Las palabras


Una persona adulta promedio conoce entre 20 mil y 30 mil palabras, sin embargo, sólo utiliza entre mil y dos mil de esas palabras, claro que depende de su educación, hábitos y costumbres para concluir en un número determinado, sin embargo, es como el armario de ropa, que siempre está rebosando de prendas, pero usamos sólo un unas pocas en la vida diaria.

La semántica estudia el significado de las palabras y usamos esas palabras en la oralidad y en la escritura, los conceptos se almacenan en el cerebro, principalmente en el hemisferio izquierdo, lóbulo temporal, detrás de la sien, para la comprensión y el lóbulo frontal, detrás de la frente, para la articulación y escritura de las mismas.

En la niñez, es cuando se comienza a aprender las palabras, primero las sencillas, que dan identidad, pertenencia y necesidad, conforme se crece, el vocabulario se hace más amplio, la visión en la vida también se expande, se abren horizontes, conocimientos del mundo y de las expectativas de los individuos, pero las palabras aprendidas inician con el contexto familiar, luego el social y el educativo.

La mano y la boca son reflejos del cerebro, se habla y se escribe eligiendo aquellos conceptos que indicarán y transmitirán lo que se requiere, de preferencia, que comunicarán de la mejor manera posible, con claridad y para lograrlo se necesita una buena estructura de pensamiento, que apoyará en la eficiencia del mensaje, es decir entender lo que se quiere decir, ayudará en cómo decirlo.

Se crean mensajes todos los días, en la vida diaria, con mayor o menor esfuerzo, reflejando a la persona que los emite, escuchar a alguien proporciona pistas de su conducta, nivel de estudios, educación, valores y demás áreas sociales, aquí vale la pena ese dicho que reza “la cuchara saca lo que tiene la olla” porque analizando los mensajes de un emisor, el o los receptores conocerán más sobre la personalidad de quien construyó dicho mensaje.

En la Universidad Univer Colima, los estudiantes de la licenciatura de Diseño gráfico, llevan las materias de semántica, semiótica y redacción, que les instruye acerca de la creación de mensajes eficientes para públicos específicos, a partir del buen uso de los diferentes tipos de signos, incluido el signo lingüístico, se les motiva a la investigación y a la empatía, porque sus públicos deben identificarse con sus mensajes, persuadiendo.

El eficaz uso de las palabras en la construcción de oraciones tiene que ver con el objetivo y finalidad del mensaje, siempre que se tengan claros, se puede construir, seleccionando los conceptos que colaboren mejor en la transmisión de las ideas. La sencillez y la claridad siempre serán las mejores armas para lograr el propósito.

Ya lo decía Ferdinand de Saussure, padre de la lingüística moderna, las palabras (signos) no tienen sentido por sí solas, sino a través de su relación de diferencia con otros signos dentro del sistema lingüístico, es decir, aprender palabras, conocer sus conceptos e insertarlas en un contexto, unirlas a otro conjunto de palabras con valor y significado propio, obviamente cuidando de las reglas gramaticales, son lo que dará el resultado esperado en la transmisión del mensaje.

Lamentablemente, aunque en México se ha logrado una tasa muy alta en alfabetización, más del 95%, también se ha demostrado la vergonzosa realidad de mala ortografía y la poca capacidad de comprensión lectora entre jóvenes de secundaria y bachillerato. Hay una tarea titánica en las instituciones educativas del país, el compromiso debe ir en ambas direcciones, escuelas y estudiantes.

La agilidad en las redes sociales y la rapidez con que se escriben mensajes en los servicios y aplicaciones de mensajería ha provocado que las palabras se deformen, se abrevien incorrectamente, la juventud pierde la importancia de una correcta escritura, aun así deben aprender a escribirlas correctamente en el contexto de la formalidad, demostrando que hablar y escribir correctamente no sólo los representa a ellos, sino a una familia, empresa, institución o nación.