*Narra magistralmente vida, obra y aventuras de Jesús “El Ciego” Muñoz
*Es fuente primigenia para abrevar en materia de la Fiesta Brava
Luego que llegase a nuestras manos en los últimos días del mes próximo pasado, hablando en términos taurinos, en tres tandas (sesiones de lectura) con su respectivo remate de faena (síntesis y conclusión), dimos cuenta del histórico y ameno libro sobre la vida, obra y hechos anecdóticos de Jesús “El Ciego” Muñoz, ese gran personaje que tanto significó para el desarrollo de la Fiesta Brava en nuestro País.
Y es que hablar de “El Ciego” Muñoz no es cualquier cosa, dada su condición de intelectual, artista, bohemio, torero, empresario, enamorado irredento, padre afectivo y amigo fiel de toda una pléyade de figuras con las que alterno y vivió una y mil anécdotas; que para reseñarlas en su totalidad sería necesaria la concreción de otras obras sobre sus irrepetibles e infinitas correrías por “la legua”; así como de su asidua concurrencia a los cafés Cantones y Tupinamba, de la Ciudad de México.
Es por consiguiente un gran acierto que su hija menor, Bernarda Zuli Muñoz Pozos, quien heredara la vena intelectual de Don Jesús y es periodista egresada de la Escuela Carlos Septién; se decidiera a compilar y publicar esta magnífica obra testimonial con el apoyo de la Editorial México Taurino; misma que salió a la luz pública en este año, cuenta con 160 páginas y contiene valiosas fotografías testimoniales.
Pero… ¿quién fue “El Ciego” Muñoz? nacido en Salamanca, Gto., Méx., en 1916, tuvo como ejemplo de vida a su hermano al afamado matador de toros José “El Negro” Muñoz, pareja y alternante del “Torero de México” Alberto Balderas y ambos fueron procreados por el exnovillero Francisco Muñoz (pareja taurina de Arcadio Ramírez “Revete Mexicano”) y la señora Francisca López. Otros de sus hermanos fueron: Miguel (revolucionario distinguido), Rufa, Ramona, María, Lucha y Cuquita.
De esta forma, es oportuno decir primero, que el matador José “El Negro” Muñoz, nacido en 1909, fue contemporáneo de los estetas David Liceaga, Edmundo “El Brujo” Zepeda, Ricardo Torres, Primitivo Leal, Rodolfo Rodríguez “El Rorro”, Manuel González “Pinocho” y Pedro Ortega “Pedrote”; razón por la que “El Ciego” Muñoz desde muy chico se vio inmerso en el impresionante mundo de los afectados por el “mal de montera” y se relacionó con figuras de la talla del ya mencionado Alberto Balderas.
No fue por tanto casual, que el afamado subalterno de esa época Francisco Gómez “El Zángano”, le descubriera y le ofreciera ser su apoderado y mentor, conjuntamente con su pareja en las etapas de becerrista y novillero, Carlos Vera “Cañitas”, con quienes hizo campaña por diversos estados de la República Mexicana, obteniendo triunfos significativos que lamentablemente no fructificaron en la toma de la ansiada borla como matador de toros.

Aun así, la vida de “El Ciego” Muñoz, siguió girando en torno a la fiesta brava como apoderado y maestro de nuevos prospectos, como la matadora de toros baja californiana Raquel Martínez, de entre otros distinguidos coletas; facetas que supo combinar con su pasión por el teatro, disciplina en la que llegó a participar en las carpas de ferias pueblerinas de Jesús Martínez “Palillo” y Leopoldo Guerrero “Chupamirto”, que también habían andado en el cuento de los toros.
Se da cuenta asimismo en este interesante libro, de las relaciones amorosas formales e informales de Muñoz López, desde la primera pareja que tuvo en Guadalajara, Jal., y le dio a su primera hija Élida Luz (con varios nietos); sus vivencias en la cueva de Monterrey con Carmen Quiroga, madre de su hijo Vicente; sus andanzas por la legua con la torera María Valencia “La Reverte”, mamá de sus hijos Rafael, Jesús, Gabriela y Patricia, esposa del picador Efrén “El Loco” Acosta, así como con la señora Avelina Pozos, progenitora de Marcela y Bernarda, coautora de este libro.
Y no podían faltar de referirse en la citada obra de “El Ciego” Muñoz, sus recuerdos con mujeres de la vida galante, que lo arroparon como a otros toreros y maletillas, cuando más necesitaban de un techo o de una jama caliente para saciar el hambre de días sin probar alimento; tales como Teresa (señora principal de un antro); Consuelo “La Cacalota”; la güera Belem y María Avilés “La Manguarichi”, de entre otras.
Por otra parte, se reseña en “Memorias de un ciego visionario”, el gran mérito del personaje principal de esta obra en su labor periodística, por haber creado la primera agencia de noticias taurinas en México, cuando ni si quiera se tenía el recurso del fax; por lo que Don Jesús, vía teléfono tomaba nota de la información que le pasaban los apoderados de toreros de todo el mundo y él a su vez la distribuía a los rotativos más reconocidos del orbe taurino, de ahí que cuando se encontraba con algún novillero o figura del toreo, inmediatamente le recordaba… “me debes una lu$ Matador… a mi… mi lu$ torero… venga mi lu$”.
Grandes amistades del mundo taurino y la farándula tuvo en consecuencia este ciego visionario, desde un Renato Leduc, (poeta, periodista y compositor); hasta un cómico apodado “El Burbujas” que después se haría famoso como “Cantinflas”, Don Mario Moreno Reyes; con las grandes figuras como Curro Romero, Paco Camino, Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Mariano Ramos y Rodolfo Rodríguez “El Pana”, quien siempre que lo saludaba le decía “viejo precioso”.
En tanto, su hermano José “El Negro” Muñoz, relacionado por diversos motivos con los poetas españoles del 27, fue conducto para que el “Ciego” conociera a Federico García Lorca, mediante el regalo que el poeta granadino le hiciera de de un ejemplar autografiado de su Romancero Gitano y para que recibiera y tratara en México a Rafael Alberti; de ahí que sus reconocidas aportaciones en el ámbito taurino y artístico, fueron referidas en las famosas obras de narrativa, “Mas cornadas da el hambre”, novela de Luis Spota, en la que se le menciona como “Pancho Camioneto” y “El Zopilote Mojado”, libro de cuentos escritos por Jorge López Antúnez.
Finalmente, cabe decir aquí que dadas las contribuciones del Maestro Jesús Muñoz López, para el desarrollo de la fiesta brava en nuestra nación, desde el 10 de septiembre de 1983, una plaza de toros en el poblado de Gran Morelos, Chihuahua, lleva en su honor el nombre de “Chucho Muñoz”. Si Usted, amable lector, es aficionado al arte taurino, debe de leer esta obra que se recomienda por sí sola.