Mujeres por Manzanillo


Ma. Esther H. de Razo

¡Hola amiguitas!

Que de cosas, que de sustos, no sólo la chikunguya nos trae por la avenida de la amargura; el coloso de fuego que nos da identidad y sentido de propiedad, también nos pega sobresaltos de vez en cuando, mucho más cuando confabula con temblores y grandes cantidades de ceniza, así como de dos o tres ciclones que de tocar costa, no quiero imaginar cómo nos iría. Si todo esto ya nos hacía rendirnos, lejos estábamos que venía lo peor: se nos chispó el “Haudini Sinaloense”, que por arte de magia, se volatizó, se difuminó y lo que más duele fue que puso al descubierto a los incapaces y vulnerables, incluida la honorable dama, tía, madrina o quién sabe qué clase de parentesco mantenga con quien la posicionó, inocente, requirió de sólo dos minutos, para darse cuenta que efectivamente, al final de la brecha había un hueco por donde escapó el infame. Brillante descubrimiento.

Todo lo narrado aquí sería cómico y si acaso desalentador, al comprobar que ni los encargados de la seguridad son cuidadosos al informarnos de las de los mecanismos que manejan para garantizar la “alta seguridad”, efectivamente es eso y no la sarta de borucas que sólo ellos entendían y que para nada funcionaron. Esta fuga no fue por arte de magia, sino por culpa de majes, dicho esto con todo el respeto que nos merecen.

Segura estoy que fuimos las mujeres las que más lamentamos el fallecimiento de Joan Sebastian, su carisma y sus hermosas canciones vivirán por siempre, fue un ser privilegiado con una mente brillante y valor a toda prueba, viviendo el día a día en ese interminable sufrimiento que significó transcurrir por tantos años de angustia y dolor. Descanse en paz.

Difícil será que en el panorama musical actual, haya alguien de su talla que venga a ocupar su lugar; de las misma forma que ya no hubo ni hay otro Pedro Infante, u otro Jorge Negrete, fueron únicos e irrepetibles.