Memorias de un porteño


Víctor Gil Castañeda

Onceava parte

Alumno de prestigiados centros dramáticos europeos. Discípulo de importantes directores teatrales, a nivel nacional e internacional, el maestro Sandoval inició sus clases en un viejo salón del IUBA, espacio desolado que a los pocos años se convertiría en el Foro Universitario Pablo Silva García, y que anteriormente había sido la instalación del taller mecánico de la Universidad Popular de Colima. Sandoval resquebrajó la inocente concepción teatral que un grupo de colimenses intentaba llevar a los escenarios con el montaje: La cueva de Salamanca, entremés de Miguel de Cervantes Saavedra.

Exagerados aspavientos, brinquitos incontrolados, caravanas absurdas y muchos desperfectos más, fueron corregidos por Sandoval, quien de paso aprovechó para criticar fuertemente a los “maestritos” locales que se la pasaban deformando alumnos y echando a perder material humano que después resultaba difícil de componer.

Suspendemos aquí lo referente a datos históricos precisos, pues ya vendrán los reporteros, periodistas y amigos para darnos la semblanza completa de esta Compañía. Nosotros nos dedicaremos únicamente a los conceptos teatrales que Sandoval dio a sus alumnos en los primeros años de clases. Son apuntes o registros que sacamos del baúl, semejantes a los que recibirán quienes actúan en los nuevos montajes de la Compañía, es decir, en las obras; “El pincel mágico” y “Hoy juegan Las Chivas”, que se presentan viernes, sábados y domingos. Dos textos de la actriz y dramaturga mexicana Vivian Blumenthal, ganadora, por parte del INBA, de un Premio Nacional de Teatro.

 

EL ACTOR EN ESCENA

Después de considerar al director como un pequeño tirano que impone un sentido armónico al montaje, acorde al texto, Sandoval afirma que el director tendrá que exigir lo máximo a un actor. De aquí se desprende la concepción que sobre el trabajo tenga el mismo actor. En este caso las opiniones son diversas, pues hay quienes apuntan que:

  1. a) El actor debe ser conducido por el director a través de un proceso sensible-intelectivo.
  2. b) El actor debe crear, arriba del foro, aquello que sea propio a su estructura. El director tendrá que dejarlo para que libremente haga su personaje, recreando la circunstancia propia.

De estos dos aspectos, Sandoval daba prioridad al primero, y afirmaba que un director carecía “de nociones teatrales cuando maneja con mayor importancia el segundo aspecto”.

En este renglón las disparidades o semejanzas serían notables. Tenemos el ejemplo del actor-director, Pudovkin, que en su libro titulado: El actor en el filma, firma que el objetivo fundamental del actor, tanto teatral como cinematográfico, es la creación de un personaje pleno y vital. El actor –agrega– debe encarnar al personaje en su significado más profundo, es decir, en su finalidad y en su ideología. Debe hacer, pues, suyos los problemas generales que contiene la obra.

El genial actor, director y empresario teatral ruso, Konstantin Stanislavsky afirma en su texto: El arte escénico, que si un actor ha de realizar lo que se espera de un verdadero artista, debe llevar una vida plena, interesante, hermosa, variada, excitante y exaltada. Debe poseer un horizonte infinitamente amplio, porque está destinado a presentar la vida del espíritu humano de todos los habitantes del mundo, presentes, pasados y futuros.

El ideal del trabajo creador en el actor –explica– ha sido y será siempre lo que es eterno en el arte, lo que nunca envejece ni muere, lo que siempre es joven y caro para los demás. El actor toma de la vida real o imaginaria todo lo que ésta puede dar al hombre, pero transforma todas las impresiones, las pasiones y las alegrías de la vida en el material de su labor creadora, partiendo de lo que es transitorio y personal: “crea todo un mundo de imágenes poéticas y de ideas que vivirán eternamente”.

Por su parte, el gran actor británico, Laurence Olivier, dejó una reflexión particular en su libro: Confesiones de un actor, donde plantea la duda respecto a la involuntaria capacidad infantil que tienen los actores para mentirse, y ser reales, en los diversos papeles que interpretan. A propósito del tema dijo:

“Todo lo que yo puedo decir es que estoy muy lejos de saber cuándo actúo y cuándo no, o para hablar con más franqueza, cuándo estoy mintiendo y cuándo no. ¿Qué es en definitiva, actuar sino mentir, y qué es una buena actuación sino mentir de forma convincente? ¿Qué es capaz de elevar esa forma de ser hasta hacernos creer que se trata de una vocación? Opino que nada puede aproximarnos más a ella que una de nuestras diversiones infantiles: el juego de “hacer que somos”.

Pero dejemos un lado las citas textuales y pasemos a los conceptos que Sandoval dio a sus alumnos.

El maestro Rafael dijo que el actor se componía de varios elementos vitales; los sentidos, el cuerpo, la sensibilidad y lo intelectivo, entre otros. Dichos elementos deben estar en constante relación y cambio para que un actor no se vicie y su actuación se mantenga en ritmo. Cuando esto no sucede y se prevé un estancamiento, será necesario darse un “baño turco” como dicen en Europa, es decir, volverse a formar.

Siguiendo sus ideas, Sandoval mencionó que un actor debe preocuparse por su autenticidad. En teatro debe ser auténtico. Cuando todo éste converge con la ética teatral, el actor puede ser capaz de transportar al público a través de una vivencia atípica. De aquí que sea necesario el talento en la persona, que nos permitirá convertir lo típico en atípico. Cosa de bastante importancia en la actuación.

Un elemento necesario para la preparación del actor es lo referente a la concentración. Para Sandoval, la concentración es fijar nuestros sentidos en un objetivo determinado. Sólo los locos no tienen capacidad de concentración. La concentración y la inteligencia van unidas. Algunas personas inteligentes no tienen capacidad de concentración y es así como se pierden increíbles oportunidades de aprendizaje.

Cotinuará…

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