*Platillo afamado a alto costo ecológico
*Se le capturaba tanto por su carne, como para hacer productos diversos de piel
*Entre los años 70 y 80 estuvo en peligro de desaparecer de nuestro litoral
Durante mi niñez y adolescencia, una de las comidas favoritas de mi familia y propia, era la caguama. Por igual lo era de una gran mayoría de los porteños de aquellos tiempos de las décadas de los setentas y ochentas.
FALTA DE CONCIENCIA
Por entonces nadie hablaba sobre la sobreexplotación de estos animales marinos, y no existía conciencia alguna sobre la necesidad de conservarlas; solamente se les conocía por ser un platillo típico de nuestra ciudad.
La tortuga marina era cocinada con papas, zanahorias, puré de tomate, aceitunas y diversas especies, ya sea acompañada con tortillas o tostadas. Mi tío Enrique Carrillo, esposo de mi tía Eva, era famoso por la preparación de este guiso en la Playita de En Medio, uno de los barrios tradicionales del puerto, eminentemente pesquero y ribereño, donde muchos se dedicaban a capturar la tortuga caguama.
Era algo tan apreciado, que incluso en algunos festejos familiares importantes celebrados durante el día, como las bodas, se llegaba a servir como platillo principal, a pesar que su elaboración era costosa.
CAPARAZONES SOBRE LA PLAYA
Igual que se preparaba en casa, se vendía en puestos callejeros, como el de El Tlacuache, que todavía existe por la calle Pedro Núñez, por muchos años al costado de la Electrónica Leslie, negocio éste último (Leslie) ya desaparecido; aunque, desde luego, este puesto tan afamado hasta en la actualidad ya no vende caguama, y en su lugar vende mariscos con la misma concurrida clientela que ha tenido desde hace muchas décadas.
En muchos lugares aún venden guisos a base de pescado con una consistencia, elaboración y sabor parecidos al de la preparación tradicional de la tortuga caguama.
Recuerdo cuando era niño caminar por la Playita de En Medio acompañado de mi papá, cerca del astillero de Don Miguel Jaramillo (así se le decía, aunque en el astillero ya trabajaban otras personas, mientras él ahora despachaba su negocio de artículos de pesca en la acera de enfrente, sobre la Niños Héroes: La Casa del Pescador), y nos topamos con un enorme caparazón de tortuga abandonado, y fue algo que se me quedó muy grabado.
Al parecer habían desollado al animal marino para comercializar su carne, y me impresioné mucho, por su bella aunque dantesca forma, con carne todavía pegada al cuenco aquel, duro como piedra, así como por el gran tamaño, que me hizo imaginar cómo de grande estaba aquel animal cuando aún estaba vivo.

La Playita de En Medio, barrio eminentemente pescador, era uno de los lugares donde más se veía sacar caguamas.
“LA FRESCA” DEL BOYA
También recuerdo a un conocido señor, conocido popularmente como El Boya, quién paseaba por todo el Centro Histórico a bordo de una bicicleta de turismo grandota, que atrás traía una parrilla metálica para llevar carga, y sobre ella un cazo tipo chicharronero, dentro del cual traía carne de quelonio en grandes trozos para vender. La gente ya sabía que se venía acercando cuando lanzaba al aire su tradicional grito: “¡Fresca, la fresca!”, y salían de inmediato a comprarle.
Así, de esta forma, a pedalazo limpio, recorría gran parte de la ciudad, por lo menos en lo que se refiere al centro, pues lo mismo se le veía en San Pedrito, que en La Pedregosa, que en El Tajo, la Unidad Padre Hidalgo y colonias alrededor de estos lugares.
Esta persona vivió hasta una edad muy avanzada, al parecer rondando los cien años, y siempre mantuvo una excelente salud a pesar de su senectud. Era muy amigo desde la niñez de un tío mío, ya fallecido, hermano de mi mamá, de nombre Manuel Cisneros Peña, ejidatario de Salagua, quien también vivió hasta una edad muy avanzada.
Casi todo mundo en Manzanillo lo conocía, o por lo menos lo identificaba por su peculiar vendimia, que por entonces se consumía en casi todos los hogares de forma frecuente.
PRODUCTOS DE PIEL CON ALTA DEMANDA
El consumo de su carne no fue la causa principal de que disminuyera tanto el número de ejemplares, sino la explotación de su piel, porque se usaba para hacer zapatos, cintos, bolsas y muchos otros artículos. La piel de estos animales es apta para hacer trabajos muy bonitos en cuanto a estos artículos y de ahí la alta demanda por su captura.
Muchas veces únicamente les cortaban las aletas, y las dejaban desangrándose a medio morir y medio vivir. En este proceso doloroso, la caguama derramaba lágrimas, cosa rara en un animal. Era algo muy triste y cruel.
Pero a los encargados de realizar estos productos comerciales, esto no les importaba en absoluto. Era algo más cruel que la caza de ballenas, que también ya está proscrita, aunque hay algunas naciones del mundo que todavía la practican.
Se le cazaba a la tortuga tanto, para diversos fines, que empezó a escasear, por lo que se prohibió su captura y consumo con penas tan severas, que se logró el cometido y la especie entró en franca recuperación en relativamente poco tiempo. Actualmente hay más en las aguas de nuestro litoral, y eso es algo que nos debe dar satisfacción y alegría, pues la especie estaba verdaderamente peligrando.

Ly Che y carrito vendedor de aceite de caguama.
RECUPERÁNDOSE POCO A POCO
La caguama lleva el nombre científico de Caretta Caretta, única en su género dentro de los quelonios, ubicada dentro de la súper familia de las tortugas marinas, la cual vive en el mar, en aguas costeras poco profundas, y en muy raras ocasiones arriba a las costas aparte de la ocasión del desove.
Este lo hacen excavando un nido en la arena de la playa y, una vez depositados los huevos dentro, el quelonio lo tapa con la ayuda de sus patas-aletas, y luego lentamente comienzo su lento regreso a la seguridad del mar, momento en que es vulnerable al ataque de muchos depredadores, incluyendo entre ellos, desde luego, al ser humano.
Afortunadamente, se ha tomado conciencia sobre la necesidad de preservar estos hermosos ejemplares de la naturaleza, y hay muchas personas y organizaciones, que protegen tanto a los ejemplares adultos, así como a los nidos y sus huevos, así como a los pequeños cuando salen de ellos y van al mar para crecer y desarrollarse.
A mí me gustaba mucho la carne de caguama, y a toda mi familia también; así que mi mamá optó por hacer la misma receta, pero con carne de res, y descubrimos que prácticamente sabía igual; por lo que, a partir de esa fecha, hacíamos una especie de caguama con carne de res.
No es necesario andar matando animales tan bonitos, tranquilos y en peligro de extinguirse; por el contrario hay que protegerlos para que se recuperen después que fueron puestos al borde de desaparecer de nuestro litoral.