Me preguntan por quién voy a votar


Antonio Flores Galicia.-

Son muchas las personas que me han preguntado por quién voy a votar el domingo siete de junio y ninguna respuesta he podido dar, ni el nombre ni el partido, porque no lo sé. A todos les he respondido que no deben preguntarme, porque el voto es secreto; nombres no puedo dar, porque no los sé y, para votar debo decidir yo, de manera responsable, pues no se trata de un juego ni capricho ni conveniencia. Las autoridades de un estado o municipio son para ayudar a la comunidad y mejorarla, no para disfrutar alabanzas ni enriquecerse.

La razón por la que no sé el nombre de la persona ni del partido, es porque no los conozco, ni me ha dicho, ninguno, qué y cómo va a trabajar. De ellos, sólo sé el nombre, pero ignoro la preparación científica que posean, qué estudios o títulos han obtenido en las universidades; qué puestos han tenido en el campo de la política y en lo que ocuparán para actuar con el puesto que ambicionan.

A lo mejor ya les prometieron, en alguna universidad, un título con dieces, pero que se comprometan a ayudar económicamente a ese centro; si tiene problemas con su esposa o hijos, no va a poder resolver los problemas familiares tan graves y numerosos que hay; si fue de pandillas en su juventud, no va a orientar a nuestros jóvenes ten desorientados en mucho; si forma parte de mafias o sicarios, va a fortificar estas áreas sociales. Lectores dirán que no existe eso, pero hasta nombre sé.

Hay mucho que se necesita saber de los candidatos y partidos, para que nuestro voto sea veraz y votemos por la persona más apta. Tantas, enormes y perfectas fotografías que encontramos en las calles y los caminos, en nada ayudan (algunos dirán que sí), porque no es invitación a votar en un concurso de belleza.

Respecto a los partidos, en primer lugar, no todos somos tan inteligentes para conocer quiénes son los que los forman, qué proponen, qué fama tienen; son ocho y solamente de dos tenemos algunos conocimientos, porque ya han ocupado puestos gubernamentales y dicen que ahora sí harán bien las cosas. Pero ni estos dos han dicho qué está bien en el estado y el municipio, qué aumentarán y qué quitarán, cómo y quiénes lo harán. “Nada ganas con llorar, mejor dime la verdad”.

Es muy conocido y utilizado este refrán: “El prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila”. Por lo menos, a mí me parece verdadero. Cuántas disculpas, burlas, oposiciones, denigraciones. Hasta denigran y rechazan a los que no están con ellos. Se ignora, o no les conviene, la libertad en las elecciones. Solamente una: ¿Cuánto dinero gastarán pasando cada cinco minutos, durante todo el día y parte de la noche, por todas las calles en todas las colonias? Y, esto, de domingo a sábado. Nos damos cuenta de lo que se está sufriendo actualmente para pagar tantos impuestos, tanto trámite, etc.

Para votar, debemos saber la credibilidad que tenga cada partido, cada candidato. Pero, cosa triste, me consta que ni la directiva de un partido conoce la personalidad y valores de su candidato, se preocupan por conocer los defectos de los aspirantes de los otros partidos, callan y ocultan los de los suyos. Somos un país demócrata, por lo que todos los que lo formamos somos libres y nos debemos preocupar por la sociedad. Es ignorancia el decir “el Estado, la Iglesia”. Allí está la libertad de quienes forman la religión y el gobierno, una responsabilidad de todos cualquiera que sea su religión o modos de gobierno. Lógico, cuando ponen Constituciones y Leyes, ¿para dónde nos hacemos?

Termino con una verdad que parece broma. Cuando un alumno me notificó que iba nuevamente como candidato para gobernador, le respondí: Hazlo con otro partido político, ya perdiste con ese en las pasadas elecciones. Fue contundente en su respuesta: “No busco ganar, sino lo que gano como candidato. En las pasadas elecciones gané un carro, una casa y puse una pequeña empresa”. Era cierto, yo fui a las cenas de las inauguraciones. Así son las cosas en el México que hicimos. Recordemos a Amado Nervo: “Yo fui el arquitecto de mi propio destino”. Por eso: Mejor ríete, nada ganas con llorar.