Quien no conoce a Paco Morales, no es de Manzanillo. Esa era la sentencia que el propio personaje porteño decía sobre su popularidad. A pesar de ser alguien tan conocido, tanto que, por esta causa apareció de manera destacada en varios libros escritos por colimenses sobre personajes pintorescos de nuestro suelo; sin embargo, persiste el halo de misterio que rodea a los años de juventud del llamado primer hippie de Manzanillo, en los que no se tiene mucha información al respecto. Sin embargo, gracias a algunos detalles conocidos por algunas personas aisladas, se puede entrever lo que pasó en ese tiempo.
Empecemos hablando de este personaje local, para aquellos pocos que no sepan de él. Su padre, Salvador Morales Guzmán, fue el propietario de una negociación denominada “Las Tres B” (que significaban: Bueno, Bonito y Barato), que se estableció en 1922. Se encontraba en la esquina suroeste de la avenida México e Ingenieros, donde después estuviera por años Radio Comercial (México No. 152). Se le conoció popularmente como “Don Chava El Puertorriqueño”, porque era originario de Ponce de Lares, Puerto Rico.
Algunos años después, en los treinta, Don Chava cambió el nombre de su negociación por el de La Marina, continuando con la venta de ropa. Finalmente, se trasladó con toda su familia a la capital del estado, incluyendo a Paco, donde murió en el año de 1951. Los hermanos de Paco fueron: Salvador y María Salomé.
El nombre completo de Paco fue: Francisco Morales Martínez. Nació en una posición económica desahogada, ya que el negocio de su familia en el tiempo que se llamaba La Marina, era junto a la Casa Jaramillo la más exitosa de Manzanillo en los años 30.
Mientras su hermano Salvador Jr. hizo una carrera profesional en la ciudad de Guadalajara, se dice que Paco se negó rotundamente a seguir estudiando, o por lo menos no se supo que lo hiciera. El siempre dijo que le gustaba la libertad, sin ninguna clase de ataduras. Otros le llamaban a su forma de pensar y de vivir vagancia y flojera. Su indumentaria característica en su etapa de juventud era un overall de mezclilla y unos tenis.

Cuando, pues, su familia se fue a la ciudad de Colima, él también les acompañó, pero a los pocos años los hermanos Morales Martínez quedaron huérfanos, y mientras que sus dos hermanos se fueron a vivir a Guadalajara, de Paco nada se supo durante varios años.
Hasta este punto le pierdan la pista muchos manzanillenses, entre estos quienes escribieron sobre él, como Carlo Elio Brust Victorino y Raúl Zuazo Ochoa. También se habla someramente de él en el libro “Quien es quien en Colima”, escrito por Juan Oseguera Velázquez, y se dice que era solamente un comerciante en pequeño. Y en verdad, nunca se supo que desempeñara alguna otra profesión.
Un día, así de súbito como había desaparecido de la región con rumbo desconocido, así regresó a su Manzanillo, donde pasaría el resto de su vida, con momentáneas salidas, principalmente para ver los clásicos de futbol Chivas-América. Pocos supieron de alguna otra actividad o faceta de la vida de Paco.
Es aquí donde entran los recuerdos de unos juegos internacionales celebrados en la ciudad de México, siendo estos las Macabeadas Panamericanas, celebradas en la Ciudad de México en el año de 1979, evento en el que participaron trece países: Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Ecuador, USA, Venezuela y México. Había un grupo de basquetbolistas manzanillenses que se trasladaron a presenciar los partidos de este torneo.
Pues bien, grande fue la sorpresa al encontrarse los porteños que asistieron a este evento con la asistencia de nada más y nada menos que el famoso personaje porteño Paco Morales. Pocos sabían entonces de alguna afición de su parte al deporte ráfaga. Pero más fue su sorpresa al ver que los entrenadores de los diferentes equipos participantes en el concurso de basquetbol latinoamericano, todos conocían a Paco por nombre y lo saludaban efusivamente y dándole no sólo apretones de mano, sino incluso fuertes abrazos.
Extrañados, los manzanillenses fueron con Paco a preguntarle porque los entrenadores internacionales lo conocían tan familiarmente, y este les contestó que era porque él era entrenador profesional de basquetbol. Y acto seguido, para demostrar su dicho, empezó a hablarles de estrategia, técnicas de juego y entrenamiento, de las más avanzadas para ese tiempo, ayudado por una pluma y una hojita de papel, lo cual los dejó con la boca abierta y convencidos.
Una vez acabado aquel evento, ya aquí en Manzanillo Paco llegó a entrenar por hobbie (nunca como un trabajo remunerado) a un grupo de jóvenes que entonces empezaban a destacar. De entre ellos salieron algunos de los mejores equipos de aquella época, como Resto del Mundo, Ángeles, USA, Stelie, etc.
Con los recursos que sus padres le heredaron, Paco se trasladó a los Estados Unidos a estudiar como coach de baloncesto, siendo su carácter de hijo de puertorriqueño una condición favorable para que lo hiciera sin problemas, ya que, como todo mundo sabe, la isla del encanto es un estado libre asociado con Estados Unidos, y su gente tiene derechos como si fueran ciudadanos norteamericanos, tanto así que la ciudad de Nueva York, en la costa este de ese país, es la urbe con más puertorriqueños en el mundo, por arriba de la ciudad de San Juan, capital de Borinquén.
