En la última década, la ludopatía —esa adicción al juego y a la recompensa— ha tenido una transición no solo en su forma de presentarse, sino también en las edades y hábitos que se desarrollan en torno a este comportamiento.
En el Estado de México, el Instituto Mexiquense de Salud Mental y Adicciones (Imsama) identifica que, entre sus servicios, uno de cada mil casos está relacionado con esta conducta, con cambios medibles en los últimos 10 años.
La Dirección General de Juegos y Sorteos de la Secretaría de Gobernación refiere que la primera vez que esta condición fue reconocida desde un enfoque médico y de salud fue bajo el término Juego Patológico, establecido en 1980 en el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM III) de la Asociación de Psiquiatría Americana, y posteriormente en el DSM IV (1994).
Para el diagnóstico de juego patológico se toman en cuenta factores como la persistencia y “un comportamiento adaptativo recurrente de apostar que desbarata entornos familiares, personales y vocacionales”.
Fue hasta 1992 cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció el concepto de ludopatía para referirse a quienes sufren un trastorno adictivo con el juego.
