Los mosquitos, un problema sanitario añejo en Manzanillo


*Causantes de epidemias como fiebre amarilla, paludismo y dengue

*Cercanía de nuestra ciudad a varias lagunas, favorece proliferación

Debido a nuestro clima tropical, Manzanillo tiene presencia de los insectos volátiles del orden de los dípteros, conocidos como mosquitos zancudos; pero en especial, esto se reforzó debido a que nuestras bahías están rodeadas por cuerpos de agua que favorecen su proliferación, ya que las larvas de estos necesitan del agua para ser depositadas y desarrollarse.

RODEADOS DE AGUAS NO SANEADAS LLENAS DE LARVAS

Es el caso de la laguna principal de la zona; la de Caimanes o de Cuyutlán; la de San Pedrito: que su gran extensión se fue fraccionando con el paso de los años en varios vasos separados unos de otros, como es el caso de la de San Pedrito, la de Tapeixtles y la del Valle de las Garzas, que, repito, en su origen eran un solo cuerpo de agua; también había otras lagunas de menor tamaño a las mencionadas, como la de Juluapan, que contribuían a esta presencia nada  deseable, que en ocasiones se ha salido de control, convirtiéndose en plaga y transmitiendo a los seres humanos diversas enfermedades.

Antes del traslado oficial del antiguo puerto de Salagua, al recién creado puerto de Manzanillo, en el año de 1825, se hizo limpieza de maleza y vegetación en la zona del paraje hasta entonces deshabitado de El Manzanillo, en parte también para reducir la presencia de zancudos y jejenes. En los primeros años de Manzanillo, sus nuevos pobladores preferían vivir en las partes altas, llamados posteriormente sectores a iniciativa del Servicio de Correos, debido a que no se recibían los hedores malsanos de las lagunas y a que también la presencia de moscos era un poco menor que en las partes bajas. En esos tiempos, las lagunas no tenían comunicación con el mar, y por tanto, no estaban saneadas en lo absoluto.

LUCHANDO CONTRA LA PROLIFERACIÓN DEL MOSQUITO

Hay que decir que la ciudad primeramente se asentó casi en su totalidad del lado del mar, pero su calle más importante que se le trazó fue la que hoy conocemos como Calle México, y que inicialmente era conocida como Calle de la Laguna, debido precisamente a que era la única que comunicaba la ciudad con la laguna de Caimanes o de Cuyutlán.

Hay que entender que en los primeros años no existía la calle Carrillo Puerto, que estaba interrumpida por una lomita (Cerrito de La Ciudadela), ni El Cañón (hoy Porfirio Díaz), que se abrió a finales del Siglo XIX para la entrada del ferrocarril de vía angosta; ni El Tajo (J. Jesús Alcaraz). Incluso la Calle México llegaba hasta donde hoy es la esquina con Miguel Allende (un poquito delante de donde hoy se encuentra la Ferretería Adachi (antes Naitoh), que continúa hacia el cerro del Sector 2, ahora con el nombre de Gregorio Torres Quintero.

En la imagen un mosco aedes aegyptus transmisor del dengue o trancazo.

LA FIEBRE AMARILLA DESOLANDO LA COSTA

Las luchas contra la proliferación del zancudo fueron desde antiguo; y el 15 de agosto de 1883 esto tomó un cariz más serio, cuando brotó en Colima la fiebre amarilla, iniciada en Manzanillo y abarcando toda la entidad. Se dice que fue introducida por un enfermo que fue desembarcado de la nave San Blas, procedente de Panamá. Causó desolación y muerte, pues durante cinco meses murieron un promedio de 25 personas diarias en la capital del estado.

El 23 de agosto el obispo Francisco Melitón Vargas y Gutiérrez empeñó su costoso anillo pastoral para sufragar parte de los gastos originados para la atención de las víctimas de la epidemia de fiebre amarilla en el Puerto de Manzanillo y la zona costera del estado. Dos días después de esto, ante la negativa de los sacerdotes de la diócesis de Colima para asistir a las víctimas de la epidemia de fiebre amarilla en la zona costera, el obispo Francisco Melitón Vargas y Gutiérrez mandó ensillar una bestia y se lanzó solo a hacer el viaje hasta el puerto de Manzanillo. Los sacerdotes se dieron cuenta y lo alcanzaron ya entrada la noche en la población de Tecolapa, convenciéndolo de regresar a la capital del estado, prometiéndole que ellos vendrían a ayudar a las víctimas de la mortal enfermedad. El 30 de agosto murió la cantante de ópera Ángela Peralta, de fama internacional, conocida como El Ruiseñor Mexicano, víctima de la fiebre amarilla contraída en esa embarcación San Blas, en la que viajaba hacia Mazatlán.

En 1884, la población de Manzanillo, Armería y Cuyutlán huyó en su gran mayoría a Tecomán, Colima y Zapotlán, buscando escapar de la epidemia de fiebre amarilla. Durante más de cuatro años, la enfermedad epidémica se enseñoreó del relativamente nuevo y poco poblado puerto; pero al fin, en 1888, cesó la epidemia de la fiebre amarilla, dejando en Colima alrededor de 2 mil defunciones, y en Manzanillo más de cien, huyendo muchos porteños hacia otras poblaciones de la región. Esas fueron las cifras oficiales, aunque algunos suponen que los números fueron más elevados.

MEDIDAS PARA COMBATIRLO

El 12 de noviembre de 1919, el Congreso del Estado prohibió la siembra de arroz en los poblados rurales, a fin de combatir al mosco que propagaba el paludismo.

Pero en el año de 1931, debido a la muy eficaz labor de la Delegación Sanitaria Federal, a cargo de Alejandro Ramos, Manzanillo logró erradicar la plaga de mosquito por un tiempo, la cual era propia del Puerto en épocas anteriores; lográndose esto al hacerse labor antilarvaria, al depositar pescaditos en todos los recipientes con agua susceptibles de crear mosquito anopheles, que es el trasmisor del paludismo. Se dice que por aquellos días los porteños pudieron por fin, después de muchos años, dormir tranquilamente, sin sufrir picaduras.

EL DENGUE IRRUMPE EN LA ESCENA

El 20 de julio de 1984 apareció en Colima la enfermedad conocida como dengue, transmitida por el mosco Aedes Aegyptus, la cual ha continuado apareciendo cíclicamente en mayor o menor medida, con mayor o menor intensidad, sin irse del todo desde hace 38 años.

Algún tiempo después, a esta enfermedad se le puso el nombre de dengue, que es con el que se le conoce ahora, aunque algunas personas todavía le siguen llamando con su nombre original porteño: Trancazo.

El combate a la proliferación de este volátil molesto y propagador de diversas enfermedades ha sido constante en las últimas décadas en todos los barrios y colonias de nuestro municipio, y la Secretaría de Salud y Bienestar Social ha informado que desde hace más de veinte años no se presentan casos de paludismo ni en el municipio de Manzanillo ni en el estado de Colima, y es una de las entidades federativas que están libres de este mal.

La transmisión del paludismo sigue ocurriendo con algunos casos, sin embargo, en entidades de nuestro país como Chiapas, Oaxaca, Quintana Roo y Tabasco en el sur-sureste, y Chihuahua, Durango, Jalisco, Nayarit, Sinaloa y Sonora en el noroeste. Aunque es casi imposible que los zancudos desaparecieran para siempre de nuestra ciudad y puerto de Manzanillo, si se puede controlar evitando los depósitos, acumulaciones y encharcamientos de agua, así como hacer labor periódica de fumigación en sus barrios, colonias y comunidades.