Manzanillo llevaba una vida plácida, tranquila, sin movimiento, sin visión y oportunidades
Por setenta y cinco años, Manzanillo había sido un pequeño pueblo a la vera del mar, con un playón de arena y con endebles muros de piedras y palitos que las personas y autoridades implementaban para impedir que el mar inundara la ciudad y se metiera hasta sus casas, y por el otro, estribaciones rocosas de mediana altura, que separaban al vaso lacustre de la bahía.
PEQUEÑA Y OLVIDADA POBLACIÓN PORTUARIA
Nombrado puerto por la autoridad, en ocasiones con la categoría de cabotaje y luego como de altura, y en más de una ocasión por diversos motivos cerrado a la navegación, Manzanillo llevaba una vida plácida, tranquila, sin movimiento, sin visión y oportunidades, a pesar de gozar de una posición inmejorable en cuanto al litoral mexicano del lado del Océano Pacífico.
La estiba de las pocas embarcaciones que llegaban hasta el puerto colimote era difícil y tardada, por las condiciones adversas para la carga y descarga de las embarcaciones. Muchos barcos de diferentes banderas, optaban por aquellos años por hacer sus operaciones a través de otros puertos del país más hacia el norte, mismos que en la actualidad han ido perdiendo su importancia en cuanto a esta actividad.
LA VISIÓN DE UN NUEVO GRAN PUERTO PARA MÉXICO EN EL LITORAL DEL PACÍFICO
El Gral. Porfirio Díaz Mori, como Presidente de la República realizó una serie de grandes proyectos para la entrada del nuevo siglo en nuestro país, y como conocía personalmente el Puerto de Manzanillo, por haber tenido breves estancias y pasos por aquí en algunos momentos de su vida, sabía también que al país le faltaba un gran puerto, tipo Veracruz, en el Pacífico, que estuviera en una posición mucho más estratégica y asequible que los puertos del norte del país, como Guaymas o Mazatlán.
Es por eso el 23 de mayo de 1899, su gobierno contrata a través de la Secretaría de Fomento Económico al Ing. Y Coronel estadounidense Edgar K. Smoot, uno de los contratistas que participaron en la magna obra yanqui del puerto de Galveston, para hacerse cargo de su proyecto de las Obras del Puerto de Manzanillo, con el cual pretendía convertir a la terminal colimense en el gran puerto que había soñado.
EMPEZANDO UNA GRANDE Y TRASCENDENTAL OBRA
Ya el 5 de junio de ese mismo año, Edgar Kenneth arriba en barco a Manzanillo, con la finalidad de vivir aquí y dirigir personalmente los trabajos portuarios para los cuales había sido contratado.
Una vez conseguido una casa donde vivir para él y sus principales colaboradores y asistentes, comprado o rentado la maquinaria necesaria para los trabajos, contratado el personal requerido para estos e identificado el sitio donde se harían, el 3 de enero de 1900 –pasadas recién las festividades del Año Nuevo-, se inician de manera extraoficial los trabajos referidos para los que fue contratado.
Incluían la construcción del Rompeolas, del Malecón y la apertura de Canales de Saneamiento para las lagunas de Cuyutlán (o Caimanes) y la de San Pedrito (que incluía la que conocemos como del Valle de las Garzas y la desaparecida de Tapéixtles).
ARRANCAN LOS TRABAJOS A MARCHAS FORZADAS
Se identifica la mejor roca para hacer estos trabajos, que es la que se ubica en una estribación rocosa maciza de El Colomo, población cerca a la ciudad, lo que implica también el traer desde los Estados Unidos una locomotora, conocida entre los porteños como la 14, porque tenía marcado este número de origen, que traía el material hasta el sitio donde se hacían los trabajos del rompeolas y el malecón, al que los porteños siguieron llamando playón.
El 5 de diciembre de ese año -a pesar de que los trabajos, como ya dijimos, habían empezado desde el mes de enero de forma extraoficial- se hace la inauguración oficial de los trabajos de las Obras del Puerto de Manzanillo, con las autoridades locales, representantes del gobierno federal y estatal y la jefe de los trabajos, el Coronel Edgar Kenneth Smoot.
EL PRIMER BOTICARIO DE MANZANILLO, ELISEO MARÍN
Entre el personal que trajo Smoot para este trabajo, no podía faltar un médico compatriota suyo que atendiera los que eran aquejados por diversos males tropicales, virus transmitidos por picaduras de insectos, inoculados de alacrán y otros insectos ponzoñosos y diversas enfermedades. Es así que arriba a Manzanillo el que sería el primer boticario porteño, Don Eliseo Vargas Marín, procedente desde Jiquilpan, en Michoacán, quien fungía, no solamente como el acompañante, ayudante y aprendiz del médico norteamericano, sino también como traductor, el cual tenía para entonces cincuenta años de edad.
Éste, quien ya tenía conocimientos en cuanto al ramo de la medicina y preparación de medicamente en el vecino estado de su nacimiento, al año siguiente abrió lo que sería la primera botica o farmacia del puerto, a la que le puso el nombre de Farmacia Manzanillo, en la esquina de las calles Juárez y Madero, sitio donde hoy se localiza el afamado restaurante Chantilly. El fue el que, a partir de 1929 capacitaría al que a la postre sería su sucesor, Agustín Guijarro Delgadillo, originario de Tomatlán, Jalisco.
LA VISITA DEL GRAL. DÍAZ, PARA LA GRAN INAUGURACIÓN DEL TREN Y OBRAS PORTUARIAS
El 12 de diciembre de 1908, fecha para la que están por cumplirse 113 años, el entonces Presidente de la República, Gral. Porfirio Díaz Mori, arribó a las 12 horas con 30 minutos del día a Manzanillo tras una breve instancia en la capital del estado, procedente de Guadalajara, Jalisco.
Aquí inaugura la vía ancha del ferrocarril Manzanillo a Guadalajara, así como también la primera fase de las obras del puerto. Ese día también se inauguró el muelle de madera.
De ahí para adelante Manzanillo empezó a despuntar portuariamente, dejando atrás por mucho a sus competidores, primeramente a los del Pacífico mexicano, hasta llegar al punto actual, en que es el principal del país.