Método infalible para trascender en la vida



A lo largo de mi trayectoria periodística he realizado entrevistas a todo tipo de personajes interesantes, desde políticos encumbrados, actrices de vodevil, cómicos, líderes religiosos, personas muy humildes y muchas otras más que rebosan soberbia.  Me he dado cuenta que puedo decir que conozco casi todas las variantes de la personalidad humana.

Recuerdo en este momento en particular la entrevista que realicé a un gurú moderno que viaja por el mundo con una maleta y dos cambios de ropa.
El sueño de la vida de muchas personas es, precisamente, viajar por el mundo, usando la potencia de la libertad y la voluntad que todos poseemos en teoría, pero que pocos ponen en práctica, limitados por las circunstancias materialistas que impone la subsistencia. Este gurú llamó mi atención precisamente porque su vida consistía en ir de un lugar a otro, con la ayuda de las amistades que lograba consolidar, para ser alimentado y cobijado.

Me contó un breve resumen de su vida que, no pude dejar de notar, es idéntica a la de Siddhartha Gautama. Me dijo que pasó una infancia feliz con sus padres y hermanos, en un hogar lleno de felicidad; pero conforme crecía se daba cuenta en su entorno de que había mucho dolor, sufrimiento y cosas tremendas que le afectaban y le dolían y fue ahí cuando se hizo la pregunta de cómo podría ayudar a la gente.

Posteriormente se dedicó a estudiar psicología y a vivir profesionalmente de esa rama del conocimiento durante 35 años, donde tuvo éxitos y logró formar un patrimonio. Pero el giro que toma su vida en- seguida es del tipo de cosas increíbles que nadie en su juicio cotidiano haría: abandonó su patrimonio, el producto
de años de esfuerzos, para consagrarse a la disciplina esotérica de la Gran Fraternidad Universal, una organización

A lo largo de mi trayectoria periodística he realizado entrevistas a todo tipo de personajes interesantes, desde políticos encumbrados, actrices de vodevil, cómicos, líderes religiosos, personas muy humildes y muchas otras más que rebosan soberbia. Me he dado cuenta que puedo decir que conozco casi todas las variantes de la
personalidad humana. Recuerdo en este momento en particular la entrevista que realicé a un gurú moderno que viaja por el mundo con una maleta y dos cambios de ropa.

El sueño de la vida de muchas personas es, precisamente, viajar por el mundo, usando la potencia de la libertad y la voluntad que todos poseemos en teoría, pero que pocos ponen en práctica, limitados por las circunstancias materialistas que impone la subsistencia. Este gurú llamó mi atención precisamente porque su vida consistía en ir de un lugar a otro, con la ayuda de las amistades que lograba consolidar, para ser alimentado y cobijado. Me contó un breve resumen de su vida que, no pude dejar de notar, es idéntica a la de Siddhartha Gautama.

Me dijo que pasó una infancia feliz con sus padres y hermanos, en un hogar lleno de felicidad; pero conforme crecía se daba cuenta en su entorno de que había mucho dolor, sufrimiento y cosas tremendas que le afectaban y le dolían y fue ahí cuando se hizo la pregunta de cómo podría ayudar a la gente. Posteriormente se dedicó a estudiar psicología y a vivir profesionalmente de esa rama del conocimiento durante 35 años, donde tuvo éxitos y logró formar un patrimonio.

Pero el giro que toma su vida en- seguida es del tipo de cosas increíbles que nadie en su juicio cotidiano haría: abandonó su patrimonio, el producto de años de esfuerzos, para consagrarse a la disciplina esotérica de la Gran Fraternidad Universal, una organización que se auto define como no gubernamental, de carácter mundial, apolítica, con el objetivo de reunir la ciencia, el arte y la filosofía para un perfeccionamiento intelectual y una reeducación espiritual de la raza humana.

Siendo acólito de esa organización, se consagró, pues, a difundir el objetivo de su misión: que las personas puedan desarrollar todas sus potencialidades en el campo de la personalidad o ego, como alma y como espíritu a través de algunas herramientas clásicas para el desarrollo, como son el yoga, la meditación, trabajos de cámara de iniciación, estudio de las enseñanzas de los sabios, la práctica del servicio al ámbito social y cultural. En resumen, lo que hace un gurú moderno: enseñar técnicas donde el aspecto humano está más allá o más acá de la academia y la comunidad verdaderamente científica, quienes exigen pruebas fi dedignas de todo procedimiento y la posibilidad de ser llevadas a cabo por cualquiera.

La entrevista tuvo como objetivo, además de dar a conocer a este personaje, dar el aviso público para poder contactar con este gurú moderno en la ciudad de Colima. No pude asistir a sus conferencias pero conozco algunos aspectos de su disciplina gracias a la lectura y la amistad y cercanía con personas que celebran los conocimientos de la mística, además de mis pláticas con sacerdotes que son también personas bien enteradas sobre las actividades y costumbres de las grandes
fraternidades y logias.

No me atrevo a entrar en contradicción con todos los detalles que manejan estos tipos de gurús. Al contrario, creo que la espiritualidad es uno de los sentidos humanos, el séptimo o el octavo, da igual, pero es uno de ellos. En lo personal soy católico. Me considero hombre de fe. Por ello no tengo conflictos para coincidir con el resumen y la base que me dio este gurú cuando le pregunté cuál es la base de su fórmula para trascender en la vida.
Este gurú moderno me dijo convencido que lo más importante que un ser humano puede realizar en la vida es su capacidad de ser, amar o servir a la vida, y que eso lleva al más pleno desarrollo. Me dijo que los momentos más plenos de la vida son los actos de amor por todo en cuanto existe.

Cuando estamos en amor es como si todo el mundo estuviera con nosotros. “Todo lo puedes comprender porque todo lo amas, la filosofía sería el amor; la palabra amor, su raíz amortis (sin muerte) vida hasta trascender la muerte, lo que somos trasciende el amor, indagar cómo se trasciende la muerte, para eso están las enseñanzas de los sabios”, me repitió.

Es correcto. Si algo he aprendido a lo largo de mi trayectoria periodística es que el amor es una entrega que garantiza la transcendencia. El amor a la información, a través de la pasión por una actividad entregada al servicio de la sociedad, es la base fundamental de esta empresa llamada El Noticiero y no tengo la menor pizca de duda que es también la base fundamental y el método infalible para trascender en la vida.