció su sacrificio, puesto que actualmente el género femenino sigue en las mismas, ganando menos que los hombres.

Ante esto, viene a mi mente lo dicho y analizado por Lydia Cacho, quien considera, y coincido con ella, que debemos conmemorar en toda fecha a la mujer.

Todo comenzó una tarde en que un bienintencionado amigo quiso hacerme saber que me admiraba, “no puedes usar minifaldas muy cortas”, me dijo con gesto convincente, “porque se te saldrían los huevos”, finalizó.

Tajante, al mismo tiempo que hacia un gesto con ambas manos en señal de que mis susodichos eran de proporciones descomunales… esperaba que me sintiera privilegiada por haber pasado de golpe y porrazo a ser parte de las mujeres que supuestamente parecen hombres porque demuestran hacer las cosas con valentía.

Hubiese bastado que me dijera que admiraba mi arrojo para hacer las cosas, pero a veces los hombres les parece indispensable utilizar símiles o metáforas genitales, como queriendo hacernos saber a las mujeres que ya casi les igualamos, que vamos por buen camino, sin saber que francamente esos comentarios no son ninguna flor (y que menos cuando una tiene imaginación gráfica).

A lo largo de mi vida (dice Lydia) en distintas circunstancias he recibido un sinfín de piropos que me han llevado a analizar, con profunda seriedad, aquel que otrora consideraba yo un mito del finado Dr. Sigmund Freud: Llegando a la devastadora conclusión de que el neurólogo austríaco, en su investigación de los síntomas histéricos, que lo condujeron al estudio de los fenómenos subconscientes, se quedó cortito cuando habló de la envidia del pene que sufrimos las mujeres. Tal vez a su volumen “Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad, Tótem y Tabú” deberíamos agregarle: “Las mujeres con huevos y otros milagros modernos”.

Esto porque al parecer, escuchando los comentarios de los amigos, las féminas sufrimos de carencias y envidias inconscientes sobre todo en lo que toca -y no es albur- a las protuberancias y miembros colgantes de los hombres.

El poeta y abogado Julio Chávez Montes escribió, por citar un ejemplo textual, que un gobernante “que obra por sus huevos es arbitrario e ilegal, pero una autoridad que gobierna con huevos, es decir, con determinación, con rectitud, con trasparencia, con decisión, sin importarle las simpatías ni la popularidad, sino el cumplimiento de su compromiso jurídico, moral y político: Es la única capaz de conducirnos -a todos los mexicanos- por un camino sin incertidumbre”.

Me pregunto yo, tal vez por necesidad femenina, cómo ha hecho este escritor para salirse con la suya y fabricarse un artículo de crítica política intercalando un lenguaje que va desde lo más vulgar hasta lo más solemne, adjudicando, de paso, con sus enfáticas palabras, una serie de cualidades casi místicas a un par de glándulas colgantes secretoras de semen.

Supongo pues que para nosotras, hablando de las mujeres, que salimos al “mundo de los hombres”, la tarea inicial será descifrar cómo le hacen ellos para ser tan machos (con la única finalidad de imitarles, ¡por supuesto!). Tal vez sea por entre el conducto o vaso deferente, los nervios o vasos sanguíneos que se producen den la determinación para hacer política.

Siendo así, presuponemos que la rectitud y la transparencia se alojan en el cuerpo del epidídimo para salir al rescate de una nación cuando sea necesario.

Por otra parte -pero en la misma anatomía-, entre los lobulillos y el tabique está la certidumbre que se debe de generar en el pueblo gobernado, De vital importancia es que en los conductos deferentes se aloje y segregue, con harta constancia, la decisión esa que no conoce simpatías. Por supuesto, en la túnica albugínea debe encontrarse el sentido del compromiso jurídico, moral y político. Han de ser dos los que portemos las mujeres a la hora de escribir un artículo periodístico criticando a la nueva alcaldesa, o al ser consejera electoral, ¿será que los huevos nos protejan de las venganzas políticas a las mujeres y hemos vivido engañadas toda una vida? De ser así, hoy mismo me compro una docena.

Por Dios, cómo me encanta ser mujer, a pesar de que a veces sea tan difícil andar por el mundo con falda corta, no tengo la menor intención de ser yo quien porte los pantalones, no quiero ser como un hombre. Pero sí quiero ser contestataria, segura de mí misma y valiente, y si para ello necesito de huevos, prefiero ser gallina.