El ascenso de Elon Musk como aliado clave del presidente Donald Trump ha sido tan vertiginoso como los lanzamientos de SpaceX. Sin embargo, su influencia en la administración republicana parece estar llegando a su fin.
De acuerdo con una exclusiva del medio Politico, el mandatario estadounidense planea prescindir de Musk como consultor en las próximas semanas. Sin embargo, la Casa Blanca restó importancia a la noticia.
“Esta primicia no vale nada”, escribió la portavoz Karoline Leavitt en la red social X.
Según la funcionaria, Musk culminará su labor al frente de DOGE, la comisión encargada del recorte del gasto federal, pero sin una fecha clara de salida.
Desde el inicio de la presidencia de Trump en enero, Musk se convirtió en una pieza clave de su administración. Su contrato como consultor estaba previsto por 130 días, con vigencia hasta finales de mayo. Durante este tiempo:
Recortó drásticamente el gasto federal, impulsando despidos masivos.
Financió generosamente la campaña de Trump.
Se volvió omnipresente en la Casa Blanca, acompañando al presidente en viajes y eventos.
Promocionó Tesla en reuniones oficiales, aunque las ventas de la empresa se desplomaron en Europa.
A pesar de la cercanía con Trump, el desgaste político de Musk es evidente. Su implicación en las elecciones de Wisconsin—donde apoyó con fuertes donaciones a un candidato conservador—terminó en derrota. Este revés fue visto como una advertencia para los republicanos de cara a los comicios legislativos de 2026.
El propio Trump reconoció que el empresario tiene otros intereses:
“Creo que él es genial, pero también tiene una gran empresa que dirigir”, dijo el presidente.
Sin embargo, la oposición demócrata no ha desaprovechado la oportunidad de criticar su participación política. El senador Cory Booker dedicó un discurso de más de 25 horas en el Senado para denunciar la influencia de Musk en la política:
“Vivimos en un país donde los multimillonarios manipulan el sistema para enriquecerse aún más”, expresó Booker.
Por ahora, Musk parece retirarse del gobierno, pero su impacto en la política y la economía estadounidense seguirá generando polémica.
