Los dulces típicos de la Ola Verde


EVOCACIONES AMARGAS Y DULCES

Al decir las palabras: Ola Verde, quizá lo primero que se le venga a uno a la mente como habitante de esta región de la costa de Colima sea el funesto maremoto que en 1932 golpeara a la población de Cuyutlán, por aquel entonces parte de nuestro municipio, y que hoy integra el municipio de Armería. Y, cómo no, si este desastre natural, precedido por tres fuertes terremotos cambió la vida de nuestra región, no solamente porque ocasionó muchas muertes, hizo que Cuyutlán decayera como destino turístico y que Manzanillo empezara a descollar en este tema; sino que también generó efectos y daños en Manzanillo, pues en esa ocasión se averió tanto el edificio de la presidencia municipal, que fue necesario demolerlo.

En realidad, desde mucho antes de esto ya se le llamaba Ola Verde a una imponente onda marina que se supone que cada cierto tiempo se levanta en el balneario de Cuyutlán y es todo un espectáculo nada destructivo, sino bello.

Los manzanillenses sin embargo, sobre todo los que tienen de cincuenta años para abajo, también asocian estas palabras con cosas más dulces y agradables, y aquí les relataré el porqué.

INICIOS MODESTOS

El nombre de Ola Verde, pues, se hizo tan famoso que, cuando a finales de los años sesenta abrió una pequeñísima dulcería en el primer cuadro de la ciudad, sobre la calle Juárez, una de las más antiguas de nuestra ciudad, se escogió este nombre para ella. Estamos hablando de una negociación humilde, que no parecía tener mayores aspiraciones, y que, sin embargo, quedó grabada en la memoria de los porteños.

Se instaló en el edificio contiguo al entonces famosísimo Cine Bahía, que, de los tres cinemas con que contaba el puerto en el área del centro era el más fino, elegante y que pasaba las mejores películas internacionales. Sus dimensiones eran diminutas, pues se encontraba la dulcería sobre un pasillo en el espacio correspondiente a la puerta de acceso al edificio. Puede imaginar, pues, si no la conoció, lo chiquita que era la Ola Verde.

SABORES ESENCIALES DE LA REGIÓN

La venta de dulces no era de cualquier tipo, sino mayoritariamente de dulces típicos o regionales, basados en el coco y el tamarindo. Es por esta razón que se hizo la favorita de los turistas, y en especial de los extranjeros, norteamericanos y canadienses, que se llevaban las hermosas cajas de cocadas y borrachitos como recuerdo de su viaje a México y a Manzanillo. Se extraña mucho el puesto aquel, el cual, como les digo, era una mera mesa que se colocaba a la entrada del edificio, al lado de donde hoy se ubica la tienda Waldos.

Ahí se podían hallar los más tradicionales dulces de la región, como las cocadas en diversas presentaciones, los alfajores, los pellizcos, los borrachitos, dulces de tamarindo, algunos panes, palomitas y saquitos de sal. A los lados había repisas abarrotadas de golosinas para los niños, como las tradicionales paletas de bombón con chocolate, que tenían un envoltorio simulando un reloj, y en la caratulita estaba un dibujo del popular personaje televisivo Chabelo.

También las palelocas, que tenían un palo que en cada punta tenía dulce para chupar, de un costado de un sabor, y del otro diferente. Los panes que ofrecían al público no eran panes cualquieras, sino de alta repostería, muy sabrosos, donde predominaban los barquillos, que se acababan muy rápido, pues la gente se los peleaba. Era de autoservicio, cuando este sistema no era muy usual en Manzanillo. No te despachaban; tu ibas agarrando los dulces, y al final de cobraban.

Por su ubicación privilegiada, a pesar de su minúsculo tamaño, vendía mucho. No solamente los turistas compraban, sino también los locales, y muchas familias de Salagua y Santiago que los fines de semana venían por las noches a pasear por el jardín y El Playón no dejaban de pasar por la Ola Verde, para comprarle una golosino a sus niños.

Las nieves de chorro que se vendían en la Ola Verde fueron las primeras de su tipo que se conocieron en Manzanillo, donde solamente se había las de garrafa.

AMADO POR CHICOS Y GRANDES

Algún tiempo ahí también vendieron nieves de chorro de distintos sabores, como fresa, vainilla y chocolate, lo que se complementó muy bien con los dulces tradicionales colimenses, pues muchos que iban a sentarse en una banquita del jardín enfrente, preferían llevarse una nieve para pasar el rato degustándola, mientras observaban a los pichones, en aquel tiempo numerosísimos, sobrevolando sobre la plancha del Álvaro Obregón.

Así que la clientela de la Ola Verde tenía tres principales vertientes: Los asistentes a las funciones de películas del Cine Bahía a un costado de la dulcería, los que venían a pasear por las noches al jardín “Álvaro Obregón” y a El Playón, y los turistas nacionales y extranjeros. Todos amaban aquel puestecito azucarado con amable y calurosa atención, pero en especial, los niños, que suplicaban a sus papás les compraran una golosina o nieve.

UN MANZANILLO DIFERENTE

Pero de pronto, todo el panorama cambió, pues los cines de Manzanillo empezaron a cerrar sus cortinas ante la entrada de la televisión por cable y la competencia de los videoclubes con sus películas en cartucho Beta, primeramente y VHS después.

De esta manera los tres cines del centro de la ciudad, incluyendo al Bahía, cerraron. El local de éste quedó solo por algún tiempo, y se llegó a especular que se convertiría en un teatro; pero finalmente se convirtió en una tienda de conveniencia de gran tamaño y precios bajos de una firma del norte del país, que ahí permanece hasta hoy.

En cuanto al jardín del centro de la ciudad, empezó a tener menos visitas de personas fuera del área céntrica, ya que se crearon nuevas colonias en la zona del Valle de las Garzas y sus alrededores. Diversas obras en la periferia del centro contribuyeron a que estas visitas bajaran a su índice menor. También por aquellos tiempos, se empezó a privilegiar de manera muy fuerte nuestra vocación portuaria, dejando casi totalmente de lado la turística y su promoción, por lo que la visita de turistas, tanto nacionales como internacionales, decayó grandemente.

QUEDANDO EN EL RECUERDO

Todo eso repercutió en una baja en las ventas de la dulcería la Ola Verde. En la actualidad el puestecito ya no existe. En su lugar se venden recuerditos para los turistas. Pero en cualquier rato quizá vuelvan a vender dulces, que al cabo que también las golosinas típicas de Colima son un buen recuerdo para los turistas.

En realidad, hay otras tiendas de venta de ropa de playa y recuerdos de Manzanillo (como saquitos de sal, conchas marinas y llaveros) que ocuparon el hueco dejado por la Ola Verde, y venden dulces típicos colimenses.

Sin embargo, hay que decirlo, se sigue extrañando ese puestecito del centro de Manzanillo que dejó un dulce sabor de boca en el ayer, que todavía traemos al presente a través de nuestras añoranzas.