Nuestros marinos mercantes, reconocidos por su valioso trabajo


No se olvida a grandes hombres de mar como los Capitanes Leoncio Ucha Mora y Fausto Suárez Estrella, entre muchos otros

La Marina Mercante Mexicana fue durante algunas décadas inexistente del todo. Sin embargo, desde hace algún tiempo ha empezado a resurgir. Tuvo otros tiempos mejores, su época de gloria, dorada. Muchos manzanillenses anduvieron embarcados en buques mercantes de bandera patria en décadas lejanas.

Otros también lo hicieron bajo pabellones de otras nacionalidades, y así recorrieron el mundo, conociendo lejanos y exóticos puertos, asombrando a los locales a su regreso, con el recuento de lo visto durante sus largos periplos. Algunos lograron una gran admiración, como Leoncio Ucha Mora, Fausto Suárez Estrella y Joel Montes Camarena por mencionar a solamente a tres de muchos.

En reconocimiento a todos estos hombres, se entregó en el 2008 un bello monumento a la ciudad de Manzanillo por parte del Gobierno del Estado, entonces encabezado por el tristemente fallecido, Lic. Silverio Cavazos, el H. Ayuntamiento, en esos tiempos presidido por Virgilio Mendoza, y la comunidad marítima portuaria, siendo Capitán de Puerto por el entonces, el Cap. de Altura Enrique Casarrubias González.

El monumento “Marino Mercante” que se encuentra ubicado en la Plaza de La Perlita es obra del reconocido escultor Rubén Hernández Guerrero, oriundo de Jalisco, quien realizó otras obras significativos para nuestro Manzanillo, como El Estibador, El Vigía, El Pescador y La Cazadora de Estrellas.

Está en un sitio estratégico, ya que frente a La Perlita estuvo la primera Aduana del Puerto, y la misma Perlita fue uno de los primeros terrenos que se limpió de maleza, cuando en el Siglo XIX se reubicó el puerto de Salagua a su ubicación actual, a pocos metros de la sede de los Pilotos de Puerto, y a otros tantos del muelle fiscal y el playón, que recibieron a los barcos mercantes antes de que existiera el Puerto Interior, construido posteriormente en lo que fuera la laguna de San Pedrito.

Esta escultura muestra a un capitán al timón de su navío -que es la imagen clásica que siempre se muestra de ellos, aunque se debe aclarar que esta tarea normalmente la hace el timonel, no el capitán.

Porta la indumentaria de un marino antiguo, con una chaqueta para protegerse del viento, con zapatos especiales para no resbalar sobre la cubierta en caso de estar mojada por mal tiempo, una gorra que le identifica aun más, y la barba cerrada, que entre los marinos era un privilegio de los capitanes llevarla, ya que demostraba que tenían rango y mando; ningún otro tripulante de una embarcación fuera del capitán, podía usar barba, a menos que sufrieran algún naufragio, que era un hecho que ya no se podía controlar.

En esta obra se reconoce a la labor de los hombres de mar en pro del desarrollo de los puertos mexicanos, y muy en especial, en el nuestro, que actualmente es el principal del Pacífico y del país, y uno de los principales de América Latina y el mundo, siempre en constante crecimiento.

Es de recordar el nombre del Capitán Pedro de Fuentes, español, quien en los primeros tiempos de la Colonia, el 24 de julio de 1527, tras recorrer la costa del hoy estado de Michoacán, dirigiendo el rumbo del bergantín “Espíritu Santo”, como parte de un grupo o armada de tres buques veleros comandados por Álvaro Saavedra Cerón, pasó por el litoral colimense y descubrió dentro de una hermosa bahía el puerto al que denominó Santiago de la Buena Esperanza, ya que llegó en la víspera en que se celebra a ese santo en el calendario, el 24 de julio.

También es preciso señalar al heroico Capitán Miguel López de Legazpi, quien junto al cosmógrafo Fray Andrés de Urdaneta, zarpó del Puerto de Navidad en un navío construido o armado en nuestras costas, para arribar por primera vez a las Filipinas, haciendo el primer viaje de ida y vuelta por esa ruta, siguiendo la corriente hoy conocida como de Kuro Shiva, y llamada entonces del Torna Viaje. La madera del barco era de Marabasco y fue armado en el antiguo Puerto de Salagua.

Escultura del marino mercante en La Perlita.

El 19 de febrero de 1825 arriba en la cañonera Mexicana el Capitán Narváez a la bahía de Manzanillo, recién habilitada para recibir embarcaciones, representando al gobierno federal, siendo recibido por el alcalde de Colima, Ignacio Ochoa, el regidor del Ayuntamiento de Colima, Plácido Díaz y el Comandante Principal, Anastasio Brizuela.

Éste constata que es propicia la solicitud para abrir oficialmente el nuevo Puerto de Manzanillo, y gracias a su informe positivo, el Gobierno General de la República Mexicana autoriza el 7 de octubre el traslado del antiguo Puerto de Salagua al nuevo de El Manzanillo. Poco después también el Congreso lo habilita para el comercio marítimo.

En 1960, el Capitán Fausto Suárez Estrella realiza el viaje inaugural a Europa en barco de línea con itinerario de la empresa Transportación Marítima Mexicana, en lo que es un hito de la navegación local moderna que es necesario señalar.

El 13 de marzo de 1972, siendo las doce del día, el fuego en los alrededores de la punta del Rompeolas y en torno al Mary Ellen Conway alcanzan su apogeo, cuando el Capitán Leoncio Ucha Mora, apoyado por marinos profesionales y voluntarios toma el remolcador Escorpión, llegándose hasta el barco en llamas y amarrándolo, para empezar a remolcarlo.

Siendo las 12 horas con 45 minutos, el remolcador Escorpión lleva al Mary Ellen Conway hasta el centro de la bahía, sitio en el que lo rápidamente abandona al garete, punto donde continúa ardiendo frente a la colonia El Pacífico, y ya hacia la tarde siendo lanzado por los vientos con rumbo al área de Playa Azul.

Siendo la una y media de la tarde arriba a la playa de La Perlita el remolcador Escorpión, severamente dañado por las llamas que le alcanzaron en sus audaces maniobras, siendo recibidos tanto el Capitán Ucha Mora, como los marinos y voluntarios que lo acompañaron como auténticos héroes por la agradecida población porteña.

El barco consumido por el fuego quedó a la deriva entre Las Brisas y Playa Azul, donde no causó daño alguno a los manzanillenses y finalmente se apagó. El Escorpión, que quedó averiado por el fuego que le alcanzó, fue llevado a descansar en el área de La Playita de En Medio, más o menos en el punto donde hoy se encuentra el Mercado de Pescadores.

Ahí permaneció por muchos años como un mudo recuerdo de la hazaña que sucedió al mando del Capitán Leoncio Ucha Mora y sus acompañantes voluntarios, hasta que finalmente, el tiempo inexorable hizo su trabajo y el remolcador sucumbió y se hundió el mar.

Un reconocimiento a todos los grandes marinos mercantes, que hacen una labor muy importante en los mares de nuestro México y del mundo, y muy en especial, a los manzanillenses.